Esta palabra, conmigo, ¿No te suena un poco rara? ¿Qué es eso de “migo”?

En latín se decía “mecum” lo que venía de decir me y cum que sería una “preposicion puesta detrás”, valga la paradoja. Es decir, que en vez de decir “cum me” decían “mecum.”

Cuando se va formando la lengua romance castellana, mecum debió pasar a “micum”. Después micum acabaría pronunciándose “migo”, Pero, claro está que “migo” ya no recuerda nada a cum (con). Así que la gente empezaría a decir “con migo”, en vez de decir con mí, igual que decimos sin mí.

Por lo tanto, cuando decimos conmigo es como si dijéramos cum-me-cum. o con-mí-con.

Sumamente reiterativo, ¿no? Será por esta especie de repetición de “con” que los que hablamos español somos tan buenos acompañantes. O tan posesivos. Pues no creo.

 Toda lengua es la evolución de otra anterior.

Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí: Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombro pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra.

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