Cada palabra tiene una historia y esta no ha acabado. Sigue evolucionando y creciendo continuamente. Y ya que hablamos de crecer, que es una palabra de uso muy corriente,  vamos a ver qué se sabe de ella.

ceres photo
Photo by Á. M. Felicísimo

Si eres aficionado como yo a las palabras, crecer te parecerá un término que suena muy latino. Lo es, pero el latín no surgió por generación espontánea. Se cree que el verbo latino crescere proviene de la raíz indoeuropea Ker. Por otro lado la terminación en scere suele indicar un proceso y nos ha dejado en español palabras padecer, fallecer, adolecer, etc.

Hay muchas palabras interesantes que proceden de esta raíz indoeuropea. Por ejemplo:

  • crear.
  • criar
  • recreo
  • recrear
  • procrear

La lista sería muy larga. Parece interesante mencionar palabras como criollo, que eran los hijos de los africanos y de los europeos ya nacidos en América. Vendría del verbo criar, como criado. No confundir criollo con mestizo (mezcla de europeo) o con mulato (mezcla de africano, que vendría quizás de mula). El idioma arrastra las huellas de algunos de los peores defectos de nuestros antepasados.

Críos, es como mencionaban  los españoles a sus hijos nacidos en el Nuevo Continente.

Bueno, ¿Y qué más?

He visto por ahí que la palabra cereal podría venir de esta misma raíz. Pero también sabemos que existía la diosa Ceres, que para los romanos era la diosa de la agricultura y de la abundancia. ¿Parece lógico conectar también el nombre de Ceres con la raíz Ker? 

Pues si es así, será muy adecuado decir que en primavera los cereales crecen y después añadir eso de… ¡Valga la redundancia!

Photo by Por los caminos de Málaga

Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí: Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombro pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra.

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