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El minino aspirante a feroz.

Cuando se hizo de nuevo la luz lo primero que vio fue unos enormes ojos verdes de felino que la observaban con curiosidad y todavía no sabía si con interés también. Se asustó y comenzó a revolotear dentro del frasco remolineando hasta quedar exhausta otra vez. Cuando volvió a mirar, allí seguía la penetrante mirada, pero esta vez el gato se relamía.

Hola, ¿Cómo te llamas? —intentaba averiguar si era amistoso.

No lo sé, pero todos me llaman Minino.

Tienes unos ojos muy bonitos.

Herencia de mis pasados salvajes…

Yo me llamo Violeta, soy una mariposa viajera. Quiero ver mundo…

Pues aquí dentro poco vas a poder ver…

Eres muy gracioso, ¿Como te sentaría si te dijera que tu mirada es bella y profunda como la de un tigre, pero en cambio le sobra el orgullo porque eres ridículamente pequeño?

El gato arañó el frasco haciéndolo tambalear en un vano intento por alcanzarla. Lo que sí consiguió es inquietar a Violeta.

Tranquilo, podemos ser amigos.

No lo creo.

¿Qué pretendes hacer conmigo?

Tengo curiosidad …Nunca he probado una mariposa. ¿A qué sabes?

¡A rayos! Soy venenosa.

El felino domesticado se quedó un tanto perplejo ante el lenguaraz insecto, tan delicado como insolente. Comenzó a pasear altivamente alderredor del bote, observando desde todos los ángulos a Violeta, como cuando un lobo tiene acorralado a su presa y busca el momento exacto para atacar. Pero el minino sabía que mientras ella estuviera allí dentro sería difícil capturarla. Violeta en ese momento agradeció estar allí encerrada: su cautiverio era, paradójimente, su salvación.

¡Deja de dar vueltas que me mareas!

Te crees muy lista…Ya verás cuando descubras tu final —sonrió con la hermosa malicia que solo un gato sabe hacer.

Te refieres a ese simio pálido que me ha metido aquí dentro.

No es un mono ni un gorila, es algo mucho peor: un humano.

Si he de acabar engullida me da igual que lo haga un primate descolorido o un orgulloso gato esmirriado.

¿No te das cuenta todavía?

¿De qué me hablas?

El humano no te quiere como comida. ¡Mira!

Lo que vio Violeta la dejó sin habla y sin respiración. El cuerpo entero se le agarrotó. Las alas parecieron encogerse y si uno se fijaba bien hasta parecía que el color de ellas palidecía. Ante su ojos tenía una especie de cuadro enmarcado con decenas de ejemplares de mariposas. Presidía toda la sala, las había de todos los tamaños y colores y todas estaban ensartadas y clavadas sobre un fondo que pretendía simular el cielo azul de la selva de donde habían sido arrebatas.

Cuando se le pasó el pasmo volvió a pasear la mirada por aquel espeluznante espectáculo esta vez con mucho más detenimiento. No podía entender como en el reino animal podía haber alguna especie que se dedicara a coleccionar a otras más débiles y exponerlas de esa forma tan cruel. Entendía que, como parte de una cadena y de un ciclo vital, una animal le quitara la vida a otro para alimentarse, pero no que lo hiciera para coleccionarlo. Allí estaban en todo su esplendor, aunque sin vida, los ejemplares de lepidópteros más singulares del universo. Ni siquiera ella conocía los miles de parientes y variedades distintas que existían. De repente observó que en una de la filas había un espació vacío. Una palabra huérfana a modo de pedestal esperaba desde hace años que el coleccionista de mariposas clavase allí la que le faltaba para completar el muestrario. Aunque no sabía leer, nadie le tuvo que decir lo que ponía allí. Se lo confirmó la mirada aviesa y la sonrisa de oreja a oreja que el minino le regalaba como colofón a lo que consideraba su venganza. Violeta no pudo seguir mirando aquel martirio colectivo y al volverse allí seguía el gato regocijándose sin ninguna misericordia.

Lo has adivinado. Allí pone: Violeta. Ese espacio está reservado para ti.

Violeta no estaba dispuesta a rendirse. No había llegado hasta allí para acabar en un mural colgada para deleite de esa especie tan perversa. Tenía que pensar una estrategia para salir de allí.

Oye, «misufú» , o como diablos te llames… No pongas esa cara, sí, me estoy refiriendo a ti , títere peludo.

¡Cómo te atreves!

¡Qué! ¿A que nadie te ha dicho nunca esa verdades? Claro , aquí dentro lamiéndole el culo a tu amo desteñido…

Al gato se le comenzó a erizar el pelo, las garras amenazantes aparecieron de sus pezuñas y comenzó el ritual de miradas y gestos con los que se preparaba para el ataque. Ya no sonreía. Violeta aumentó la presión y tensó todavía más la cuerda.

¡Bonita rata asilvestrada estás hecho! No sirves para nada, solo para pasear como un rey sin corona. No tienes nada de la gallardía de un felino libre…

Esa comparación con el infecto roedor fue la gota que colmó el vaso. Intentó desgarrar sin éxito el cristal, al ver que eso era misión imposible empezó a golpearlo haciendo que el frasco se balancease. Con el centro de gravedad en retirada este se precipitó al suelo haciéndose añicos.

En eso momento Violeta aprovechó para escapar. Le había salido bien la jugada. El minino , aturdido por lo sucedido, no sabía como recuperar la compostura. Su cuerpo seguía tenso y preparado para la acción, pero su mente ya estaba derrotada.

Tengo que marcharme. Ya te he dicho que era una mariposa viajera.

Algún día te encontraré y entonces…

Primero tendrás que enfrentarte a ese bárbaro que tienes por amo porque creo que no le gustará lo que has hecho.

Violeta salió por la ventana. Dejó atrás a sus congéneres disecadas con mucho dolor, pero nada podía hacer ya por ellas. El día era soleado. Unas nubes estacionadas por la falta de viento parecía que la invitaban a posarse sobre ellas. Volvía a ser libre. Lo que contemplaba era desconocido para ella: enormes y horrorosas montañas cuadradas con incrustaciones de aquel tipo de roca transparente como el lugar donde había estado encerrada. Abajo lo que veía era una especie de caravana de hormigas muy extrañas que se movían con rapidez. Aquel lugar era curioso y diferente, pero pensó que formaba parte también de lo que tenía que ver.

Volaba deprisa, pletórica y feliz cuando de repente todo se paró. Se hizo de noche de nuevo, pero esta vez para siempre. Murió sin aviso previo. Había llegado al final de sus días como le correspondía a su especie. Aunque efímera había vivido intensamente, sin desfallecer, inconformista y luchando por sus sueños hasta el último instante.

FIN

Meco

Inquieto e inconformista de pensamiento. De vida tranquila y convencional. Sobrevivo a esa supuesta contradicción gracias a la ironía y al humor. No soy escritor; pero me gusta escribir. Lo intento encadenando palabras con sentido para describir aquello que todavía me conmueve. Buscador incansable...sigo sin poder contestar a la pregunta que me hacían de pequeño: "¿Y tú, de mayor qué quieres ser?".

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