Un viento suave peinaba los árboles aquella tarde y los rumores del bosque formaban una melodía que invitaba a tumbarse entre la maleza y respirar un paisaje único. Sobre el lago, un grupo de nenúfares servían de entretenimiento a las hadas que saltaban sobre ellos gracilmente, en un juego que consistía en lograr hacer el recorrido más largo posible evitando tocar el agua y sin utilizar las alas. Apsonhad contemplaba divertida desde la hierba cómo sus compaňeras y amigas intentaban pasar de un nenúfar a otro luchando por no perder. Era ella quien había ideado ese juego, ese y todos los demás. Desde que nació y bastante antes de que le crecieran las alas, ya dejó ver una capacidad especial para mejorar el entorno en el que habitaba y hacer felices a los que la rodeaban. Solo había que mirarle a los ojos para saber que iba a convertirse en la reina del lugar sin ni siquiera pretenderlo, pues guardaba en la mirada todos los olores, sabores y colores del bosque. Se disgustaba cuando algún habitante de aquel pequeño paraíso la halagaba o la hacía conocedora de la devoción y la admiración que sentía por ella, veía normal todo lo que hacía, y jamás consideró que fuera digno de elogiarse. Pero lo cierto es que su inventiva, su capacidad de decisión e improvisación y ese don natural que tenía para aprovechar el medio en favor de todos, la habían convertido en el ser más importante de toda la comunidad y alrededores. Era capaz de calmar al lobo más hambriento con solo una sonrisa y de convencer al castor de que escogiera los troncos más ancianos argumentando que estos ya habían asimilado su destino. Cuando no le organizaba el cumpleaños al alguno de los animales o ayudaba a los gnomos a decorar su seta, se entretenía en recolectar hojas de  plantas y unirlas mediante la resina de los árboles para fabricar un libro en el que escribía, con la savia del tallo de las mismas, historias conocidas e inventadas. Una vez dejaba secar la tinta de la naturaleza se sentaba en un claro a leerles esas historias a los duendes en lo que ella bautizó como la hora de la “saviduría”, le parecía el nombre más apropiado ya que gracias a la savia lograba mentes más sabias. Empezó ya de niña a ejercer tan gratificante tarea y al principio logró reunir a unos pocos duendecillos pero poco a poco se les fueron uniendo los duendes adultos, los gnomos, las ninfas y todos los animales, hasta lograr que en dos kilómetros a la redonda no hubiera un solo espacio de bosque que no estuviera ocupado por algún habitante del lugar. Incluso logró copar todos los árboles de seres hambrientos de sus historias. Era curioso observar aquel evento y llegaba a ser muy divertido porque Apsonhad tenía que ir haciendo pausas para que a través de los asistentes les llegara a los más alejados la historia que estaba leyendo, ya que ni gritando hubieran sido capaces de oírla. No tenía precio ver como se iban explicando cada fragmento unos a otros en cadena hasta llegar al final.

Por aquel entonces todos la llamaban el hada feliz puesto que nunca nadie la había visto triste, no tuvo jamás una mala cara para nadie pero guardaba un secreto, de cuando en cuando alguna tarde desaparecía horas antes de que se escondiera el sol y no volvía hasta que el cielo estaba estrellado. Ninguno de los habitantes de aquel bosque quiso seguirla jamás, era tanto el respeto y la confianza que le tenían que aguardaban a su regreso mientras jugaban a adivinar cuales eran los motivos de sus escapadas. Unos decían que se retiraba a llorar porque era imposible que alguien no tuviera momentos de tristeza, otros que había encontrado un lugar donde pensar y poner en marcha esa maquinaria perfecta que había en su cabeza capaz de crear infinidad de historias y juegos, los menos apostaban a que simplemente necesitaba estar sola.

Pero lo cierto es que Apsonhad, años atrás, había descubierto a Brupoibe, un ser de cien años de edad creado de la hojarasca. Fue él quien le descubrió el secreto de su felicidad y el que le enseñó a conocerse mejor. Fue él quien le hizo saber quien era ella en realidad y a él acudía cuando le invadía alguna inquietud o emoción extraña.

Aquella tarde se sentía frágil, una leve tristeza le recorría las venas y un cosquilleo nervioso le jugaba en la piel, dejó a sus compaňeras saltando en el lago y se dirigió a hablar con Brupoibe.

– Ha llegado tu hora, le dijo nada más verla. Tú naciste para cumplir una misión y este es el momento en el que habrás de hacerlo. Esa tristeza, esa inquietud que sientes dentro de ti, no es tuya.

Apsonhad, no pudo articular palabra y recogió las alas pegándolas a sus caderas mostrando absoluto desconcierto.

– ¿Cccc…cómo que no es mía?, acertó a decir sin poder cerrar la boca para vocalizar.

– Tú no eres un hada cualquiera, sabes que tienes un don y no se te concedió para hacer felices a los demás, aunque te honra haberlo utilizado para ello sin que nadie te lo dijera. Eso demuestra tu valía como ser vivo.

– No entiendo nada, Brupoibe. ¿De qué don me hablas, cuál es mi misión, si hasta ahora estaba equivocada quién soy en realidad?

– Eres el hada de las letras y la tarea principal para la que se te creó es para servir de inspiración a un escritor.

– ¿Perdona?, preguntó intentando asimilar lo que se le estaba explicando.

Esa reacción provocó una carcajada en Brupoibe que se movió de tal manera durante el acto que llegó a perder una docena de las hojas que lo formaban, aunque no tardaron estas, tras caer al suelo, en volver a formar parte de su cuerpo como si de un truco de magia se tratara.

– Hablas como los humanos, ja, ja, ja. Estás completamente preparada para contactar con ellos.

– Pero si yo nunca he visto un humano, no sé si sabré entender su mundo. No sé si me entenderán ellos a mí.

– No te preocupes, ellos no pueden verte, tan solo quien realmente te necesite y sepa valorarte podrá hacerlo.

– ¿Y ese escritor del que me hablas sabrá valorarme?

– No lo dudes, solo se necesita  una cosa para ello, amar las letras, y él las ama.

Todos los escritores humanos que aman las letras tienen asignada por Naturaleza un hada de cada uno de los bosques. Y tú eres el hada que se le ha asignado.

– Vaya, ¿y porqué ahora?

– Porque todos esos sentimientos que has notado dentro de ti esta tarde los está sintiendo él, por eso ha llegado tu momento. Te necesita, es un escritor novel y le ha llegado la hora de que se le envíe su hada que eres tú.

– ¿ Pero cómo llego hasta él, cómo lo reconoceré?

– No sufras por eso, tan solo vuela hacia la ciudad.

Apsonhad dudó unos instantes, pero Brupoibe jamás se había equivocado, tan solo lo había hecho una vez que pensó que estaba equivocado, así que batió las alas y se dirigió a la ciudad.

Fue durante su vuelo en busca de su escritor cuando descubrió atónita que al batir las alas despedía letras que se juntaban para guiarle a través de indicaciones en forma de palabras, “a la derecha”, escribieron unas en el aire, “a la izquierda”, dibujaron otras bastantes minutos después. Al fin mientras sobrevolaba un barrio tranquilo, las letras que le guiaban frenaron su vuelo. Miró hacia abajo y vio al escritor que se le había asignado sentado en un banco, el corazón se le aceleró hasta perder de vista los latidos y descendió suavemente hasta sentarse a su lado. Él no se alarmó lo más mínimo cuando la vio aparecer de la nada, reaccionó como si llevara esperándola toda la vida y fue al mirarse cuando sus ojos secuestraron sus miradas. Antes de que pudieran darse cuenta sus dedos entrelazados acogieron la ternura de su tacto y alzó de nuevo ella el vuelo situándose a un metro por encima de su cabeza y dejó caer mil besos que se frenaban justo al rozar los labios de él, y si alguno de ellos llegaba por completo a su destino se posaba en la comisura de su boca en una suerte de semibesos con mucho más sabor que un beso entero.

No necesitaron decirse nada, ambos supieron en aquel banco que cada uno de ellos estaba hecho de la felicidad del otro. Nunca antes un crepúsculo había iluminado tanto el mundo.

Tras aquel anochecer, ella volvió a sus quehaceres en el bosque y él escribió febrilmente todo tipo de historias en las que siempre estaba ella escondida entre las letras.  Le dedicó poemas e historias enteras y cuando no, le hacía un guiño con palabras que solo entendían ambos.

Apsonhad transcribió desde entonces, en los libros que fabricaba, todas las historias de su escritor y logró contagiar la pasión por las letras que él le había contagiado a ella.

Pero pasaron los meses y la silueta de Apsonhad se fue desvaneciendo, su generosidad, su entrega, y su dedicación al entorno la habían desgastado y fue perdiendo brillo a ojos de los demás y de sí misma, el bosque perdió color, los rumores silvestres creaban una melodía triste y se dejó de jugar a saltar nenúfares en el lago. Tan solo hubo una cosa que no se dejó de practicar en el lugar, la hora de la “saviduría”. Ella siguió leyendo todas las historias que él escribía.

Al igual que ella había notado los sentimientos de él antes de conocerse, él notó el desgaste de ella y la mantuvo viva mediante sus letras, sabía que si dejaba de escribir, ella desaparecería para siempre.

La tarde de ayer, el escritor, se sentó en el banco donde la conoció y creó esta historia para ella. Está feliz porque sabe que por más que se desdibuje su silueta, la mantendrá viva con la sangre de sus letras.

Para Apsonhad, mi hada de las letras. Existes en cada uno de mis latidos.

 

Photo by Danimj

Soy Jordi Hortelano, nací en Badalona un 9 de septiembre de 1972, actualmente resido en Barcelona. Inicié mi periplo como escritor el 17 de febrero de 2016 con la publicación de un relato con doble lectura, El secreto del seňor Evol. Su gran aceptación y mi actividad en Facebook con la publicación de poemas y microrelatos me ha introducido en mundos como el de la librería LibrUp, ubicada en la calle Rosselló 361 de Barcelona. Un espacio para autores indies, donde podemos vender muestros libros e incluso editarlos y publicarlos, y en la que se celebran eventos, como concursos de poesía, presentaciones, grabación de programas literarios y entrevistas. También gracias a mi pequeňo libro y mi actividad literaria en las redes, pude ingresar como columnista en desafíosliterarios.com, una página creada para dar cabida a escritores noveles que busquen una buena promoción y a lectores ávidos de letras emergentes. En ella escribo todos los martes a las 20:00h un relato o poema en mi columna Goteando letras. Una actividad que me ha proporcionado afortunadamente un amplio número de lectores y conocer a otros escritores de calidad. En esta página, también he podido vender mi libro y apuntarme al taller de Enrique Brossa, donde he ido ampliando mis conocimientos sobre la escritura e intentando mejorar en mis textos. Es corta de momento mi andadura en este nuevo mundo, pero ya he tenido el honor en menos de un aňo de ser entrevistado tanto en LibrUp como en desafíosliterarios.com, en dos cadenas de radio locales y formar parte de eventos como la firma de ejemplares el día del libro o el black friday. Y he tenido además el privilegio de ser miembro de un jurado en un concurso de poesía y contertulio en un programa literario llamado Letras perdidas. Ahora mismo estoy preparando la segunda edición con Casandra 21 de El secreto del seňor Evol, tras dos tiradas de cien ejemplares vendidas con Bubok y culminando dos libros más, una novela corta de humor y un recopilatorio de relatos y poemas. Además he escrito una novela titulada Mientras el tiempo descansa que publicaré más adelante. Tengo amén de todo esto, otros proyectos individuales y en colaboración con otras personas.

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Comments

  1. Jordi, me has cautivado con este relato. Hace ya un tiempo que ando pensando en escribir varios relatos centrados en la fantasía y hoy he leído este tuyo, dándome toda una lección sobre el tema.
    Los personajes: el hada Apsonhad con sus actividades y sus cuentos, el ser Brupoibe con sus hojas que caen y regresan a su lugar; son extraordinarios. Todo el envoltorio que rodea la historia. Creo haber visualizado tu mundo y me ha encantado.
    Lo siento por tus otras historias, que considero realmente estupendas, pero es posible que este se haya convertido en mi relato tuyo favorito.

     

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