No sabría definir en qué momento empezó todo a forjarse ya que en Pakeri no se miden los días en mañana, tarde y noche. Ni siquiera sabría decir qué aspecto tiene Sotu, el protagonista de mi historia.

Yo ya llevaba un buen tramo recorrido de mi destino cuando aquellos seres se pusieron en contacto conmigo de la manera más eficaz que podían hacerlo, aprovechando mi condición de melómano.

Soy un tipo de lo más normal, según lo estipulado por las normas terrestres. Huyo de los problemas, me preocupo por los míos y su bienestar y cumplo con lo que esperan de mí los que aún esperan alguna cosa, pero si algo me caracteriza es mi pasión por la música. No recuerdo un solo día de mi vida que no tenga su propia banda sonora. Cuando tomaron contacto conmigo mi presente era tan rutinario como lo es ahora, los días parecían paridos por un espejo igual que hoy, lo mismo que mañana. Este jueves fue idéntico al martes pasado y el lunes una copia exacta al domingo de hace 369 días. Todas las mañanas me despertaba, igual que ahora, con una canción de mi grupo preferido. Decidí ponerla como sonido de la alarma del móvil. Justo antes de asearme escojo un CD y lo escucho mientras me empleo a fondo en mi higiene personal y eso es justo lo que hice ese día. Una vez listo conecto los cascos al teléfono y me dirijo al parking a buscar el coche para ir a trabajar. Durante el trayecto hacia un trabajo que no es ni peor ni mejor que el de cualquiera de las personas que ocupan mi entorno escucho un disco al azar y repito todo el proceso cuando acaba mi jornada laboral y vuelvo a los brazos de mi hogar. Y eso es exactamente lo que hice entonces.

Me tenían muy estudiado, sabían como llamar mi atención y no sabría explicar cómo lograron introducir un código alfanumérico entre las notas musicales de cada uno de los temas que yo escuchaba para comunicarse conmigo y poder decirme todo aquello que ahora sé.

Viven en un lugar llamado Pakeri, mucho más allá de los límites imaginados, su planeta o lo que sea aquel lugar no tiene formas reconocibles por el ojo del ser humano. Según me dijo Sotu, el portavoz que escogieron para contactar conmigo a través de la música, nosotros los terrestres tenemos unas figuras que conocemos desde que empezamos a aprendernos nuestro mundo, el círculo, el cuadrado, el triángulo… pero existen otras formas que somos incapaces de ver. Lo mismo pasa con los estados líquido, sólido y gaseoso, hay más estados, muchos más, pero no estamos capacitados para reconocerlos. Se reía Sotu un día hablando conmigo a través de “The Wall” de Pink Floyd de la imagen que tenemos los de aquí de los de allí. Orejas puntiagudas, cabezas enormes y ovaladas, colores como el verde o el morado. Su forma, su color, su lenguaje, todo en ellos escapa a nuestros conocimientos. Aunque los tuvieramos delante de nuestras narices seríamos incapaces de saber que están ahí porque ni siquiera su estado es perceptible a nuestra mirada.

Pude comprobar la veracidad de lo que Sotu me explicaba una tarde que hablamos mediante un disco de OMD. Me pidió que me dirigiera al antiguo campo de fútbol del barrio, hoy desierto de gritos y de vida y que esperara allí. Yo llevaba los cascos puestos como siempre pero aquel día eran más necesarios que nunca porque justo en el momento en el que empezara a sonar el primer tema de su disco “Sugar Tax” aterrizarían con una de sus naves y se presentarían tal y como son. Por supuesto nuestro encuentro y conversación duraría lo que dura el disco, unos cincuenta minutos y según lo estipulado, en cuanto empezó a sonar la primera canción, su vehículo espacial o como queramos llamarlo se posó sobre los matojos que ahora crecían en el suelo del antiguo estadio y fueron saliendo de uno en uno para iniciar un contacto físico.

No pude por supuesto ver su medio de transporte, ni como eran ninguno de ellos, pero Sotu me fue explicando a través de la música todos sus movimientos. Me contó que en otros lugares extragalácticos e intergalácticos seres de otros planetas no nos podían ver porque no estaban capacitados para ello. Nuestras medidas, formas y estados estaban situados en su fase pentafísica, una fase imposible de alcanzar para sus sentidos. Que no todos los seres de otros lugares del infinito eran más inteligentes que nosotros, que en muchos vivían en lo que los terrestres  conocemos como la prehistoria y en otros aún nos faltaba evolucionar siglos para llegar al nivel intelectual y científico que ellos tenían. Me puso al corriente del ínfimo conocimiento que tenemos respecto a otros planetas y me prometió hallar la forma de llevarme a su mundo.

Conocerlos me ha proporcionado ampliar las miras y poder extender mis rutinas sobre el infinito de mi imaginación y hoy me he dado cuenta que gracias a ellos la monotonía que me tenía maniatado y me impedía evolucionar ha desaparecido. Soy un hombre nuevo, he decidido empezar de cero y esperar a que Sotu se ponga de nuevo en contacto conmigo y seguir ampliando mis conocimientos sobre la especie humana. Quiero descubrir algo grande, sobrepasar los límites establecidos, abrirle los ojos a la humanidad sobre lo que hay ahí fuera. Nos rodea un mundo tan atractivo como misterioso y yo pensándolo fríamente he sido elegido para conocerlo y ser el mesías moderno de mi raza. No sé muy bien por qué, nunca me he considerado nada especial, jamás destaqué en nada, pero seres alienígenas me han proporcionado a través de mi pasión una información de la que carecen el resto de seres humanos. Ahora solo me queda, tal y como me indicó Sotu, eliminar mi entorno, acabar con todo lo que soy ahora para reiniciarme y empezar a aprender como aprende un bebé. Desde el auténtico punto de inicio. Nada de lo que tengo debe existir, ni una sola cosa de lo que ahora es mi vida debe seguir en mi día a día. Tan solo he de conservar la música, ella es mi vía de comunicación, gracias a las canciones y a las notas musicales lograré ser un ser excelso, superior en conocimientos al ser más inteligente de mi planeta. Sólo he de hacer una cosa, acabar con todo lo que significa mi yo actual. Subiré el volumen del equipo musical, tal y como me dijo Sotu, la música del disco que me propuso escuchar ha de envolverme y a través de ella sabré qué hacer. Veo a Sandra al fondo del pasillo, está preciosa, hoy más que nunca. A pesar de los baches que produce la erosión de los años siempre nos hemos llevado bien y me ha dado un hijo maravilloso. Raúl es lo mejor que me ha pasado nunca. No me cansaría nunca de verle jugar, estaría un día entero tan solo observándole. Ahí está en la mesa del comedor, con los cascos puestos y estudiando un mapa del mundo.

No hay nadie en la cocina, Sandra se retrasa en preparar la cena. Hoy le toca a ella. Aquí está el cuchillo, si algo ha habido en esta casa siempre es orden, todo está donde debe estar. No te asustes amor, no grites, he de empezar de cero. No puede quedar nada de mi vida actual. Te aseguro amor que me está doliendo más tu mirada de lo que te pueden doler a ti mis puñaladas.

Tu sangre sobre el suelo es como un río que desemboca al futuro.

Raúl, hijo mío, ¿no puedes moverte?. Me miras desde el comedor de pie, temblando.  ¿No puedes hablar? ¿ O es que acaso Sotu te ha hecho entender a través de la música cual es mi misión?

No te va a doler, te lo prometo. Va a ser un corte limpio en la garganta, tal vez te salga la voz entonces. Prefiero que grites como tu madre, la música ahogará cualquier sonido que emitas, está lo suficientemente alta para ello. Habla por dios, ese silencio horrible que encierras en las lágrimas que no dejan de mirarme me está haciendo mucho daño.

Ya está hijo mío, ya está. Ya se han callado tus ojos. Empieza mi vida. Por fin todo tiene sentido. Ya solo me queda sentarme a esperar.

 

Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación
Esperando un eclipse
me quedaré
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas
Dibujando una elipse
me quedaré
entre el sol y mi corazón
Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas
Y he aprendido a esperar sin razón
Soy metálico en el Jardín Botánico
Con mi pensamiento sigo el movimiento
de los peces en el agua
Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación
Esperando un eclipse
me quedaré
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas
Dibujando una elipse
me quedaré
entre el sol y mi corazón.

 

La estatua en el jardín botánico. (Radio Futura).

Soy Jordi Hortelano, nací en Badalona un 9 de septiembre de 1972, actualmente resido en Barcelona. Inicié mi periplo como escritor el 17 de febrero de 2016 con la publicación de un relato con doble lectura, El secreto del seňor Evol. Su gran aceptación y mi actividad en Facebook con la publicación de poemas y microrelatos me ha introducido en mundos como el de la librería LibrUp, ubicada en la calle Rosselló 361 de Barcelona. Un espacio para autores indies, donde podemos vender muestros libros e incluso editarlos y publicarlos, y en la que se celebran eventos, como concursos de poesía, presentaciones, grabación de programas literarios y entrevistas. También gracias a mi pequeňo libro y mi actividad literaria en las redes, pude ingresar como columnista en desafíosliterarios.com, una página creada para dar cabida a escritores noveles que busquen una buena promoción y a lectores ávidos de letras emergentes. En ella escribo todos los martes a las 20:00h un relato o poema en mi columna Goteando letras. Una actividad que me ha proporcionado afortunadamente un amplio número de lectores y conocer a otros escritores de calidad. En esta página, también he podido vender mi libro y apuntarme al taller de Enrique Brossa, donde he ido ampliando mis conocimientos sobre la escritura e intentando mejorar en mis textos. Es corta de momento mi andadura en este nuevo mundo, pero ya he tenido el honor en menos de un aňo de ser entrevistado tanto en LibrUp como en desafíosliterarios.com, en dos cadenas de radio locales y formar parte de eventos como la firma de ejemplares el día del libro o el black friday. Y he tenido además el privilegio de ser miembro de un jurado en un concurso de poesía y contertulio en un programa literario llamado Letras perdidas. Ahora mismo estoy preparando la segunda edición con Casandra 21 de El secreto del seňor Evol, tras dos tiradas de cien ejemplares vendidas con Bubok y culminando dos libros más, una novela corta de humor y un recopilatorio de relatos y poemas. Además he escrito una novela titulada Mientras el tiempo descansa que publicaré más adelante. Tengo amén de todo esto, otros proyectos individuales y en colaboración con otras personas.

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