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Roberto y Alicia se montan en el coche. Es domingo y hace unas pocas horas que el sol se ha despertado. Van de camino a la gasolinera donde han quedado con otras dos parejas de amigos. Hace semanas que llevan planeando la salida y el sueño le echa un pulso a la ilusión.

Luis y Luisa ya están en la gasolinera cuando la primera pareja llega. Se saludan y hablan del tiempo que dan para ese día. Parece que va a hacer bueno, aunque hará fresco, tal y como corresponde al mes de enero.

Un cuarto de hora más tarde, llega Arancha. Se disculpa por el retraso y les dice que su marido David no va a poder ir porque ha pasado mala noche y no ha consentido que ella se quedara a cuidarle.

A las once de la mañana comienza el ascenso. Van a subir a uno de los picos más bajos de la zona. Comerán allí y descenderán. La idea es llegar a casa poco antes del anochecer.

Empieza la marcha despacio. Las chicas, amigas desde la infancia por un lado y los chicos por el otro. Foto aquí, foto allá. Todos están felices de poder pasar un día en buena compañía y lejos del trabajo y el estrés de la gran ciudad.

A la hora prevista y con el cansancio previsto, llegan a la cima. Se hace el silencio. Todos respiran ese aire puro y frío. Distinguen el aroma de alguna flor valiente y el sonido de un río lejano rompe el silencio.

Los móviles se llenan de fotos para inmortalizar ese momento. Roberto y Alicia por un lado, Luis y Luisa por el otro. Y le toca el turno a Arancha, que se coloca al borde de un precipicio. Da un paso hacia atrás y justo cuando se agacha pierde el equilibrio y cae de espaldas. El móvil de Luisa capta justo el instante en el que desaparece de la pantalla.

Horrorizados los cuatro corren hacia el lugar donde estaba su amiga. Varios metros más abajo está el cuerpo sin vida de la joven. La cabeza permanece apoyada sobre una piedra en una posición incompatible con la vida.

Las horas restantes se hacen eternas. Un helicóptero llega a la zona para recoger el cuerpo. La mínima esperanza de que no estuviera muerta desaparece cuando el guardia civil niega con la cabeza y le cierra los ojos.

—Voy a llamar a David. —Luis se aleja un poco del grupo.

—Ya está. He cumplido mi parte del trato. Aunque me lo ha puesto fácil, se ha caído ella solita. Mi mujer ha hecho una foto del momento en el que se mataba. Ahora te toca a ti cumplir tu parte del trato. Hazlo antes de verano, quiero tener unas vacaciones tranquilas sin tenerme que llevar a la zorra de mi suegra.

—Cuenta con ello, amigo. Gracias. Adiós.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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