Laura se tira en el sofá. Está agotada física y mentalmente. No puede más. Siente que la vida le queda grande, a cada paso que da, más se hunde. Es como andar sobre arenas movedizas. Cuando está quieta, siempre hay algo o alguien que le hunde un poco más en ese barro imaginario. Sabe que tiene que luchar para salir adelante, pero le cuesta un montón. Le cuesta sonreír. Le cuesta levantarse de la cama. Le cuesta llevarse un trozo de comida a la boca.

Así que se rinde. Tal cual. Se niega a hacer el más mínimo esfuerzo. Porque total… ¿Para qué?. Sabe que cuando salga un poco va a volver a recaer. Sólo recuerda unos pocos años en toda su vida en los que fue feliz y apenas tuvo problemas. El resto de su vida siempre ha sido igual. Lucha, lucha y más lucha. Y está cansada de luchar. Así que ha decidido no levantarse del sofá, tirar la toalla y dejar que ondee la bandera blanca.

Pasan las horas y a cada rato está más convencida de que ha tomado la decisión correcta. Mira al techo fijamente. Tal vez si le diera un toque de color quedaría más bonito. No, nada de eso. No tiene ni tiempo ni ganas de comprar pintura y mucho menos de ponerse a pintar. Se gira en el sofá. Mira el cuadro que tiene apoyado en la pared desde hace varios meses. ¿Colgarlo ahora? No, ni de broma. Se ha cansado de luchar y se ha rendido y eso también incluye al precioso cuadro de flores que compró muy barato un día que fue al rastro.

La llamada de la naturaleza le obliga a ir al baño. De camino deja las deportivas en la habitación y se pone las zapatillas de andar por casa. Antes de sentarse en la taza, limpia el lavabo las manchas de la pintura de dedos de su hijo. Coge la toalla para secarse y decide llevarla a la lavadora. De camino entra en la habitación del pequeño y recoge un chándal y un par de calcetines que hay en el suelo junto con las sábanas. Cuando se ha sentado en la taza ya tiene puesta una lavadora.

Sale del baño subiéndose la ropa interior para atender la llamada de su mejor amiga que le dice que va de camino a su casa con un par de cervezas. No le da tiempo de decirle que no, que no vaya porque no tiene ganas de ver a nadie porque su amiga cuelga. Resignada abre el cajón donde guarda el taladro que le dejó hace unos meses y ve la escarpia que compró para poner el cuadro.

Un nuevo día amanece. Recuerda la noche anterior. Confidencias y risas casi hasta el amanecer. Con gran esfuerzo se levanta de la cama y ve el cuadro perfectamente colgado y la luz de la lavadora le indica que hace horas acabó el programa y que la ropa está lista para ser tendida. Va hacia el salón cargada con la ropa y unos pañuelos usados le recuerdan que hace tan sólo unas horas decidió rendirse, pero su fortaleza le impidió hacerlo.

Photo by Lucas Lucas

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Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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