Mi barrio está al lado del otro barrio. Algo debe de tener ese otro barrio que no tiene el mío porque cuando se va alguien hacia allí, ya nunca vuelve.

Hace ya algunos años, no preguntéis cuántos porque eso de contarlos no se me da nada bien, que no logro aclararme. Dice mi madre y no creo que me mienta en esas cosas, que nací un 29 de febrero y que cumplo los años de cuatro en cuatro, y así, claro, es mucho más difícil saber el tiempo que ha pasado desde aquello. Cualquier día adelanto a la vida de tanto que corro. Eso sí, lo haré por la izquierda. Dice mi padre que se ha de adelantar por la izquierda, que no somos ingleses y que a ver si se aplica el cuento el cabrón ese. Ah, claro, no sabéis quién es el cabrón ese. Yo tampoco, la verdad. Sólo sé que es uno que nos adelanta por la derecha cada vez que cogemos la autopista para ir a ver a la abuela.

Me gusta ir a su casa y mirar por la ventanilla del coche. Desde ahí el mundo es bisiesto como yo, va tan rápido que no cumple los minutos de uno en uno. A veces mamá me deja abrirla y sacar un poco la cabeza. Me gusta despeinarme y que el aire choque contra mi cara, aunque luego, cuando se acaba y pienso en ello me pongo triste, porque por culpa de eso tengo a papá disgustado. Siempre dice que solo tengo aire en la cabeza y yo creo que es porque no me acuerdo nunca de no sacarla por la ventanilla y claro se me acumula todo ahí y yo no sé quitármelo. Muchas veces me siento a soplar para ver si se me va, pero se me olvida dejar de respirar. Una vez me acordé, pero algo debí hacer mal porque casi me muero y mi madre se asustó mucho. Me hizo prometerle que nunca más estaría a punto de morirme, aunque tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. No me gustó que mi madre se asustara, pero después de aquello estuvieron unos días cuidándome mucho. No se separaban de mí y me sentía muy feliz.

Soy un niño feliz, eso le dije a aquella señorita con bata blanca que me preguntó en el colegio. Mi familia me quiere y yo los quiero mucho, aunque no logro acostumbrarme a eso de ser bisiesto. Quisiera estar en el mismo escalón que los demás. Dice la tía Abril, que le pusieron ese nombre porque nació en abril y no logro entender porque no me pusieron a mí Bisiesto si nací en ese mes. Me hubiera gustado llamarme así. No conozco a nadie con ese nombre. De todas maneras, cuando me preguntan cómo me llamo siempre digo que mi nombre es William Bisiesto Álvarez Cantero. Mi mami me puso William en honor a un escritor en cuanto supo cómo era yo, no me acuerdo de su apellido, no se parece a los míos, pero dice que en uno de sus libros hay un personaje que le pasa lo que a mí. Yo tengo la inteligencia en el zapato, una vez oí a mi hermano decírselo  a un amigo suyo:

– William tiene una inteligencia por debajo de la media, eso le dijo, y yo lo entendí porque mi madre debajo de la media tiene el zapato. Pues eso, que me llamo William por ese señor, porque creó un personaje que era como yo. Y lo hizo en el libro preferido de mamá. Le puso un título un poco raro, no me gusta, era algo de gente enfadada, de gritos o algo así. Se le debió ocurrir en el bar cuando estaban dando el partido, porque sonaba a eso. Yo le hubiera puesto Benji el bisiesto, porque así se llamaba el personaje que se parece a mí. La tía Abril también ha leído ese libro pero dice que no hay dios que lo entienda, así que mamá no es dios. Me gusta la tía Abril. Dice que eso de ser bisiesto es ser especial; que cada año es un escalón y que yo me los salto de cuatro en cuatro, pero a mí me gustaría estar en el mismo escalón que los demás, cuando miro a mi lado nunca hay ningún amigo porque van unos escalones más atrás.

La tía Abril es bisiesta como yo. Casualidades de la vida dice papá, pero de niña no le debieron dejar que sacara la cabeza por la ventanilla del coche porque no tiene la inteligencia en el zapato.

Ni la tía, ni la abuela viven en el barrio pero tampoco viven en el otro. La casa de la abuela está en uno en el que no cambia la suerte y en donde los huesos no se mueven igual. Nunca puede venir a vernos porque no puede moverlos como nosotros y por eso tenemos que ir hasta allí. Si la abuela viviera en el barrio yo no tendría aire en la cabeza.

Me gusta el barrio. Tenemos una casa grande, con servicio, eso dice mamá a sus amigas de cuando era niña siempre que vamos a ver a la abuela. Mamá quiere traerla al barrio pero la abuela se ha convertido en árbol o algo parecido porque dice que ahí están sus raíces. Yo he visto las raíces de un árbol y son muy difíciles de arrancar. Yo entiendo a la abuela, se necesita ser muy fuerte para separarte de ellas, creo que habría que ponerle unos huesos que funcionaran mejor y así podría venir a vernos y traer sus raíces.

También me gusta porque en este barrio, cambia la suerte. Papá dice que a nosotros nos cambió el día de los abrazos y de las botellas. Nos tocó la lotería y mi familia saltaba de contenta, nos cambiamos de casa pero no nos fuimos del barrio  porque mi mamá quería restregarles los billetes a los vecinos en los morros. No entiendo para qué, pero espero que no hayan comido espaguetis porque se te quedan los morros rojos y lo manchas todo. Yo dejo la servilleta como si la hubieran asesinado, dice mi mamá.

La tía Abril viene mucho al barrio, dice que viene a vernos, pero yo sé que es para ver si le cambia la suerte como a nosotros. He oído a mi familia en casa de la abuela hablar de ella y todos dicen que no ha tenido suerte ni con los hombres ni en la vida.

También viene de cuando en cuando un señor, un policía, que debe de tener fuego en la cabeza porque papá cada vez que lo ve empieza a sudar. Una vez les oí desde mi rincón secreto, no puedo decir cual es, pero si queréis os doy una pista: está en el barrio. El señor policía le decía a mi padre que sabía que  había enviado al otro barrio al señor que había comprado el billete de lotería para quedarse con el dinero, y que si no le daba una parte a él lo llevaría a la cárcel. Yo quiero que mi papá rompa ese dinero y le de una parte al policía, porque la cárcel no está en el barrio y yo no quiero mudarme. Me preocupa mamá, que solo tendrá una parte de los billetes para restregarselo en los morros a los vecinos, pero creo que se conformará. Ella no quiere irse del barrio tampoco.

También me gustaría irme al otro barrio a ver cómo es. Una vez oí en el bar que el abuelo había ido allí y yo quiero mucho al abuelo. Además  también prefirió irse allí el amigo de papá que había comprado con él la lotería y ni él ni el abuelo han vuelto nunca. De lo del abuelo y lo del amigo de papá hace ya algunos años, pero no me preguntéis cuántos porque eso de contarlos no se me da nada bien.

Se debe de estar muy bien allí, aunque a mí me gusta mi barrio.

– Aquí tiene señorita. Hasta mañana.

 Me voy corriendo que ya debe de estar papá esperándome.  Me gusta que venga él a buscarme porque todos los niños se acercan a ver el coche y es la única vez que miro a mi lado y veo a mis amigos, pensó William.

– Hola, papá, mua, mua.

– Hola William. ¿Qué tal el cole? ¿ Qué habéis hecho hoy?

– Una redacción. Teníamos que explicar cómo es nuestro barrio.

 

En la foto William Faulkner.

Soy Jordi Hortelano, nací en Badalona un 9 de septiembre de 1972, actualmente resido en Barcelona. Inicié mi periplo como escritor el 17 de febrero de 2016 con la publicación de un relato con doble lectura, El secreto del seňor Evol. Su gran aceptación y mi actividad en Facebook con la publicación de poemas y microrelatos me ha introducido en mundos como el de la librería LibrUp, ubicada en la calle Rosselló 361 de Barcelona. Un espacio para autores indies, donde podemos vender muestros libros e incluso editarlos y publicarlos, y en la que se celebran eventos, como concursos de poesía, presentaciones, grabación de programas literarios y entrevistas. También gracias a mi pequeňo libro y mi actividad literaria en las redes, pude ingresar como columnista en desafíosliterarios.com, una página creada para dar cabida a escritores noveles que busquen una buena promoción y a lectores ávidos de letras emergentes. En ella escribo todos los martes a las 20:00h un relato o poema en mi columna Goteando letras. Una actividad que me ha proporcionado afortunadamente un amplio número de lectores y conocer a otros escritores de calidad. En esta página, también he podido vender mi libro y apuntarme al taller de Enrique Brossa, donde he ido ampliando mis conocimientos sobre la escritura e intentando mejorar en mis textos. Es corta de momento mi andadura en este nuevo mundo, pero ya he tenido el honor en menos de un aňo de ser entrevistado tanto en LibrUp como en desafíosliterarios.com, en dos cadenas de radio locales y formar parte de eventos como la firma de ejemplares el día del libro o el black friday. Y he tenido además el privilegio de ser miembro de un jurado en un concurso de poesía y contertulio en un programa literario llamado Letras perdidas. Ahora mismo estoy preparando la segunda edición con Casandra 21 de El secreto del seňor Evol, tras dos tiradas de cien ejemplares vendidas con Bubok y culminando dos libros más, una novela corta de humor y un recopilatorio de relatos y poemas. Además he escrito una novela titulada Mientras el tiempo descansa que publicaré más adelante. Tengo amén de todo esto, otros proyectos individuales y en colaboración con otras personas.

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