Es posible que no los necesite, eso quiero pensar, pero no es cierto, me escondo en mí mismo porque estoy solo. No hay nadie que comparta conmigo.
Mis hijos, mis hermanos, lo que queda de mi familia y de mi sangre saben que existo y, sin embargo, estoy solo.
Ni siquiera mis hijos se acercan a mí. Consideran que lo que yo pudiera darles resultaría muy caro. Si el precio era verme, sentir mi proximidad o, simplemente, estampar su firma en el mismo sitio que yo, les resultaría insoportable.
En realidad eso me enorgullece,  saben que habrían  podido vivir mejor con mi ayuda pero su dignidad no les permitió pedírmelo nunca.
Soy menos que nada para ellos, bueno, soy algo, un ser despreciable que martirizó a su familia durante años. Que, cuando consiguieron zafarse de mí y mi influencia y tuvieron unos medios ganados por ellos para mantener a su madre, ésta murió.
De tristeza, dicen ellos, y sé que es cierto. Debí quererla alguna vez, es posible, pero acabé odiando su paciencia, su indulgencia,  sus maneras sencillas y su defensa de los hijos. Su amor a su familia.
Por eso la hería donde más la hacía sufrir: a través de ellos. Yo entonces no necesitaba a nadie, tenía mi vida, mucho dinero y  la gente a la que yo pagaba y fingían adorarme. Pero eso pasó, hasta ellos me aborrecieron, no soportaban mis exigencias a pesar de que cobraban con creces sus favores.Fui famoso, la gente me envidiaba y yo presumía de lo que había conseguido en mi vida con esfuerzo y suerte.
Administré o me administraron mal, no sé. Quedé sin nada, sólo una pequeña miseria que cuido con esmero y que me permite comer de vez en cuando.

En esa fortuna no entraban los hijos, quedaron fuera, como su madre, como todos los que sentían algo por mí.
Si yo hubiera tenido sentimientos no habría podido llegar tan lejos. Traficar con seres, con sustancias, con armas… en definitiva con dinero, requiere mantener la mente y el corazón fríos,  helados.
En esa vorágine es necesario no pensar adonde van a llegar los efectos de unas decisiones tomadas sobre un tablero sin alma en el que sólo hay mapas y números.
No, a pesar de los comentarios de la gente que no me conoce y que critican la actitud de mi familia y de mis hijos, culpándolos de mi soledad y del trato a mi persona que juzgan injusto, no puedo hacerlo yo, no debo, un padre es algo distinto a lo que yo representé en sus vidas.
Los admiro, son dignos hijos de su madre.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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