Cuando el sol trepa el horizonte, antes de que sus reflejos enriquezcan el fondo de mi mirada, tiñe el cielo azul de luces nacaradas, y se traga el mar entre rosa y malva.

Espero impaciente ver tu sombra reflejada en la arena de esta tierna madrugada. Ella es niña que pronto será doncella. Tú eres niño fabricando sonrisas, abrazos, y besos que llenan el alma.

Un día vi tus ojos, ¡O Dios! y no aparté de ellos mi mirada y me pregunté  ¿Qué tiene este hombre que puedo leer en sus pupilas, y puedo amarle sin sentirme avergonzada?

Y así mirándome en ellos vi el Universo y vi Galaxias, entonces supe que tus ojos eran como ventanas. Lo mismo veo en ti, dijiste, y es que somos dos gotas de agua perdidas desde hace tiempo…  pero yo, yo te buscaba.

Luego el sol cabalga. Todo brilla bajo su mando, la arena, los pinos, el agua. Empieza el día y tú vuelve a tu vida, Hasta cuando te pregunto. No lo sé amor, me dices… y yo regreso a mi casa.

Desapareces. Agarro con fuerza estos instantes, me lleno del brillo de tu mirada, y siento el corazón tan pleno que siempre llevaré tu magia.

 

Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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