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La noche era oscura y fría. Miguel caminaba despacio encogiéndose. Una mano metida dentro del bolsillo y la otra sujetando la correa de Toby, su perro. El caniche caminaba feliz oliendo todo a su alrededor y dejando su marca en cada árbol.

Sumergido en pensamientos de hogueras y playas soleadas, caminaba hasta un parque cercano. El silencio le rodeaba. A cada paso que daba, adentrándose en el parque, más miedo sentía. Giraba la mirada con cada crujir de ramas y notaba la piel erizada cuando una hoja caía a sus pies.

Una sonrisa irónica le asomaba a los labios. Él, un hombre de metro noventa y musculado pasando miedo. Se fijaba en Toby, que iba suelto correteando de un árbol a otro. Decidió estirarse y levantar mucho la cabeza. Estaba un parque sólo y nada le podía pasar. Era un hombre fuerte y valiente.

Con el pelo erizado, empiezó a ladrar y gruñir el pequeño caniche. Tenía la mirada fija en la zona más oscura del parque. Miguel abrió los ojos de par en par. Por su mente pasaron todas las películas de terror que habia visto y alguna que se inventó en ese momento. Presa del pánico su primer impulso fue huir. Pero no podía dejar al perro allí. Probó a llamarle con voz temblorosa sin atreverse a acercarse. El animal no le hizo caso. Siguió ladrando.

—Cariño, ¿Por qué has tardado tanto? —Nuria, la mujer de Miguel, sale de la cocina secándose las manos al oírle entrar en casa.

—Me he encontrado un murciélago. Tiene rota un ala y no puede volar. Menos mal que estaba yo allí para rescatarle.

—Pobrecito, ahora le busco una caja de zapatos. ¿Estás bien? Tienes la cara roja.

—Si, es sólo por el frío que hace en la calle.

Toby es el único testigo de la media hora que pasó Miguel llorando, aterrorizado. El verdadero héroe es el pequeño animal que consiguió vencer su miedo para coger al murciélago con cuidado para dárselo a su dueño.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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