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Lo llamas tú.
– Hola Juan, esperaba tu llamada y como no llega…
– No he podido hacerlo, de verdad, me ha sido imposible.
Y tú piensas ¿ni un minuto? ¿No has visto la tele, ni desayunado, ni te has pegado un revolcón con quien comparte tu cama, a pesar de que no te comprende y lo vuestro está roto? ¿y para mí ni un minuto?
Pero te callas.
Tú sí has tenido tiempo de acordarte de él mientras tomabas un café o planchabas o salías de una reunión de trabajo y te relajabas un poco. Bueno, analizas, él está ahora ocupado con lo de su madre, además muy triste. Estaban tan unidos…
Pero luego piensas ¿Por qué no comparte conmigo sus tristezas? Siempre me lo ha contado todo: la poca paciencia de su esposa, lo cansado que está de vivir a su lado, la ansias de que llegue el día de comenzar una nueva vida juntos…
Ha sido mucho tiempo de no poder realizar vuestros sueños. Su madre, tan delicada, no podría soportar su divorcio, ella viviendo en su casa, la familia… Esas cosas… Sería mucho para una persona tan conservadora, y él no podía permitirlo, siempre lo has comprendido. Mejor que no lo supiera nadie, si no le llegaría el rumor.
En cuanto a su familia, sus hijos ya se van del nido y a su mujer no le tiene ningún apego, siempre te lo ha dicho.
Confiaba en tí para ayudarle a llevar su carga y renacer contigo en esos esporádicos días en que mirabais las estrellas juntos siempre pensando en el momento en que saldríais a la calle de la mano, como cualquier otra pareja diciendo a todos que vuestro amor ha triunfado y que habéis superado todas las barreras.
Tu amor no ha flaqueado, no podías pensar en nadie más. Confiabas.
-Hasta que no solucione todo, ya sabes, las cosas que dejó mi madre y que aún tengo que partir con mi hermana me llevarán un tiempo, son momentos delicados. Seguro que lo comprendes, necesito un poco más.
¿Las cosas? Pero si vivía con ellos y sólo poseía una cómoda que le regaló su padre cuando se casó y no la tiraron a pesar de la carcoma porque no lo consentía?
De la pensión no había nada en el banco. Acordó con su hermana que era para los gastos a cambio de cederle una habitación y ofrecerle sus cuidados. Los cuidados de él, porque según contaba la harpía de su mujer la ignoraba.
Pero tampoco dices nada. Sigues al habla.
Tú estás pasando un mal momento. Has intentado, que no conseguido, comprender tantas cosas que una más no importa.
Callarán esas amigas que te decían que nunca dejaría a su mujer, que tú eras para él un pasatiempo y que no eras la primera en su curriculum, pero tú sabes que eso no es verdad, simplemente no había llegado el momento, él te quiso desde aquel día… Y tú sueñas otra vez.
El no puede hablar más, dice, está en casa.
Como siempre, antes de colgar, le susurras la palabra secreta, esa que inventasteis juntos y que traducida quiere expresar algo muy íntimo. No responde – Lo siento- dice,
Ya han pasado dos meses, una semana y cuatro días cuando vuelves a llamar. Responde su secretaria:
-Dejó el móvil para que no le molestaran, quiere intimidad-, dice ella con una sonrisita -desde que murió su mamá tienen más libertad y, como los hijos ya no están en casa… Pues se ha tomado unas vacaciones. Una segunda luna de miel, me dijo- y vuelve a sonreír.
Mientras, tú, cuelgas sin despedirte.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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