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Había elegido su trabajo, su estilo de vida. Se sentía bien consigo misma y con cuanto la rodeaba porque, todo lo conseguido no dejaba de ser una prolongación de ella misma. Le había costado sacar de su piel y de su vida todo lo tóxico que la rodeó en un tiempo pretérito pero que ella podía tocar con sus dedos, tan cerca y tan lejos como aquél final de su escueta falda cuando estiraba los brazos pegados a su cuerpo flacucho y sin terminar de hacer. Aquél ser de inacabadas proporciones ya apuntaba un carácter, una manera de pensar, pero también carecía de las coordenadas que le indicaran cuál era el camino a seguir. Se equivocó y pagó sus errores que, por otra parte, le enseñaron una lección a compartir sólo con ella.

Le gustaba cuidar su piel, su figura, su cabello. Le gustaba sentir esa sensación vertiginosa del deseo en cualquier situación.

Sentada en su silla en esa gran sala de juntas se complacía en imaginar a aquellos hombres que la miraban sin recato y abría sus piernas para ella sola, por debajo de la mesa. Amaba sentir que esa sensación primaveral de exaltación y deseo no la abandonaba. Era como la mujer que tiene una joya y la guarda para sí misma y, aunque la exhiba, sólo ella la acaricia y la posee. Lo sentía en su cuerpo, sabía que había un movimiento en aquellos hombres, a veces altaneros y déspotas con sus asistentes, que darían cualquier cosa por adentrarse en esos misteriosos recovecos.

Pero nunca lo permitiría, no sabrían a qué sabía, ya sería siempre así, el vértigo, la emoción, el deseo suplicante en la mirada. ¿Se podía ser más poderosa? Ella sabía hasta donde podía caer una mujer tomada como un objeto nada más, un algo cotidiano y cercano al que, sin ningún sentimiento, sólo se recurre para saciar apetitos . Su experiencia amatoria había sido nefasta y no le ocurriría más, había aprendido y sabía manejar los hilos que levantaban pasiones

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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