¡Qué no me pegues! ¿Te quieres estar quieto? Mira doctor, o te paras o se lo digo a mi mamá. ¡Ay! Esa ha dolido más que las anteriores. ¡Mamaaa! “Tiene buenos pulmones”, dice una voz femenina. “Déjaselo a la madre”. Gracias, enfermera. Muy amable por su parte. Mamá, querida mamá. Si tú supieras todo lo que me han hecho. Me han pegado hasta hacerme llorar. Pillaré a ese grandullón cuando sea más alto que él y se enterará. Qué mano más suave tienes. Y que voz más dulce. Espera, que abro los ojos y así te veo. Que sí, que ya dejo de llorar.

Pero… ¿Y ahora qué pasa? ¿Dónde me llevan? Otra vez el señor de la bata verde. ¡Buaaaa! No quiero ir contigo. Bueno, vale, con la enfermera sí. Señorita, disculpe pero este sitio es incómodo. Es duro. ¡Ay! ¿Qué es eso que me mete en la nariz? Casi me ahoga. ¡Qué me tiras! “Esto se les hace para ver los reflejos que tienen nada más nacer. Les levantamos la espalda un poco y soltamos. De esta manera si estiran los brazos es que tienen reflejos. Se llama reflejo de moro” la enfermera se lo explica a un chico joven. Sí, ya sé que tengo buen color, buenos pulmones y que estoy sano. ¿Puedo ir con mi mamá ya? Veo que no, porque ahora me ponéis en una cuna. Oye, aquí se está mejor. Es más blandita. Me gusta el gorro que me han puesto, me favorece el color azul. Lo único es que el pañal me aprieta un poco. ¡Ay! Enfermera, eso ha dolido. Y me da igual que se llame vacuna.

Vamos de paseoooo. Pi pi pi. En mi cuna nueeeva. Pi pi pi. Pero no me impoooorta. Pi pi pi. Porque la enfermera que me lleva está bueeena. Pi pi pi.

Mi aventura sigue en lo que llaman sala de nidos. Aquí estoy compartiendo espacio con más bebés como yo. Hay algunos que tienen el gorro rosa, así que imagino que serán chicas. En la muñeca me han puesto una pulsera donde pone el nombre de mi madre y el número de la habitación. Se llama Rosa. Hasta el nombre lo tiene bonito. He oído que dentro de unas horas me llevarán con ella. ¡Qué contento estoy! Deseo acurrucarme en su pecho y que me dé de comer. Esto se mueve.

Vamos de paseeeeo. Pi pi pi. Pooor un pasilloooo. Pi pi pi. Ya estamos llegaaaando. Pi pi pi. Rosa me espeeraaa. Sí sí sí.

¡Mamá! Cuánto te he echado de menos. Si supieras todo lo que me han hecho. Un pinchazo por aquí, un tubo por la nariz, otro por la garganta, no sé qué de un moro. Vale, ya me callo. Cuando acabe de comer te sigo contando.

En el coche de papá, nos iremos a casa ya… ¡Por fín salimos del hospital! Aunque yo lo llamaría “sitio donde torturan a los pobres recién nacidos como yo”. Ya tengo tres días. Y dicen los médicos que estoy sano y con buen peso. He oído algo de una revisión por el pediatra del ambulatorio dentro de quince días. Eso suena a que me van a marear otra vez, pero bueno. Lo importante es que estoy con mi mamá y mi papá y soy el bebé de tres días más feliz del mundo.

¡Mamaaaa tengo hambre! “Deja que llore un poco, eso es bueno para sus pulmones” Abuela, no le digas eso, que te va a hacer caso. Ya estoy instalado en mi nueva cuna. Es muy cómoda y las sábanas tienen dibujos de ositos azules. Me han puesto un juguete que da vueltas y que lo veo cuando abro los ojos. De él cuelgan unos pequeños peluches y tiene música. Por mucho que intento cogerlos, no hay manera. ¡Mamá! Sigo teniendo hambre. Ya viene, ya viene. ¡Qué guapa es! “Venga, pequeño protestón, deja de llorar”. Ñam ñam. Qué leche más rica. Lo mejor de todo es cuando estamos sólos y me acaricia mientras como. Yo la miro con disimulo y sonrío. Estamos enamorados. Nos vamos a querer toda la vida. Porque mi mamá es una mujer encatadddoora zzz.

¡Ah! No. Esto sí que no. ¡Por aquí no paso! Ya tengo cuatro meses y estoy en un lugar que llaman guardería. Llevo dos horas llorando y como no vengan pronto a por mí, se van a enterar. No veo a nadie conocido. Ni a papá, ni a mamá, ni rastro de los abuelos. Todas las chicas van vestidas con la misma bata.

Por la mañana me han despertado y cuando he conseguido despejarme aquí estaba. En una habitación con bebés llorones. Sí, lo reconozco, yo el primero. Y pienso seguir haciéndolo hasta que… ¡Mamá! Por fin vienes. No te imaginas lo sólo que estaba sin tí. Bueno, supongo que a esto le llaman hacerse mayor. Todos crecemos y ahora esta es la nueva etapa que me toca vivir. La aprovecharé para crecer y hacerme grande y cuando lo sea le pegaré en el culo al doctor. Fue la primera cara que vi y no se me olvida.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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