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Había sido una dura jornada. Fue difícil resolver algunos asuntos que me tenían en vela ya varias noches y en los que se mezclaba el trabajo con una serie de sentimientos hacia los compañeros. No quería herir susceptibilidades planteándoles un nuevo camino a seguir en aquella meta que no habíamos conseguido alcanzar todavía.

Se trataba de un negocio importante en el que participábamos gran parte de los empleados de la empresa pero, como suele ocurrir, estaba siendo complicado el unir nuestros criterios,  no obstante, llegamos a limar asperezas y conseguimos hacer el trato. Hubo celebración y después realicé el sueño que venía acariciando toda la tarde con un pensamiento lleno de sensualidad y goce: conseguir liberarme de esos zapatos que me estaban aprisionando durante todo el día. Casi lloro de placer al verlos en el suelo, vencidos, casi tan derrotados como yo.

Me dejé caer en el sofá, me sentía  entusiasmada con ese nuevo libro que era especialmente interesante, aunque recuerdo entre sueños el ruido que hizo al caer y la imposibilidad de atraparlo.
Estaba realmente agotada y pensé despertarme cuando soñaba con un terrible dolor de muelas. Al tocarme el rostro descubrí que no era sino las gafas que se habían desplazado y se hincaban en mi mandíbula,  me alegré a pesar de todo.
Era un gran placer sentir mi cuerpo restableciéndose, relajarse oyendo un ligero murmullo del exterior que incluía voces y algún motor, intuyendo algún destello de luz que se reflejaba en el techo, causado por el sol entre las hojas de los árboles movidas por el viento. Quería abrir los ojos y soñaba que lo hacía,  pero no era así,  el sopor me tenía vencida.
Percibí un aroma dulce, cálido, hogareño y sonreí para mí ¡café! pensé, y me hundí  por momentos en un sueño infantil en el que mi madre planchaba en la cocina y tostaba pan para la merienda, mientras, la radio sonaba suavemente para no interrumpir mis deberes escolares.
Oí un ruido y abrí los párpados aunque no del todo, sólo la mitad para volverlos a cerrar de inmediato, no era posible mantenerme despierta. En mi duermevela sentí el perfume del periódico recién comprado cuando al pasar las hojas se deja percibir en el ambiente. Ya no estaba sola y oía su suave crujir, apreciando un ligero vientecillo. Ya había llegado, quise saludarle, preguntarle por su día pero definitivamente no podía hablar.

Supe que su mano estaba junto a mí, acompañándome,  pendiente de ese periódico que no le falta nunca. Me acurruqué satisfecha y entonces, tranquilamente, me sumergí en un profundo sueño.

El autor del cuadro “Sofá” es Matisse

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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