Un cuerpo flota río abajo. Le sigue la cabeza. Una pareja mira la escena desde la orilla. Javier y María han ido a pasar el día a un río cercano a su ciudad aprovechando las altas temperaturas. La escena les deja petrificados, sin saber reaccionar.

Un grito desgarrador rompe el silencio ensordecedor del lugar. Tras él, unos disparos. De nuevo, el silencio se apodera del lugar.

—Deberíamos irnos —Acierta a decir Javier.

María le mira, incapaz de articular palabra. En sus ojos hay una mezcla de terror y tristeza. Ambos sentimientos luchan por ser los dominantes.

Un hilo de sangre es todo lo que queda después de que haya bajado río abajo el cuerpo.

—¡No papá! ¡No le mates! —Los gritos lejanos de una niña hacen estremecer a la pareja.

—Vámonos —El hombre se levanta decidido y coge la mano de su amada.

Ella se deja llevar. Reviviendo una y otra vez la escena que acaba de pasar ante sus ojos. Incapaz de articular palabra. Andan por el sendero que les lleva hasta una pequeña explanada donde aparcaron horas antes. Se meten en el coche y él arranca. El vehículo no se mueve.

—No, por favor, ahora no. Venga, bonito, te cambiaré la batería en cuanto lleguemos a casa.

Un segundo intento. Parece que sí, pero no. El sudor frío de la frente de Javier contrasta con la piel seca y pálida de la joven que está a su lado.

—Boby. Han matado a Boby. Nuestro perro. Hace media hora estaba chapoteando en el río y ahora tiene la cabeza separada del cuerpo.

—Tranquila, cariño. Vamos ahora mismo a comisaría y denunciamos lo que hemos visto. Seguro que atrapan al culpable.

El coche va a toda velocidad hacia el pueblo. Recuerda haber visto un cuartel de la guardia civil de camino al río.

—Boby. Han matado a boby… —María permanece con la mirada perdida repitiendo una y otra vez las mismas frases.

Una ambulancia pasa a toda velocidad en dirección contraria. Por un instante, se siente tentado de seguirla. Pero prefiere no hacerlo. Sólo quiere llegar a casa para estar a salvo del salvaje que ha matado a su perro. Mañana será otro día y hará la denuncia correspondiente.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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Comments

  1. Un relato interesante que suele verse a orillas del río, entre las personas que frecuentan esos lugares. La violencia no tiene espacios preferidos y vive donde le dan cabida. Tienes talento pues mantienes la atención del lector hasta el final del texto. Bendiciones y abrazo de sol

     

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