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Era tan solo una niña, una de esas niñas cuyos sueños aún pesaban más que ella. Aquel día se anunciaba inolvidable, se cogió de la mano de su papá, no podía dejar de mirarla, era una mano fuerte, enorme, tan grande que en ella, estaba segura, cabían todas las cosas importantes que había en el mundo. Asida de esa mano se sentía segura, era imposible que pudiera pasarle nada, miraba asombrada como con tan solo los dedos, su padre lograba amparar la suya en el refugio más inconquistable que existía, y precisamente de su mano iba a cumplir aquella jornada inolvidable sus dos mayores sueños, conocer el mar y ver el tren. Había llegado el momento, por fin iba a visitar la ciudad, ese día llevaba haciéndole cosquillas en el rincón más secreto de su ilusión muchísimo tiempo.

Fue al llegar cuando se atrevió

a hacer su petición , en aquellos tiempos el respeto a los mayores era mucho mayor que las ganas de hablar, ella era solo una niña, ni siquiera gozaba de los privilegios de un varón:

< Padre, lléveme al mar.

< Aquí no hay mar, hija, respondió sorprendido su guía y protector.

< El mar está en las ciudades costeras, estamos muy lejos, esta ciudad no tiene mar.

En ese momento oyó crujir su primer sueño al estrellarse contra el suelo, todas las imágenes que le habían jugado en la mente durante el trayecto en el autobús de línea se habían secado en un instante. Pero no tuvo tiempo la decepción de aclimatarse a su niňez, porque en un decir Jesús un ruido se la llevó lejos de allí, abrió los ojos lo más que pudo y su mirada  ocupó el mundo en todos sus puntos  cardinales, una mirada verde que desde que se abrió la primera vez, le había dado un color distinto al pueblo ocre en el que había nacido. Vió como el sueño roto de conocer el mar se diluía entre el humo del tren y como aquel ruido ensordecía los latidos acelerados de su corazón. Estaba al lado de la estación y le pareció asombroso como aquel gigante de acero tan largo, podía transitar sobre un camino de piedras igual que los de su pueblo y depositó toda su atónita infancia en aquellos larguísimos hierros sobre los que circulaba su segundo sueño. La voz del guardarraíles con aquel inolvidable:

< Pasajeros al treeeeen, se le quedó tatuada en la piel de la memoria para siempre, y al arrancar dejó una estela eterna en forma de sonrisa infantil.

Se alejaron de allí y creyó ver en las líneas de la mano de su progenitor, vías de tren con dirección a la felicidad. Iban a ver a unos tíos suyos, al hermano de su padre y esposa. Al llegar a la casa la encontró extraňa, le faltaban cosas, no tenían corral, ni pajar, ni cuadras, ¿cómo podían vivir sin todo eso?, pero inmediatamente lo comprendió, ellos tenían el tren.

Era tan solo una niňa, llena de preguntas que se le acumulaban en el paladar hasta hacerle bola, pero no debía ser insolente, algún día sería una seňorita y no estaba en su condición inmiscuirse en los asuntos de los demás, así que se sentó en el sillón del salón, con las piernas juntas y los pies perfectamente alineados, al tiempo que alisaba una arruga rebelde que le fruncía la falda , y mientras los mayores hablaban en aquel lenguaje que se iba aprendiendo con los años, musitó una vida al lado de la estación.

Llegó la noche y su tía la acompañó a la que iba a ser su habitación, mientras los dos hombres seguían discutiendo sobre si el mundo se estaba yendo al garete por culpa de unos o por capricho de otros. Rezaron juntas sus oraciones hasta que la pequeña, que tan solo era una niña que iba a dormir por primera vez lejos de su madre y en otra cama, cayó rendida bajo el peso de las emociones vividas.

Fue entonces, a la hora en que a los niños se les posa un ángel en la cara, cuando los tres adultos abandonaron la casa para ir al teatro, en unas tres horas estarían de vuelta.

Al rato, algo interrumpió su sueño, alguien estiraba la sábana intentando destaparla, sobresaltada la agarró con fuerza para impedirlo pero quien fuera no desistía en su intento, cerró los ojos con fuerza, tal vez pensando que así no la verían a ella, intentó aguantar la respiración cuanto pudo pero seguían estirando de la sábana. Siempre había sido muy valiente, pero estaba asustada, y ese miedo que tienen las personas valientes fue el que la empujó a saltar de la cama e ir tanteando las paredes buscando la luz, no la encontraba y aquella presencia seguía estando allí, sus manitas nerviosas recorrían ágiles las paredes de aquella habitación, tenía que salir de allí lo más rápido posible, halló al fin la puerta, estaba entornada, la abrió y corrió hacia un resplandor que le guió hasta el balcón, estaba abierto, salió y gritó:

< Padreeee, tíooooos.

Estaba en un cuarto piso, todo estaba lejos, se agarró fuerte a los barrotes y volvió a gritar, nadie la oía, nadie excepto la vecina del tercero que salió alarmada:

< ¿ Quién eres pequeña, estás sola?

< Sí, no sé dónde está mi familia.

< No te preocupes, ya subo a estar contigo.

No tardó la vecina en subir a socorrerla y en cuestión de escasos minutos ya estaba llamando a la puerta, pero ella aún continuaba presa del pánico y eso la tenía inmóvil, incapaz de soltar las manos de los barrotes, mirando la ciudad lejana y pequeňa desde aquel cuarto piso. La luz de las farolas flotaba en el agua del río que pasaba justo por delante del piso de sus tíos, la vecina seguía insistiendo para que le abriera la puerta, pero no reaccionaba, solo miraba la ciudad y la luz flotante, estrangulado los barrotes con toda la fuerza que poseía. El tiempo pasaba en aquel balcón sin detenerse a mirar la hora, hasta que al fin se abrió la puerta de la entrada, su familia había regresado, rápidamente fueron hacia el balcón, el silencio regentaba la casa, llegaron con las prisas más rápidas que conocían, y allí estaba ella completamente paralizada, tal y como había permanecido todo el rato.  

< En esta casa no hay luz y no sé quién hay en la habitación que me destapa.

Su tía, se acercó a ella y le olió la mano, inmediatamente la llevó de nuevo a su cama, encendió la luz y pudieron ver sangre sobre las sábanas. Al final del lecho, al lado contrario de la cabecera había una gata blanca enorme, amamantando a cuatro gatitos como bolas de algodón. Había parido en su cama, en la cama que le había arrebatado aquella noche aquella intrusa.

Esta historia está basada en un hecho real. Le sucedió a mi madre el día que visitó la ciudad con mi abuelo y vio el tren por primera vez, yo tan solo lo he explicado a mi manera.

La frase del balcón está reproducida tal y como la dijo mi madre, y “ como bolas de algodón “, también es una frase suya.

Soy Jordi Hortelano, nací en Badalona un 9 de septiembre de 1972, actualmente resido en Barcelona. Inicié mi periplo como escritor el 17 de febrero de 2016 con la publicación de un relato con doble lectura, El secreto del seňor Evol. Su gran aceptación y mi actividad en Facebook con la publicación de poemas y microrelatos me ha introducido en mundos como el de la librería LibrUp, ubicada en la calle Rosselló 361 de Barcelona. Un espacio para autores indies, donde podemos vender muestros libros e incluso editarlos y publicarlos, y en la que se celebran eventos, como concursos de poesía, presentaciones, grabación de programas literarios y entrevistas. También gracias a mi pequeňo libro y mi actividad literaria en las redes, pude ingresar como columnista en desafíosliterarios.com, una página creada para dar cabida a escritores noveles que busquen una buena promoción y a lectores ávidos de letras emergentes. En ella escribo todos los martes a las 20:00h un relato o poema en mi columna Goteando letras. Una actividad que me ha proporcionado afortunadamente un amplio número de lectores y conocer a otros escritores de calidad. En esta página, también he podido vender mi libro y apuntarme al taller de Enrique Brossa, donde he ido ampliando mis conocimientos sobre la escritura e intentando mejorar en mis textos. Es corta de momento mi andadura en este nuevo mundo, pero ya he tenido el honor en menos de un aňo de ser entrevistado tanto en LibrUp como en desafíosliterarios.com, en dos cadenas de radio locales y formar parte de eventos como la firma de ejemplares el día del libro o el black friday. Y he tenido además el privilegio de ser miembro de un jurado en un concurso de poesía y contertulio en un programa literario llamado Letras perdidas. Ahora mismo estoy preparando la segunda edición con Casandra 21 de El secreto del seňor Evol, tras dos tiradas de cien ejemplares vendidas con Bubok y culminando dos libros más, una novela corta de humor y un recopilatorio de relatos y poemas. Además he escrito una novela titulada Mientras el tiempo descansa que publicaré más adelante. Tengo amén de todo esto, otros proyectos individuales y en colaboración con otras personas.

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Comments

  1. Buena narración de un hecho real experimentado por otra persona que no eres tú. A pesar de que era difícil transmitir sus emociones, lo has logrado. Felicidades, Jordi!

     
  2. Jordi!…se me ha erizado el vello de la piel…qué mal rato pasó tu madre y qué bien lo has narrado. Felicidades!…ah…es importante decir que no eres un robot…jeje. Besos!

     
  3. “Una de esas niñas cuyos sueños aún pesaban más que ella”, “una mano tan grande que en ella cabían todas las cosas importantes que había en el mundo”, “haciéndole cosquillas en el rincón más secreto de su ilusión”…
    Son solo algunas de las muchas composiciones que me dejan encandilado y enganchado al texto. Y es más, es que juntas son capaces de expresar una historia llena de ternura por los cuatro costados.
    Me ha faltado conocer la reacción de tu madre -o de la niña- al descubrir a la gata con sus gatitos… Pero, igualmente, el relato está redondo.

     

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