Una lágrima resbala lentamente por la mejilla de Laura. No se puede creer lo que ve. Ismael está medio borracho en mitad de la pista de baile besando a una chica que no es su novia. Se lo está pasando muy bien, disfrutando de la noche del sábado sin saber que su mejor amiga le observa desde la barra.

Cabizbaja y con lágrimas en los ojos, sale del bar. No puede creer lo que ha visto. Le conoce desde que iban juntos a la guardería. Siempre había sido un chico responsable, simpático, leal… La imagen que tenía de él se ha roto en mil pedazos cual cristal.

Clara lee la palabra decepción en la mirada de su hija cuando ésta entra por la puerta. Sin decir nada, se levanta del sofá y la abraza. Laura responde a su abrazo con más lágrimas. Pasados unos minutos, el cuerpo de la joven ya no tiembla. Se lava la cara y se sienta con la mujer que le ha preparado su te favorito.

—Mamá, hoy he visto a Ismael como nunca. Estaba borracho, bailando con todas y con una rubia entre sus brazos. No es la persona que conozco. Él adora a su novia. No sería capaz de hacerle ningún daño. De hecho, hace un par de horas estaba en su casa diciéndole que se pusiera buena pronto, que tenía ganas de verla sonreír.

—Laura, tu amigo ya no es un niño. Es un hombre. Y no es que eso sea malo, pero hay veces que se dejan llevar por las hormonas y dejan los sentimientos a un lado. Pero eso les pasa a ellos y a nosotras. Todos cometemos errores y seguro que se arrepentirá de lo que ha hecho cuando se le pase la resaca.

—Supongo que tienes razón… como siempre —Se deja ver un hilo de amargura en sus palabras. —Me voy a la cama. Buenas noches.

—Que descanses.

“Es un hombre”. Las palabras retumban en su cabeza. Nunca le había visto así. Para ella era como su hermano. Le costaba admitir que hacía muchos años que ya no jugaban juntos al escondite. Desde que pasaron del Instituto a la universidad sus caminos se habían separado pero seguían viéndose.

La decepción inicial da paso a la tristeza. Tristeza porque se siente lejos de su amigo, tristeza porque no quiere que crezca y se convierta en una mala persona que le pone los cuernos a la novia, tristeza porque ya no volverán a jugar juntos a la pelota. La tristeza se desvanece a tiempo que la nostalgia hace acto de presencia. Recuerda las confidencias que se contaban cuando compartían pupitre y los abrazos reconfortantes. Recuerda las travesuras en clase de educación física. Y con el recuerdo de aquél primer beso en el vestuario de chicos se abre la puerta al mundo de los sueños.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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