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Las sirenas atronaban el aire. todos los camiones de bomberos pasaron delante de mí a una  velocidad endiablada. El contingente se perdió por la carretera de la playa. Algo muy grave debe de haber pasado, pensé.

Cuando llegue a casa conecté la televisión para ver si daban alguna noticia. Las imágenes mostraban una densa humareda cerca de la plataforma de extracción de gas que se encontraba a un kilómetro más o menos de la playa. Estaba bien señalizada pero, inexplicablemente, un petrolero había chocado con ella y se había producido una explosión enorme. Todavía no estaban seguros de qué había ocurrido decía el comentarista de la emisora, pero al parecer un golpe de mar había hecho perder el rumbo al barco y rozado una de las esquinas de la plataforma.

Desde la playa partían lanchas con bomberos, personal sanitario y salvamento marítimo para evaluar los daños producidos y preparar la evacuación de trabajadores y heridos. El rescate iba a ser bastante difícil y apagar el incendio aún peor. No podían contar con los helicópteros puesto que la visibilidad desde el aire era nula a causa de la humareda y la niebla que cubría la zona.

Las ambulancias aparcadas en fila esperaban poder atender a las personas que se trajesen en las lanchas.

Ivón, un bombero curtido en el arte de apagar incendios, rescatar personas Desde mi ventana es un libro de relatos de fantasíaenterradas por aludes de nieve, niños enganchados en las rejas de balcones, gatitos subidos a los árboles o caballos caídos en algún pozo o alcantarilla, comandaba la primera lancha que salió de la playa. Era un experto profesional y por eso sus superiores le habían encargado que se hiciese cargo de sofocar el incendio de la plataforma junto al pequeño contingente de bomberos que siempre estaba en ella.

Si el fuego había prendido solo en la base y aledaños, podría ser extinguido sin problemas, gracias a la cantidad de agua disponible, pero si lo que ardía era alguno de los focos de exploración por lo que salía el gas, la cosa era diferente.

Cuando llegaron el caos era total. Tuvieron bastantes dificultades para desembarcar e Ivón pudo evaluar de un vistazo lo difícil de la situación. El barco había quedado enganchado en la plataforma y ésta se inclinaba peligrosamente hacia él. Una capa pringosa y oscura salía a borbotones por el boquete abierto en el casco. El fuego se extendía por una parte bastante amplia y la explosión que lo había producido había herido a personal importante del mantenimiento, entre ellos un par de bomberos con los que no podían contar para atajar el incendio que según pudo observar el hombre no afectaba a partes importantes de la plataforma.

Se puso en contacto con los otros dos bomberos que no estaban heridos para que le diesen información de los daños y los medios con los que contaban. Ya habían comenzado a sofocar el incendio cuando una enorme llamarada de color azulado se elevó hacia el cielo desde uno de los pozos. Había pasado lo que querían evitar. El gas estaba ardiendo y deberían apagarlo lo antes posible. Corrían un peligro terrible si el calor hacía prender los demás pozos. Era necesario provocar una explosión en la boca del lugar incendiado para privarle del oxígeno que lo alimentaba con lo que se conseguía el efecto deseado que dejase de arder. Era una tarea difícil y arriesgada para la que necesitaban personal suficiente para remojar toda la superficie de la plataforma.

Los primeros heridos partieron hacia la playa donde las ambulancias los llevaron al hospital que ya estaba sobre aviso. A la vuelta transportó varios bomberos más y el material necesario para producir la explosión controlada del pozo incendiado.

 

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Photo by Antramir

Nicole Regez

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