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Querido diario:

Hoy mi día ha sido normal y corriente. Trabajar, tomar una cerveza con Alberto y mientras la lavadora trabaja, hacer la cena. Un sándwich con todo. Y cuando digo con todo, es con todo. Tomate, lechuga, huevo cocido, mayonesa, jamón de york, de pavo y serrano, queso con forma de triángulo y de sábana, pepinillos, hasta media cebolleta roja y un filete de pollo que tenía por la nevera. Me siento en la silla alta de la cocina, abro la boca como si fuera a competir con el león de la Metro y justo en ese momento, llaman por teléfono. Le he dado un gran mordisco al aire. ¿A que no sabes quién era? ¡Premio! Mi amiga Elena.

Diario, de verdad, esta mujer no madurará en la vida. Me ha ha contado que ha visto un reportaje sobre los amantes de Teruel y que cada día está más convencida de que el amor para toda la vida existe. Y lo dice ella, hija de padres divorciados . Siempre me pone de ejemplo a los míos. Y yo le digo que ahora no es como antes. La gente se casaba para toda la vida y lo que se buscaba era encontrar una persona con la que compartir buenos y malos momentos. Ahora sólo queremos lo bueno y le damos la espalda a lo malo. Me hace gracia porque se enfada cuando le digo cosas así. Pienso que ha nacido en la época equivocada, o tal vez tendría que haber sido un dibujo animado. Una princesa, para ser más exactos.

Cuando se cansó de intentar convencerme de algo que es pura fantasía, colgamos y pude darle un mordisco a mi gran sándwich. Amor para toda la vida… qué ingenua. De un tiempo a esta parte, todo tiene fecha de caducidad. ¡Hasta los huevos de gallina vienen marcados con el “consumir preferentemente”! Una persona que te mire todos los días como si fuera el primero. Alguien con quien te complementes al 100%. Una persona, que al igual que tú, crea en el amor para toda la vida. No, diario, eso ya no existe. Nos hicieron pensar que sí pero la realidad golpeó nuestros corazones. Ojalá algún día mi querida amiga se de cuenta y acepte que si la vida no es para siempre, un sentimiento tampoco.

Bueno, me voy a la cama. Espero que la manzanilla haga efecto, no debí mezclar tantos ingredientes.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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