Diana apaga el despertador. A pesar de ser domingo, ha sonado antes del amanecer. Cuando consigue que sus dos ojos estén abiertos, salta de la cama a tiempo que una sonrisa aparece por arte de magia en sus labios. Se siente feliz. Con la vejiga vaciada y sin legañas, va al salón para meter en una pequeña mochila las cosas que va a necesitar. Alguna galleta, cargador para el móvil, llaves, dinero, dni… un par de cosas más y sale de casa dando saltitos. El señor paraguas mira como cierra la puerta. Se acordará de él, pero eso ella ahora no lo sabe porque la ilusión le nubla la vista.

Le gusta pasear por la ciudad cuando la mayoría de la gente duerme. Caminar hacia la estación le da la oportunidad de ello. Observa cada persiana cerrada, cada local con las luces apagadas y su sonrisa aún se hace un poquito más grande. Mira el móvil. Va bien de hora y sigue llevando los billetes en un mensaje que le envió unos días antes la compañía de autobuses.

Sentada detrás de una pareja observa cómo, poco a poco, el vehículo se adentra en la autovía. Siente ganas de gritar de felicidad pero decide no hacerlo. Empieza su aventura. Va a pasar el día con tres personas que sólo conoce de un día, pero que siente ganas de conocerles un poquito más. Le van a enseñar la gran ciudad a la que se dirige. Ha estado alguna vez allí, pero no ha tenido ocasión de visitarla. Grandes personas, gran ciudad, gran madrugón… va a ser un día grande.

Un recuerdo de la semana que ha tenido pasa fugaz por su mente. Ella lo deja ir, no ha llevado buena semana y prefiere no recordar la tristeza que acarició su corazón. En vez de ello, recuerda lo feliz que se sintió al tomar la decisión de querer vivir esta aventura. No sabe si va a poder estar todo el tiempo acompañada, se ha cogido el billete de vuelta muy tarde, pero le da igual. Necesita salir de su zona de confort y un viaje es la mejor manera.

Las horas pasan y aprovecha para saludar a los amigos que se van despertando. Los rayos de sol no son los culpables de que abran los ojos, porque están escondidos detrás de una capa de nubes. Habla con una amiga que la animó a hacer el viaje, con otra que no está pasando por su mejor momento y a la que le desea que todo se solucione de la mejor manera posible, escribe unas palabras en un grupo…

Diana y Fabiola se saludan. Ambas han llegado a la vez. En el metro, de camino al centro, hablan del tiempo, de fotografía, del trabajo… Hay minutos de silencio que Diana aprovecha para ser consciente que son las once de la mañana de un domingo y está en Madrid. Escucha lo que Fabiola le cuenta sobre el paseo que tiene pensado dar.

—Sí, es bonito el paraguas.

—Qué fallo habérmelo dejado en casa.

La lluvia no impide que ambas mujeres disfruten de la ciudad. La una, mira con asombro los grandes edificios y reconoce algunos monumentos que han salido en repetidas ocasiones por televisión. La otra aprovecha para hacer fotografías cuando la lluvia les da un descanso. Se llevan bien y tienen conversación… y hambre. Un pequeño y acogedor restaurante les permite sentarse para recuperar fuerzas.

Tras enviar varios mensajes, Diana se siente contrariada. Le habría gustado quedar por la tarde con dos personas más y al final sólo podrá quedar con una de ellas. Decide en ese momento, que volverá a Madrid en otra ocasión con la excusa de poder saludar a María.

La puerta de Alcalá, la puerta del sol, el oso y el madroño. Diana pasea sola y ve algunos de los lugares mas emblemáticos. Ahora está sola y se siente feliz. Está dando un paseo por una ciudad que no conoce. En una mano, un plano que le ha conseguido Fabiola antes de irse, en la otra, el gps del móvil, y por delante un par de horas para caminar y hacer fotos.

—¿Quieres ponerte debajo del paraguas?

—No, gracias.

Diana no insiste, si Óscar quiere mojarse, es su decisión. La fina lluvia que durante toda la jornada ha estado presente, en este momento se vuelve menos fina y moja todo a su paso. Dejan atrás el parque del retiro para ir al coche. Una vez a salvo del agua, el hombre conduce hasta las cuatro torres. Ella le ha dicho que tenía ganas de verlas. Son cuatro edificios muy altos que están separados unos de otros por apenas unos metros. Cada uno pertenece a una empresa diferente.

—Mientras esperaba a que llegaras he escrito algo que me ha inspirado Fabiola. Mira te lo leo.

Diana saca el móvil de la pequeña mochila donde aún están las galletas que metió por la mañana y le lee un pequeño texto inacabado.

—Está bien. Escribes igual que hablas.

La literatura es uno de los temas principales mientras toman una cerveza refugiados en un bar. A la derecha, la barra. A la izquierda, el campo de fútbol del Bernabéu. Nunca había estado en un sitio así y le gusta las vistas del gran estadio a pesar de no ser futbolera.

Cuando salen del bar ya es de noche y no llueve. Aprovechan para ir a la plaza mayor. De nuevo los ojos de Diana se abren de par en par. La plaza es enorme. Escucha atentamente la explicaciones de Óscar sobre las actividades que hacen en ese espacio cuando llega la navidad.

El autobús avanza hacia la autovía. Hace algo más de hora y media que los amigos se han separado. Ella ha cenado en el restaurante que le ha recomendado Fabiola. Óscar la ha acercado hasta allí con el coche, cosa que ha agradecido. Recuerda cada minuto del domingo y no puede dejar de sonreír. Ha sido un día perfecto que espera repetir con más personas y más tiempo.

A las cuatro de la mañana las sábanas abrazan el cuerpo cansado y dolorido de la mujer que no ha dejado de sonreír durante todo el día. Intentar dormir en el autobús le ha dado dolor de espalda. Mientras piensa en el relato que escribirá de su día madrileño, Morfeo le acaricia la mejilla y la lleva al mundo de los sueños. Una sonrisa es su llave de acceso a dicho mundo.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

Últimos post porIsabel Antequera (Ver todos)

Comments

Deja un comentario