Querida mamá:

Al pensar en un ser querido, me viene a la mente tu nombre. Ese precioso nombre que compartimos. En alguna ocasión me habría gustado que nos llamáramos de forma diferente para que fueras la heroína de cada uno de mis relatos. Pero el resto de veces, me he sentido muy feliz de tener el mismo nombre.

Hoy me apetecía escribirte. Estoy algo triste y hablar contigo siempre me reconforta, porque ayuda a mi corazón a sacar todo lo que lleva dentro. Una vez que se queda limpio de tristeza puede volver a sonreír. Normalmente hablamos en silencio. Yo miro al cielo y al instante siento ese abrazo maternal. Noto que no estoy sola y que tú estás conmigo.

¿Qué me hace estar triste? Ya lo sabes, mamá y tú mejor que nadie. El día a día hay veces que se me atraganta un poco. La ausencia de rutina es lo que peor llevo. Me gustaría poder tener dos días iguales, saber qué va a pasar y moverme por inercia. Pero pocas veces es así. Cuando no es el trabajo, es un pequeño que está rebelde, o una persona cercana con ganas de complicarme la vida, un problema de salud o…. tantas cosas.

¿Pero sabes lo mejor? Que nunca me rindo. Y créeme que lo he intentado alguna vez. Pero no sé hacerlo. Lloro, grito, pataleo. Y sigo adelante. Tal y como tú me enseñaste. Aprendí desde muy pequeña, que la vida es esto, una lucha constante. Y que mientras tenga un camino por delante, debo seguirlo.

Afortunadamente, no estoy sóla. Cuento contigo, con tu luz y fuerza. También tengo personas que me tienden su mano incluso sin saberlo. Y por supuesto, cuento con el apoyo incondicional de tus nietos. Dos personitas por las que sería capaz de cualquier cosa y que me apoyan siempre.

¡Vaya! Te iba a escribir una carta y al final he acabado hablando de mí. Tal vez sea porque si yo soy así es gracias a tí. De echo, si yo soy, es porque viví casi 10 meses en tu interior. Y no puedo estar más contenta y orgullosa de que así sea.

Gracias, mamá. Primero por darme la vida, segundo por toda la fuerza que me prestas cada día, tercero porque siempre estás ahí, aquí, en mi corazón. Sé que algún día, al final de ese camino del que hablaba antes, nos encontraremos. Y será un día amargo y dulce. Amargo porque dejaré atrás a muchas personas y dulce porque estaremos juntas para siempre.

Te quiero, mamá.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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