Noto su respiración agitada detrás de mí. A pesar de haberle oído jadear en otras ocasiones, nunca había sido de esa manera. Noto humedad en esa zona tan íntima. Estoy sudorosa, las piernas empiezan a dolerme por el esfuerzo. Sé que Federico también tiene la frente bañada de sudor. Aún nos queda un rato para llegar al final.

—Cariño, ¿Quieres que bajemos el ritmo?

—Por mi no, si tú estás bien, sigue. —Acierta a decirme con voz entrecortada.

Tras unos minutos siento que el final está cerca. Se lo digo y le pido que me de la mano. Juntos llegamos a la cima. Uno al lado del otro, vemos como un bonito paisaje está bajo nuestros pies. Ha sido una ruta de difícil ascenso, pero ha merecido la pena.

—Esto tenemos que repetirlo esta noche, pero con menos ropa.

—¿Cómo? ¿Subir otra vez a la montaña?

Le miro con una sonrisa de oreja a oreja. No sabe lo mucho que me ha excitado oírle jadear. Le doy un beso y comemos unos deliciosos bocadillos para reponer fuerzas.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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