Aquella noche el restaurante no cubría ni la mitad de su aforo, en la recepción una seňorita hablaba a través de su sonrisa, ese tipo de sonrisas que se deja la gente en sus respectivos trabajos cuando se van a casa, y que recogen de nuevo al volver a sus puestos.
< ¿ A nombre de quién está hecha la reserva?
< Alcalá, seňor Alcalá, dijeron unos labios casi asfixiados tras un frondoso bigote.
< Muy bien caballero, de inmediato el maître les acompaňará a su mesa. ¿ Es la primera vez que vienen?
< Yo no, pero mis acompaňantes sí, respondió estirando su almidonado cuello.
< Bien, si lo desean pueden darse una vuelta por nuestros salones antes de sentarse a degustar nuestros suculentos platos. Comprobarán la extrema belleza de los ornamentos, por las alfombras de las escalinatas han paseado los más ilustres zapatos de la historia, en el salón donde ustedes cenarán se han tomado decisiones muy relevantes. Si los tapices hablaran… Pero no les entretengo más, dense una vuelta y disfruten de nuestras zonas ajardinadas, de nuestro mobiliario novecentista y de nuestras maravillosas instalaciones.
Unos metros más allá, en una mesa, dos hombres y dos mujeres se dejaban llevar por la calidez del local tras haber degustado un buen plato de cordero lechal.
< Buff, cuanta carne, dijo una seňorita cuyo vestido rojo empezaba a vivir bajo presión, no puedo más, no voy a pedir ni postre.
< He de decir cariňo que esta vez tienes razón, ¡menudo plato nos han puesto!, dijo su acompaňante sentado a su izquierda, pero yo postre si voy a tomar.
< No esperaba menos de ti, cada vez estás más…
< ¿Pero no me negareis que el cordero está exquisito?, interrumpió hábilmente una bellísima mujer con un elegante vestido negro con escote palabra de honor que estaba sentada al otro lado de la mesa frente a la seňorita.
< Sí, dijo él, y el lugar es espectacular, hemos sacado unas fotos impresionantes tanto de la fachada como del interior.
< Es mi restaurante preferido, la primera vez que me trajo Ezequiel, quedé realmente impresionada.
< Impresionado estuve y estoy yo de tu belleza, dijo Ezequiel con los ojos tan admirados como hambrientos mientras ella respondía con una sonrisa ruborizada.
< Ay, Nerea, suspiró la mujer de rojo, es que tu Ezequiel no tiene nada que ver con mi Carlos, lo más romántico que he hecho estando con él es ir a ver Torrente 6. Hay que ver que suerte has tenid…
< Es un antiguo palacete, aquí vivían nobles y alguna vez vino de visita algún rey, volvió a interrumpir Nerea evitando de nuevo que su amiga acabara la frase.
< Un detallazo habernos traido aquí, es precioso, respondió Carlos.
< Hombre uno no cumple aňos todos los días, al menos yo no lo tengo por costumbre, dijo Ezequiel mientras jugaban sus dedos con la mano de Nerea.
< Pero, esto ha de ser carísimo.
< No te creas, son mucho más caras las mesas del jardín. Esto nos lo podemos permitir.
< Rosa, he de ir al baňo, ¿me acompaňas?, dijo Nerea.
< Claro.
Se levantaron ambas y se quedaron ellos charlando.
Una vez en el aseo, cada una frente al espejo, se retocaron, sin mirarse, una al lado de la otra y Rosa abrió la conversación:
<¿Se lo vas a decir hoy, o no?
< Sí, Rosa, pero lo haré cuando lleguemos a casa, lo he sabido esta maňana y aún tengo que asimilar la noticia. Es el sueňo de su vida y si se la doy aquí coartaré su efusividad, y precisamente lo que hoy más necesito de él es eso.
Bien como quieras, el embarazo es tuyo, no mío. Yo sabré callar. Diré que no me encuentro muy bien y así os vais prontito a casa.
Muchas gracias Rosa, dijo Nerea estrechando entre sus brazos a su amiga.
Volvieron al salón mientras un camarero traía la carta de postres y despejaba la mesa. Ezequiel y Carlos colaboraban pasándole los platos vacíos y en un mal gesto el primero volcó un salero que había sobre la mesa. Carlos se levantó como un resorte, y se le metió un terror incontrolable en la mirada. Se quedó inmóvil unos segundos, mirando fijamente a Ezequiel, cuando al fin logró reaccionar cogió una copa de vino a medio beber y lo vertió sobre la sal derramada, inmediatamente después cogió el salero y tiró unos granos por encima del hombro izquierdo de su amigo, ante la estupefacción de los presentes. Parecía ido, Rosa lo miraba confundida:
< Nunca lo había visto así, comentó totalmente desconcertada. Carlos cogió la chaqueta que había colgado en el respaldo de su silla y se despidió con un gesto nervioso para alejarse de allí como poseido por el diablo, no sin antes advertirle a Ezequiel:
< Cuando llegues a casa, tira agua por la ventana o cada uno de los granos de sal que has derramado, será una lágrima que has de verter.
Rosa recogió rauda su abrigo y se fue tras él discupándose con los ojos.
Ezequiel y Nerea se miraron y pidieron la cuenta
< Hay que ver como se ha puesto por una tontería, no conocía yo esa faceta suya.
< Ya amor, yo tampoco pero hay gente muy supersticiosa.
< Uy, calla, con la mala suerte que da eso, bromeó Ezequiel intentando destensar la situación.
Mientras tanto en una casa abandonada a unos cuantos Kilómetros de allí, un grupo de gatos se daban un festín con los restos del pescado sobrante que habían conseguido en el mercado. Parecía que celebraban algo, estaban casi todos tumbados devorando tan apetecible manjar, jugando con unos peces que ya no podían jugar, entre sus garras, disfrutando. Dos gatas sin embargo, ya saciadas, hablaban entre maullidos en un rincón.
< Ay, Felisa, que apuesto es tu Lucho, tan fuerte, tan viril, tan gato, con esa figura envidiable, ese porte, ese garbo al andar. Tiene una mirada, y ese color negro tan bonito, ains, que suerte, hija, no lo dejes escapar.
< No lo pretendo, pero escuchándote se diría que estás enamorada de él.
< Noo, ja, ja, solo pretendo felicitarte por tu buena elección, somos amigas desde hace tiempo, hay confianza.
En ese momento, Lucho, que había dado buena cuenta de su sardina se incorporó y se acercó a ambas
< Querida, dijo, tengo que ir a buscar a Germán, no creo que sepa llegar hasta aquí, acaba de llegar a nuestra comunidad.
< Ten cuidado al cruzar la carretera ya sabes que es peligrosa, dijo la gata con un tono de preocupación.
< Tranquila lo he hecho muchas veces dijo alejándose con una sonrisa ufana.
Ezequiel y Nerea volvían hacia casa por la carretera general, la noche cerrada les acompaňaba en el viaje. El tema seguía siendo Carlos y su reacción pero se iban difuminando entre besos que querían manifestarse. Ella soltó una mano del volante y la puso en el muslo de él que iba desmontando con elocuencia las teorías de la superstición. En el espejo retrovisor el deseo y la lujuria miraban el tramo de la carretera que se iba quedando atrás, ella deslizaba su mano hacia la entrepierna, con una sonrisa picarona provocada por la satisfacción que le producía imaginar la reacción de su marido tras decirle que iba a ser padre. Cuando de repente, una intuición un movimiento entre los arbustos cercanos a la cuneta, un presagio, no supo nunca qué exactamente, la hizo apretar el freno para detener el coche. Un gato negro, extraňamente despistado, en un terreno que conocía perfectamente, cruzaba sin mirar. Nerea detuvo el coche a menos de un metro de Lucho, los faros lo envolvieron en luz y pudieron verlo inmóvil, con la misma mirada de Carlos en los ojos, aterrorizado, ido, mirando fijamente primero el automóvil que había estado a punto de acabar con su vida y luego a Ezequiel cuando logró salir del estado de shock.
El felino, no le prestó apenas atención a Nerea, solo miraba a él sin poder apartar la vista. Dio siete pasos hacia atrás sin dejar de mirar al atónito Ezequiel y huyó sobre sus pasos. Una vez estaba de nuevo entre las ruinas de la casa, se acurrucó temblando contra la pared. Su amada, alarmada al ver su estado se acercó a él.
< ¿ Que te pasa cariňo?, ¿donde está Germán?, ¿ha pasado algo?
Lucho la miró con el pánico temblándole en los huesos y los ojos presos tras el vidrio de una lágrima y por fin acertó a decir:
< Me he cruzado con un hombre blanco en un coche rojo.
< Ya estamos con tus supersticiones cariňo, todo eso son leyendas dijo antes de darse la vuelta y aňadir:
< Que vida más perra.

Tal vez la persona que haya leído estas líneas imaginaba otro u otros finales, pero con esta historia tan acorde con este martes y trece, tan solo pretendía plantear una pregunta, ¿quién nos dice que no existen gatos negros supersticiosos?

Soy Jordi Hortelano, nací en Badalona un 9 de septiembre de 1972, actualmente resido en Barcelona. Inicié mi periplo como escritor el 17 de febrero de 2016 con la publicación de un relato con doble lectura, El secreto del seňor Evol. Su gran aceptación y mi actividad en Facebook con la publicación de poemas y microrelatos me ha introducido en mundos como el de la librería LibrUp, ubicada en la calle Rosselló 361 de Barcelona. Un espacio para autores indies, donde podemos vender muestros libros e incluso editarlos y publicarlos, y en la que se celebran eventos, como concursos de poesía, presentaciones, grabación de programas literarios y entrevistas. También gracias a mi pequeňo libro y mi actividad literaria en las redes, pude ingresar como columnista en desafíosliterarios.com, una página creada para dar cabida a escritores noveles que busquen una buena promoción y a lectores ávidos de letras emergentes. En ella escribo todos los martes a las 20:00h un relato o poema en mi columna Goteando letras. Una actividad que me ha proporcionado afortunadamente un amplio número de lectores y conocer a otros escritores de calidad. En esta página, también he podido vender mi libro y apuntarme al taller de Enrique Brossa, donde he ido ampliando mis conocimientos sobre la escritura e intentando mejorar en mis textos. Es corta de momento mi andadura en este nuevo mundo, pero ya he tenido el honor en menos de un aňo de ser entrevistado tanto en LibrUp como en desafíosliterarios.com, en dos cadenas de radio locales y formar parte de eventos como la firma de ejemplares el día del libro o el black friday. Y he tenido además el privilegio de ser miembro de un jurado en un concurso de poesía y contertulio en un programa literario llamado Letras perdidas. Ahora mismo estoy preparando la segunda edición con Casandra 21 de El secreto del seňor Evol, tras dos tiradas de cien ejemplares vendidas con Bubok y culminando dos libros más, una novela corta de humor y un recopilatorio de relatos y poemas. Además he escrito una novela titulada Mientras el tiempo descansa que publicaré más adelante. Tengo amén de todo esto, otros proyectos individuales y en colaboración con otras personas.

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