Su sonrisa en el espejo mostraba un rojo sediento de música y luces de neón . La negra y brillante noche que habitaba en su pelo vivía con la carga de tener que decidir si era mejor un moňo, una cola o caer en una cascada natural. Optó por esto último y el brillo de sus ojos giró al compás de su cuerpo al mirarse de perfil, aquella minifalda era ideal, le hacía una figura que la satifacía y ese top había nacido para que cada hilo se quedara prendado de su piel. Se sentía radiante y esa sensación tuvo su rúbrica final cuando en un guiňo sutil toda su sensualidad bajó a descansar sobre la forma que le daban a sus piernas aquellos increíbles zapatos de tacón.
Salió del baňo tan rápido que olvidó despedirse de su reflejo, pasó por el salón como arrastrada por una atracción mágica, era viernes, al fin viernes y tocaba bailar, bailar y bailar hasta que todas las melodías, ritmos y cadencias bostezaran de puro agotamiento. Fue tan vertiginosa su carrera hacia la felicidad que nadie hubiera podido negar sin dudarlo antes que la puerta también había corrido hacia ella.
< Un momento seňorita.
La voz de su padre asomó la nariz bajo un bigote gris tan frondoso que a nadie le hubiera extraňado tuviera escondidos bajo su volumen todos los te quiero que le había dicho cuando era niňa.
< No pretenderás irte sin darme un beso, aňadió su pipa a través de los labios mientras el humo vestía los segundos de gris ceniza.
< Papaaaaaa, protestó ella mientras se dirigía hacia el sofá donde él y su esposa veían el programa de moda en televisión.
< Mira que eres cansino Tomás, apuntó la seňora a modo de reproche colgado de un gesto de resignación.
Don Tomás no había apartado la vista de la pantalla ni un solo instante y no parecía que aquello fuera a cambiar, no se inmutó ante ninguna de las dos protestas, ni uno solo de los músculos de su espalda se separó del respaldo de su trono provisional.
< Ya no soy una niňa Papá, refumfuňó ella posando su fastidio en la mejilla de su padre.
< ¿Y desde cuando los besos tienen edad?, preguntó impertérrito él
< Última vez, papá, última vez, dijo ella llevándose la voz a rastras.
< Porque tú lo digas pequeňa, musitó él sin mover un solo gesto.
< Supongo que esa falda es consecuencia de los recortes del gobierno, apostilló mientras los tacones de su hija se alejaban al son de sus latidos.
< Deberías dejar de tratarla como si fuera una niňa, Tomás, la ridiculizas.
< Sigue siendo una niňa, no tiene aún los diecisiete aunque los aparente.
< Los tiempos han cambiado, Tomás, ahora se hacen mayores mucho antes.
< Los tiempos no cambian, querida, cambian las personas y sus ideas.
Faltaban unas horas para que la noche pariera a la madrugada y ya estaba envuelta ella en el abrazo del gentío que esperaba a la puerta de la discoteca que más molaba del planeta.
<Mierda, hoy no está el portero de siempre, a ver si no nos van a dejar entrar, apuntó contrariada su amiga.
Ya en la puerta, los nervios amenazaban con salir corriendo. El seguridad de la entrada las miró cuando les tocaba acceder, ellas se buscaron con los ojos y el mundo transcurrió a doble velocidad.
< ¿ Teneis la edad?, preguntó.
< Sí, claro, ¿no nos ves?, sonrió ella. Pregúntale a Willy, él nos conoce.
< Bien, pasad acertó a decir sin tenerlas todas consigo.
Una vez dentro se abrazaron y se fueron directas al baňo a comprobar si su tiempo frente al espejo permanecía intacto.
< A ver si hoy hay suerte con algún tío bueno, dijo alegre su amiga. He visto uno con barbita en la entrada para comérselo.
< Yo quiero bailar, he venido a bailar.
La noche avanzó con la estridencia de la adolescencia y no tardó su amiga en depositar sus ganas en la boca del barbitas. Pero ella había ido a bailar, y suguió mostrando su pasión por ese arte entre mil sombras intermitentes.
Su belleza y la de sus movimientos inundaron el recinto de miradas de deseo y no se demoró el primer chico en acercarse a ella. Era el más popular del barrio, todos le conocían, le debía sacar unos cinco aňos, y sus músculos escribián bajo su camiseta todas las horas de gimnasio. Era irresistible y lo sabía, fue ganándole terreno hasta acercarle al oído todas las palabras seductoras que le harían triunfar. Unas risas traviesas unas caricias en el brazo y sería suya, ese tipo de crías se morían por los hombres de su edad. Cuando ya la tenía completamente cachonda, la besó. Pero no fue un beso de dos, se quedó solo a las puertas del cielo del paladar. Ella lo apartó con delicadeza sin dejar de sonreír, el extásis que él había visto en ella lo había provocado el placer del baile.
< Lo siento, quiero bailar.
El macho herido dio media vuelta no sin antes decirle lo que pensaba de ella, maldita niňata de mierda. La intensidad de la felicidad de ella era proporcional al volumen de la música y no tardó el cazador en encontrar otra presa que cayera a sus pies tras dos sonrisas. Siguieron las horas ensordeciendo las notas musicales y llevándose los minutos igual que el barbitas se había llevado a su amiga a un lugar donde esconder las caricias. Decidió marcharse con la música ya tatuada en su piel y se dirigió antes al baňo, el tráfico en el pasillo que desembocaba en los aseos ocultaba las caras tras la multitud, pero él la vio al salir, la cogió del brazo tapándole la boca con unos labios furiosos y la empujó contra la pared sujetándole las muňecas con una sola mano por encima de la cabeza. Ni uno solo de los besos que le dio fue correspondido, ni siquiera un solo poro de su piel se sintió a gusto al contacto con los dedos de él, pero el cazador sabía que ella se moría de ganas. Ella le dijo que no de todas las maneras que conoce el cuerpo de una mujer, pero él cegado por las mieles de su éxito la llevó hasta el baňo y allí culminó su triunfo mientras la adolescencia de la chiquilla se diluía en una lágrima en cada embestida.
Unos minutos después encaminó sus pedazos hacia casa, con una frase aporreando su mente, quiero bailar, quiero bailar y la mirada resquebrajada entre los ojos.
Entró en casa en silencio evitando que su vergüenza despertará a sus padres, se quitó los zapatos y se dirigió a la ducha con la intención de arrancarse la piel frotando. A punto estuvo el tiempo de morir ahogado de tanto rato que estuvo intentando eliminar la noche de su cuerpo y lograron empatar las lágrimas con las gotas de agua. Al salir encontró a su madre frente a la puerta esperándola, conocía a su hija y al mirarla a los ojos se derrumbó de rodillas contra el suelo, apretando los puňos como queriendo con ello destruir aquel momento. Rompieron a llorar al unísono, tras derrumbarse ella también quedando ambas de rodillas fundidas en un abrazo repleto de desconsuelo.
< No es culpa tuya, hija mía, no es culpa tuya, repetía su madre sin dejar de abrarla y rota en llanto.
El humo de la pipa de su padre se derramó desde el umbrío umbral de su habitación en forma de grito sordo y estremecedor que no emitió un solo sonido.
Pasaron las semanas y la sombra de su hija emitía más luz que ella misma, su padre se sentó con ella en silencio todas las tardes, tal vez queriendo evitar el inevitable odio a los hombres que sentía su pequeňa, quizá por suplir a su esposa en las tareas de un consuelo imposible y con solo una petición:
< Díme quien fue, soy juez, dímelo.
Meses más tarde logró que esa pregunta entrara en los oídos de su hija a empujones y al fin habló. Cayó la pipa estrellándose contra el suelo y desparramando el tabaco a sus pies y se incorporó el hombre arrancando de cuajo el letargo doloroso que ocupaba la casa desde entonces. Se fue hacia la habitación, cogió una carpeta y se dirigió al despacho del juzgado, localizó al cazador y se le desoxidó la sonrisa. Se levantó de la silla frente al ordenador cogió la carpeta apretándola muy fuerte contra sus dedos y se fue en su busca completamente satisfecho. La casa del cazador estaba en uno de los mejores de la ciudad, llamó al timbre. La luz que mostró el portal al abrirse mostró la silueta de una seňora.
< ¿ Qué se le ofrece?
< Quisiera hablar con su hijo
< Es muy tarde, ¿ que quiere de él, quién es usted?
< Soy el juez Castro, he de verlo.
La mujer miró al juez, dejando resbalar su mirada hacia la carpeta que aferraba éste con fuerza.
< Un segundo.
Minutos más tarde apareció el cazador sin camiseta, mostrando su torso perfecto. Sin tiempo de abrir la boca, el juez se llevó la mano al bolsillo de su abrigo y sonaron tres disparos que horadaron la belleza del cazador para siempre. El grito de su madre no consiguió tapar el ruido que ejercíaň los dedos del juez rompiendo dos fotografías que mostraban, una la imagen familiar de los tres y otra la de su hija de niňa, y que había sacado de su carpeta para esparcir los trozos sobre el cadáver del cazador.

Soy Jordi Hortelano, nací en Badalona un 9 de septiembre de 1972, actualmente resido en Barcelona. Inicié mi periplo como escritor el 17 de febrero de 2016 con la publicación de un relato con doble lectura, El secreto del seňor Evol. Su gran aceptación y mi actividad en Facebook con la publicación de poemas y microrelatos me ha introducido en mundos como el de la librería LibrUp, ubicada en la calle Rosselló 361 de Barcelona. Un espacio para autores indies, donde podemos vender muestros libros e incluso editarlos y publicarlos, y en la que se celebran eventos, como concursos de poesía, presentaciones, grabación de programas literarios y entrevistas. También gracias a mi pequeňo libro y mi actividad literaria en las redes, pude ingresar como columnista en desafíosliterarios.com, una página creada para dar cabida a escritores noveles que busquen una buena promoción y a lectores ávidos de letras emergentes. En ella escribo todos los martes a las 20:00h un relato o poema en mi columna Goteando letras. Una actividad que me ha proporcionado afortunadamente un amplio número de lectores y conocer a otros escritores de calidad. En esta página, también he podido vender mi libro y apuntarme al taller de Enrique Brossa, donde he ido ampliando mis conocimientos sobre la escritura e intentando mejorar en mis textos. Es corta de momento mi andadura en este nuevo mundo, pero ya he tenido el honor en menos de un aňo de ser entrevistado tanto en LibrUp como en desafíosliterarios.com, en dos cadenas de radio locales y formar parte de eventos como la firma de ejemplares el día del libro o el black friday. Y he tenido además el privilegio de ser miembro de un jurado en un concurso de poesía y contertulio en un programa literario llamado Letras perdidas. Ahora mismo estoy preparando la segunda edición con Casandra 21 de El secreto del seňor Evol, tras dos tiradas de cien ejemplares vendidas con Bubok y culminando dos libros más, una novela corta de humor y un recopilatorio de relatos y poemas. Además he escrito una novela titulada Mientras el tiempo descansa que publicaré más adelante. Tengo amén de todo esto, otros proyectos individuales y en colaboración con otras personas.

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