Creo que es en la película Jamón, jamón de Vigas Luna, donde hay una escena en la que el hijo de un empresario, el señor Ponte, de Industrias Ponte, que fabrica prendas íntimas de mujer, pretende ganarse la confianza de su padre primero con el lanzamiento de unos calzoncillos para perro y luego con una campaña publicitaria basada en un slogan excelente:

Hagas lo que hagas, Ponte bragas.

¿Que tiene la palabra bragas que tiende a producir hilaridad?

  • Braga puede ser una cuerda que suspende algo en el aire. palabras como ebrio, embriagador, y otras provienen de esta palabra, dado que las uvas se ataban con unas cuerdas y después se exprimían. Por tanto, la braga quedaba borracha, empapada de vino. Braga, en este caso, vendría de briaga y este término a su vez procedería de ebricus. 
  • Hay otra palabra homógrafa, que es la que mayor interés suscita. Braga, bragas o braguitas, como se tiende a decir durante las últimas décadas tratando de dar más finura al vocablo, es algo que todo el mundo conoce. Es la prenda interior femenina, interior e inferior, que tanto perturba las neuronas masculinas, según lo que contengan.
Photo by elTato
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Los romanos, en eso de la moda creían estar, como en todo, por encima de los bárbaros. Sin embargo, un día llegaron a una región situada entre las actuales Galicia y Portugal donde la gente llevaba unos calzones en vez de la túnica romana. A los romanos esa prenda les parecía ridícula. El nombre de la región es Braga, precisamente. El origen de esta palabra podría ser germano, podría ser galo, e incluso griego, dado que braquis significa corto o pequeño. Lo cierto es que la teoría que estoy explicando podría ser falsa.

La ciudad romana de Braga, se llamaba exactamente Bracara Augusta seguramente por la tribu Bracati. Este nombre (bragados) coincide con el apodo despectivo que ponían los romanos a germanos y celtas precisamente por llevar esa prenda. Pero en todo caso, el apodo de bragados, que daba a entender que eran poco viriles, ya era anterior a la fundación de Bracara Augusta. Por tanto, la prenda vendría de los bárbaros del norte, y la palabra sería un germanismo.

Ya lo sabes, mujer: hagas lo que hagas…

Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí: Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombro pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra.

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