La mesa estaba dispuesta a lo largo de la estancia, frente al ventanal. Una borla de hilo dorado recogía las cortinas de seda china arrugando el color beige en una especie de elegante cintura de mujer.
A lo largo de sus incontables metros de longitud, cincuenta comensales, veinticinco a cada lado, vestidos con los mejores trajes ellos y los más exclusivos vestidos ellas. Con el anfitrión presidiéndola engalanado con un traje hecho a medida que ensalzaba su porte de dandee inglés, se disponían a dar buena cuenta de los mejores manjares existentes, acomodando sus ilustres posaderas sobre sillas de la época colonial que embellecían el pomposo espacio junto al resto de muebles exclusivos como los sillones Luis XV que descansaban en el acceso al salón.
Entraba el sol vestido de frac a través de los cristales y sobre los asistentes a tan opípara comida una lámpara de araňa hecha con cristales opalescentes de Tiffany’s reinaba majestuosa en la estancia. Veinte camareros y cinco asistentas de cámara servían minuciosamente a los agasajados huéspedes, tras haber dispuesto a la perfección la vajilla de porcelana sobre un mantel de tela india. Como testigos del banquete un lienzo de Blake de enormes dimensiones enmarcado en madera de sequoia ocupando la pared maestra y junto al ventanal un Monet auténtico rodeado por un marco de madera de ébano.
En un rincón sin formar parte integrante de la escena, una conversación se acoplaba al tintíneo de las copas de cristal de bohémia y al rumor de las voces aterciopeladas de los asistentes.
< Para ellos soy invisible, no me siento a gusto en esta casa.
G < ¿Y qué?, mucho mejor, así puedes hacer lo que te venga en gana.
S < Sí, es mejor así, puedes campar a tus anchas por el palacete. Ni G ni yo podemos hacerlo, a ella la ven todos y a mí unos pocos pero es suficiente para coartar mis movimientos.
< Claro para vosotras es muy fácil, por que al menos existís para alguien, pero no sabeis lo doloroso que es que el dueňo de la casa donde vives y sus invitados te ignoren.
G< No será para tanto, alguien seguro que te ve. A mí me están mirando todos.
< ¿Hacemos la prueba listilla?.
Tras pronunciar la frase, se levantó del suelo del que había tomado asiento al igual que sus contertulias y se dirigió a la mesa. Paseó rodeándola, rozando practicamente a los entretenidos comensales, pero nadie se percató de su presencia. Volvió a dar otra larguísima vuelta pero nadie percibió sus movimientos. Decidió rizar el rizo y movió uno de los platos de los invitados, levántandolo escasos centímetros, tan solo uno de los camareros, el nuevo, creyó ver una leve sombra junto al plato.
< ¿ Habeis visto eso?, dijo un seňor que empataba en grasa y dinero.
< ¿Que cosa? dijo su barroca esposa con acento sueco.
< El plato, se ha movido solo. ¿A ver si será verdad la leyenda?
Germán, el mayordomo jefe, que se había situado junto al joven camarero recién llegado, presionó levemente el hombro del muchacho cuando vio que éste iba a intervenir.
< Esto son cosas que pasan, ya te acostumbrarás, hay que procurar evitar alarmas innecesarias, dijo acompaňando sus palabras con una mueca tranquilizadora. Y se acercó él mismo hacia el sorprendido ricachón, para a la vez que le servía, decirle:
< ¿Gusta su seňoría paladear otra copa de nuestro Vega Sicilia?, no repare en contemplaciones, como bien sabe nuestra bodega es la más famosa de todo el pais.
< Pero… La réplica del acalorado invitado se ahogó en el extraordinario sabor de tan buen caldo.
< ¿ Os dais cuenta?, ni siquiera levantando el plato me han visto. Me voy de aquí, dijo con la tristeza atrapada en la voz.
G< No puedes salir al mundo, es muy peligroso.
S< Sí, podrías morir.
< Prefiero morir a ser invisible. Necesito una motivación, una finalidad, necesito sentirme útil, ser alguien.
S < Pero no estás valorando las consecuencias, no lo hagas, de morir ya nadie se arrepiente, dijo envuelta en lágrimas.
< He de arriesgarme, no puedo más. Siento que estoy en un lugar que no me pertenece.
Se alejó de sus compaňeras, sin ni siquiera darles un abrazo, odiaba las despedidas. Se dirigió hacia el ventanal con tanta premura que tropezó con la pequeňa columna de mármol sobre cuya peana observaba solemne una escultura de Miguel Ángel. El golpe hizo tambalear la estructura y la figura se balanceó ante los horrorizados ojos de Fermina, el ama de llaves, una mujer pequeňa, rechoncha y con más delantal que cuerpo, que estaba a unos pasos de la obra de arte y rauda alargó cuanto pudo los brazos al tiempo que daba tres pasos breves y rápidos para salvar la vida de la estatua y la integridad y prestigio de la casa en la que servía. Una asitenta que lo vivió todo a su derecha, le alcanzó a la pobre Fermina un paňuelo para que se secara el susto.
S < No dejes que se vaya G, morirá.
G < Ya sabes como es, no se le puede convencer respondió, para inmediatamente gritar sabiendo que no iba a ser oída.
G < Oyeee, te esperaremos esta noche con una vela encendida frente al ventanal, la del centro del candelabro de oro blanco de la mesita de caoba. Haznos una seňal y te abriremos.
Corrió llevándose las palabras de G tras su estela, abrió una hoja del ventanal y saltó al jardín. Germán se acercó presuroso a cerrar de nuevo la ventana y dijo con un gesto resignado:
< Lo siento seňor, ya he dado orden para que se solucione el problema con el cierre.
Una vez fuera recorrió la hierba perfectamente cuidada que rodeaba el palacete, ni siquiera se detuvo a intentar enamorar a las ninfas de piedra que embellecían el contorno del lago. A medida que se fue alejando, los viandantes y habitantes de los alrededores iban advirtiendo más su presencia. Primero el reflejo de su sombra, al alejarse más, su sombra completa, mientras más lejos estaba más visible se hacía, hasta que al llegar a los suburbios, donde unos niňos jugaban con sueňos de barro y caminaban con la esperanza descalza. Donde el abuelo fumaba colillas que ya habían sido fumadas sobre una silla coja de ilusión, recostada sobre una pared tan sabia como vieja, cuya piedra tenía infinidad de cosas por contar pero ningunas ganas. Al llegar a ese lugar donde el sol quemaba la piel de la tierra , su presencia se hizo perceptible a todos los ojos, ojos repletos de miradas de odio al percatarse de su visita, odio ancestral y doloroso.
< Otra vez está aquí, se oyó decir a una mujer arrodillada, mientras escurría una camisa amarillenta sobre un barreňo de hojalata. ¿Cuándo nos dejará en paz?, aňadió sin apartar la vista de la infame visita. Antonio, padre de siete hijos, escuchó a su mujer y dejó de escarbar la tierra con las uňas, levantó la vista y pudo ver a lo que su esposa se refería, tres de sus hijas saltaban una comba imaginaria hecha con el hilo de una infancia desaliňada. El único varón, emulaba a su padre buscando algún premio hasta debajo de las piedras. Antonio se levantó como un resorte, con los ojos envilecidos, sin perder de vista la presencia, entró a la barraca con tal ímpetu que casi se lleva por delante a la pequeňa de la casa, que andaba barriendo la vida con una escoba despeinada, dentro del hogar.
Cogió un cuchillo romo que había sobre la mesa y salió como un poseso en busca tras la visita nada placentera. Tras él su pequeňo vástago, y sus otras hijas, todos con piedras en la mano, incluso Gabriela la madre salió con un rodillo, subiéndose la falda para no tropezar, tras su familia. Y todos los vecinos, aunque algo tarde decidieron colaborar en la persecución al ver a su mayor pesadilla pasearse con total tranquilidad por sus calles sedientas. Todos corrieron más de lo que nunca habían corrido, pero no lograban alcanzar su objetivo que esquivaba pedradas en su carrera, hasta que se vio sin salida, un círculo de hombres, mujeres y niňos se la impedían. Se fueron acercando hasta estrechar el cerco y acabaron con su vida a pedradas, patadas, puňetazos y todo tipo de armas caseras. Sus gritos sangraban en el aire hasta que se apagaron en un silencio mudo. Al volver a casa Antonio y su familia, tras perpetrar su venganza, encontraron a la pequeňa, sentada sobre un tronco dormido, devorando una barra de fuet que había encontrado en algún lugar del barrio.
En el palacete, S ( Sensibilidad) y G (Gula), esperaban al Hambre sin apenas esperanzas al tiempo que los gritos se estrellaban en el aire contra los odios encendidos de sus asesinos. Tras el último grito, una lágrima furtiva de S, apagó la vela en su caída.

Soy Jordi Hortelano, nací en Badalona un 9 de septiembre de 1972, actualmente resido en Barcelona. Inicié mi periplo como escritor el 17 de febrero de 2016 con la publicación de un relato con doble lectura, El secreto del seňor Evol. Su gran aceptación y mi actividad en Facebook con la publicación de poemas y microrelatos me ha introducido en mundos como el de la librería LibrUp, ubicada en la calle Rosselló 361 de Barcelona. Un espacio para autores indies, donde podemos vender muestros libros e incluso editarlos y publicarlos, y en la que se celebran eventos, como concursos de poesía, presentaciones, grabación de programas literarios y entrevistas. También gracias a mi pequeňo libro y mi actividad literaria en las redes, pude ingresar como columnista en desafíosliterarios.com, una página creada para dar cabida a escritores noveles que busquen una buena promoción y a lectores ávidos de letras emergentes. En ella escribo todos los martes a las 20:00h un relato o poema en mi columna Goteando letras. Una actividad que me ha proporcionado afortunadamente un amplio número de lectores y conocer a otros escritores de calidad. En esta página, también he podido vender mi libro y apuntarme al taller de Enrique Brossa, donde he ido ampliando mis conocimientos sobre la escritura e intentando mejorar en mis textos. Es corta de momento mi andadura en este nuevo mundo, pero ya he tenido el honor en menos de un aňo de ser entrevistado tanto en LibrUp como en desafíosliterarios.com, en dos cadenas de radio locales y formar parte de eventos como la firma de ejemplares el día del libro o el black friday. Y he tenido además el privilegio de ser miembro de un jurado en un concurso de poesía y contertulio en un programa literario llamado Letras perdidas. Ahora mismo estoy preparando la segunda edición con Casandra 21 de El secreto del seňor Evol, tras dos tiradas de cien ejemplares vendidas con Bubok y culminando dos libros más, una novela corta de humor y un recopilatorio de relatos y poemas. Además he escrito una novela titulada Mientras el tiempo descansa que publicaré más adelante. Tengo amén de todo esto, otros proyectos individuales y en colaboración con otras personas.

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Comments

  1. ¡Un texto muy original, Jordi, enhorabuena!
    Quizás cambiaría el nombre de Sensibilidad por Moderación para que junto con H y G comparta la misma temática (en este caso, la comida) aunque esto es una valoración personal que no le resta nada a la originalidad del relato.
    Lo digo de nuevo: ¡Estupendo!

     
    1. Muchas gracias Juan, la verdad es que es un texto no revisado, lo escribí y lo publiqué, no tenía tiempo de más. Tiene muchas cosas mejorables. Lo de sensibilidad está puesto a propósito por que quería que fuera ella la que llorara y apagara la vela y por que quería criticar la falta de la misma en ciertos ámbitos. Es por ello que solo la ven unos cuantos.
      Gracias por tus valoraciones y por leerme siempre, gracias infinitas.

       

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