“Y ahí estaba Laura. Recién salida de la ducha, poniéndose guapa para su cita…”

De repente, el folio casi en blanco empieza a volar por la habitación. Sofía lo mira entre sorprendida y asustada. La ventana está cerrada, igual que las del resto de la casa. Separa la silla del escritorio y se agacha para recoger la hoja que tiene a sus pies. La coloca sobre la mesa y cuando coge el bolígrafo para seguir escribiendo, una manita se lo quita.

—¿Qué vas a escribir? —Un muñeco de papel— Narrador, de eso nada. Soy una muñeca. ¿No ves mis trenzas? —¡Ejem! Una muñeca de papel se sienta en el borde de la mesa con el boli en la mano. Mira desafiante a una confundida Sofía.

—Pues… que Laura sale de casa porque ha quedado con un apuesto chico llamado…

—Llamado Juan. Y es su primera cita y al final de la noche se besan, nos besamos en mi portal y me lo subo a casa. ¿No?

—Sí, más o menos eso era lo que iba a escribir.

Laura niega con la cabeza. No le gusta la historia y se niega a ser la protagonista. No quiere saber nada de hombres. Prefiere vivir algo más original. Alguna aventura. Tal vez vivir en una isla desierta, no que eso sería un sueño. La conversación es animada. Sofía nunca había tenido delante a uno de sus personajes y aprovecha para saber más de ella.

La escena es, cuanto menos, curiosa. Una muñeca de papel contándole a una escritora de relatos lo que quiere que le suceda. Y a la vez, respondiendo a preguntas sobre qué se siente al ser la protagonista.

—Me alegra que me hagas esa pregunta. Es una sensación extraña. Porque soy la protagonista pero a la vez no controlo nada. No depende de mí lo que hago. Estoy a tu merced. Tan sólo siento y experimento lo que tú quieres.

—Laura, tenemos mucho más en común de lo que piensas.

—¿Ah? ¿Si? ¿Tú también eres un personaje de relatos?

—Puede que lo sea y que no me haya dado cuenta hasta ahora.

La conversación sigue hasta altas horas de la madrugada. Juntas deciden el destino de Laura.

Dibujo y foto de Juan Sauce.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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