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Disfruté la noche pasada. Han llegado a la casa los hijos con su retoño, descubriendo el placer de posarme sobre él y elegir dónde poder succionar ese líquido calentito que corre por sus venas. Es acogedor el olor a yogourt del pequeñín que eructa siempre después de su última toma, dejando ese regustillo en su boca que me place y me invita a recorrer su cara, a esas horas quieta e inexpresiva, debido al profundo y plácido sueño.

No os le he dicho, soy un mosquito y envidio a mi pareja, una magnífica mosca que aprovecha las horas de sol para posarse en los más inmundos rincones donde los desechos, por mínimos que sean, le resultan interesantes y apetecibles.

Volviendo a mi afición y modo de vida, no es baladí que enumere mis preferencias. La vieja tiene una sangre tan amarga como su carácter, espesa y oscura y, de tan densa, a veces se resiente mi pico y debo dispensarle los necesarios cuidados para seguir subsistiendo. Vive con su hija y ese yerno crápula, según sus palabras; opinión sobre la cual, aunque mal me sepa, se le ajusta perfectamente. Es comprensible que agradezca la visita de los jóvenes que, como ya he dicho, me devuelve la vida.

Los abuelos del niño desaparecen al atardecer y vuelven cuando el sol despunta, justo cuando mi compañera comienza a posarse en los orines de la vieja, que, dado su grado de somnolencia, debida a sus pastillas,  no se molesta en eliminar dejando caer el agua.

Aunque no haya salida nocturna, beben y fuman, así que agarro cada cogorza que me produce un dolor de cabeza espantoso. Por el contrario, los jóvenes son otra cosa. Acaban de tener un  niño y son veganos. Sería placer de dioses si  me dejaran posarme en ellos, pero se mueven toda la noche, cruzan sus piernas, se abrazan y se acarician, así que, en esa situación, corro peligro de ser aplastado y que ardan mis patas a su calor.

Definitivamente, aprovecharé su estancia hasta que detecten los granitos del tierno niño y me amarguen la fiesta, volviendo a gasear la casa con el spray del año pasado que, a pesar de ser ecológico, me repele un montón.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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