5.00 Promedio (99% Puntuación) - 1 voto

EL JUEGO
Desde aquí, sentada en esta silla junto a la ventana, lo que sucede ahí fuera es como estar viendo una película en la gran pantalla. Los coches van de un lado para otro, la gente no para en su incesante deambular mientras un anciano da de comer a unas palomas que acuden a su vera cuando esparce unas migas de pan. En el parque que hay junto a la plaza, a esta hora hay muchos niños acompañados de sus padres. Todos juegan, mientras sus progenitores charlan acerca de lo acontecido en el día, o de las vivencias que han tenido con sus hijos durante la mañana. Unos corren tras un cachorro que no se deja acariciar, otros se columpian, los mayores juegan a la pelota intentando emular a sus ídolos. Los más pequeños, deambulan intentando mantener el equilibrio mientras imitan a los mayores. Todos con esa gran capacidad de compartir, de divertirse sin más, sin otro afán que el de pasar un buen rato. De vez en cuando un pequeño enfado porque a alguno de ellos no le prestan la pelota, o porque no lo dejan columpiar pero son rabietas tan pasajeras como una tormenta de verano, tras la cual vuelve a lucir el sol. Observo y me doy cuenta que la vida es como un juego, en el que cada uno de nosotros somos parte de él. Un gran juego en el que podemos experimentar, jugamos a amarnos aún a sabiendas de que nos puede salir mal, siempre tenemos la esperanza de que sea al contrario. Jugamos a la guerra, nos matamos unos a otros defendiendo ideales políticos o una creencia religiosa que defendemos hasta con nuestras vidas. Jugamos a ser los héroes y los villanos, nos ponemos en la piel de unos y de otros. Nos metemos tanto en el juego que lo creemos real, una realidad que nos absorbe, en la que dejamos de ser nosotros para convertirnos en el personaje del juego al que estamos jugando. Inmersos en ese roll, nos olvidamos de quienes somos realmente, tanto que recorremos otros caminos que no nos corresponden pero que nuestra identificación con el personaje, nos impide diferenciar. De pronto todo es una gran obra de teatro, títeres que nos dejamos manejar, cuyos hijos están perfectamente dirigidos. Ilusos que nos creemos dueños del mundo, un mundo que no es real, que no es otra cosa que un sueño inventado del que a veces comenzamos a despertar, cuando, por alguna razón, uno de esos hilos que nos sujetaban se rompe.

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

Últimos post porBegoña de la Rosa (Ver todos)

Deja un comentario