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Norman Rockwell 1895-1978.

Me siento un paciente. Un verdadero paciente. Estoy entre dos personas que hablan tremendamente fuerte por su móvil y en una clínica donde se supone hay que guardar silencio. No es fácil soportarlo.
Ya lo sé todo, a un lado tengo a un hombre que hace un tiempo sufrió un accidente de automóvil. Le quedó un problema en la rodilla pero, gracias a eso, cobró una suma de dinero que le permite hacer viajecitos en los que no le duele nada.
A mi izquierda una jovencita está entusiasmada con los preparativos de una despedida de soltera. Todas van a llevar el traje rosa, ríe sin parar pensando en lo bien que se lo van a pasar.
Está claro que soy paciente, y no solamente del médico.
Esas pareces tan blancas de la clínica y el sonido tenue del hilo musical me gustan, sobre todo en esas consultas rutinarias en las que no esperas grandes disgustos. Te has torcido un pie o se te ha dislocado la muñeca y vas un poco porque te lo confirmen y te hagan algo.
A veces el “sana, sana culito de rana” tiene el efecto placebo que nos conforma.
Yo llevo un librito pero me gusta cerrar los ojos y respirar ese olor a alcohol y ambientador tan típico de esos sitios, donde casi te duermes oyendo el suave fru-fru que emiten las hojas de las revistas al ser pasadas, tan pasadas como la fecha de las propias revistas.
Para hacerlo más agradable, la persiana está clara dejando que las líneas que marca el sol en ella se reflejen en el suelo impoluto. Esa especie de ensoñación la estaba viviendo yo hasta que mis flancos fueron atacados por esos dos ladrones de sosiego , esos dos piratas perturbadores de mi mar de tranquilidad que estaba proporcionándome una sensación de paz como cuando lo oigo tumbada en la arena con los ojos cerrados.
He sabido tantos detalles de esas dos personas sin proponérmelo que me sentía avergonzada de participar de sus intimidades. Miraban al frente mientras hablaban y no tenían en absoluto en cuenta a esos “pacientes” que no han salido corriendo porque es difícil que te den otra cita de inmediato y el asunto urge.

Me quitaron el ratito de descanso saludable.

La imagen es de Norman Rockwell. 1894-1978

 

 

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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