LA MÁQUINA DEL TIEMPO
Me apetece escribir. Desde que me levanté tengo ganas de hacerlo. Acerca de qué, pues es algo que no tengo claro. Me han dicho que he de observar. Que me tome un tiempo, que me detenga, que mire lo que hay a mi alrededor. Una vez hecho esto, se trata de ponerse frente a un papel en blanco, con boli en mano y dejarse llevar. Dejar que sea el papel quien reciba todas esas palabras que se acumulan una tras otra. Que sea él quien a través de ellas cuente una historia u otra. Puede que al principio surjan un montón de palabras que no digan nada en concreto, pero dice él, que es quien sabe de esto, que es normal, que no me preocupe. Y estoy aquí sentada frente al ordenador, escuchando música instrumental, y dejando que las palabras fluyan. Oigo canciones interpretadas por un saxofón. Es un instrumento que junto con el piano, siempre me ha gustado. El caso es que estaba pensando que, quizás debería ir a unas clases donde me enseñen a tocarlo. Estaría bien. Sería una forma de sacarle esas melodías que tanto me gustan. Esas que por alguna situación determinada, significan algo. Armonías que personalizan momentos. Que se convierten en una especie de himno cuando las oyes. Que evocan recuerdos. Que traen por un instante sentimientos que en algunas ocasiones ya se han olvidado, o que quizás ocultes bajo un denso manto para evitar que hagan daño. Melodías que marcan nuestras vidas de alguna forma. Notas musicales que se escapan de algún instrumento y que van en busca de momentos vividos. Momentos que, aunque ya estén en el pasado, el hechizo de los acordes los reviven nuevamente. Al final va a resultar que la música posee algo mágico, algo que nos atrapa. Creo que acabo de hacer un hallazgo importantísimo. Resulta que sí que existe una máquina del tiempo. Bueno en este caso no es precisamente una máquina. No se trata de una capsula en la que te introduces, y, tras apretar unos botones, te traslada al pasado. Tampoco de un coche, como el de Regreso al futuro. No es un super artefacto, de esos que gustan tanto y que cuesta una millonada. Se trata de algo más sencillo, algo que siempre ha estado ahí. Simples notas musicales, tocadas por instrumentos que las hacen mágicas. Pentagramas vestidos de notas que forman melodías capaces de provocar en nosotros diversidad de sensaciones. Creo que se trata de algo más que una máquina del tiempo. Nos permite transportarnos con el simple hecho de cerrar los ojos y escucharla. Nos regala sentimientos olvidados, nos trae seres queridos con los que hemos compartido parte del camino. Es capaz de cambiar nuestro estado de ánimo. Nos envuelve y nos atrapa con su encanto.

Begoña Rosa

Begoña Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña Rosa

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Comments

  1. Buenos días, Bego. Las palabras “maquina del tiempo” siempre me han fascinado e invitado a soñar, tanto que en cierto modo en mi próxima novela, sucede algo parecido. Estupenda reflexión, Bego.

     

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