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Reunidos todos en torno al brasero, comenzaba Grace a relatar la historia como cada año en aquella fecha…
Niños y no tan niños escuchaban atentamente la explicación que de los hechos estaba dando, cuando su nieta de siete años, la misma edad, que algunos de los niños que allí se encontraban, pidió una aclaración a su abuela respecto a una fotografía que señalaba y que estaba colgada de la pared. Grace comenzó entonces con la parte menos tétrica de la historia del árbol.
Todo ocurrió hace muchos años, una noche de Halloween, cuando un grupo de jóvenes se encontraban, sentados debajo de sus ramas secas. La fiesta trascurría con toda normalidad pero, las risas dejaron de sonar, cuando una de las jóvenes lanzó un espeluznante grito, alguien le había agarrado de una pierna. Nadie la creía volviendo a reír pero, esta vez burlándose de ella.
Como la mayoría de los presentes eran menores, omitió al hablar dónde estaba la muchacha a la que le ocurrió aquello y que hacía. Pero Mery asentía con la cabeza, ella fue la protagonista de la horrible experiencia y sin delatarse a sí misma continuó con el relato. Allí en el cielo oscurecido por la noche, se encontraba la luna abrazada por el árbol y descansando toda ella en él. Con sus ojos dibujados con sus ramas y su sonrisa macabra trazada en su esfera llena. Pausó sus palabras mientras sus ojos se humedecían, retomando la lectura sin libro Glen, que de nuevo calló una parte importante de lo acontecido y trastocando la historia, la ayudó y contó a los niños aquello que podían escuchar. Pero realmente Grace, su marido Glen y Mery sabían que la leyenda que se cernía sobre el árbol que abrazaba a la luna, en la noche de Halloween era cierta, tan verdadera que la sufrieron en sus propias carnes, mejor dicho en las de Jimy y así fue como realmente ocurrió…
Las dos parejas salieron bien avanzada la noche, después de cenar y como cada sábado otras veces fueron a cortejarse entre arrumacos junto al árbol del cementerio. Aquel era un lugar tranquilo, tanto que nunca nadie les había molestado, pero aquella noche no fue así…
Glen y Grace se tendieron en el suelo sobre la esterilla que siempre llevaban para no ensuciar sus ropas, Mery y Jimy al contrario olvidaban siempre aquel protector para sus vestimentas, no les importaba lo más mínimo el contacto con la tierra, al contrario les gustaba. Aún con el árbol de por medio las miradas fortuitas de los cuatro amigos se sucedían, entre risas charlaban sin dejar sus ocupaciones. Cuando Mery gritó, alguien la había agarrado fuerte de un pie, pero aquello no fue todo, la tierra comenzó a removerse y como si las raíces cobrasen vida salían al exterior, enroscándose en ellos. Sus amigos horrorizados por lo que estaban viendo se levantaron a tiempo y fue Glen quien tiró fuerte de Mery apartándola del lugar. Jimy sufrió lo peor, ya que se quedó apresado por aquellos miembros enterrados del árbol, que salieron sin duda cumpliendo una orden. Cuando vieron en la otra parte del vallado, un grupo de personas que caminaban tambaleándose, salían por la puerta del cementerio y emitían unos sonidos aterradores. Estaban petrificados, las chicas muertas de miedo ni gritaban, abrazadas a Glen que no podía avanzar para ayudar a su amigo. Con el pánico en el cuerpo vieron como se acercaban a Jimy y como poco a poco las raíces del árbol soltaban los brazos y piernas del joven, que intento huir al verse libre…
Aunque fue sin éxito, pues para entonces una de aquellas almas en pena le había arrancado la yugular de un bocado, otra engullía sin piedad sus vísceras y el resto terminaba con la vida de Jimy arrancándole el corazón…

Cuando Glen terminó con la historia de miedo para niños, disfrazada sin duda de anécdotas dirigidas especialmente a ellos, todos aplaudieron el final de aquel cuento, mientras los mayores tragaban silaba, al pensar en su amigo del que no encontraron rastro alguno.
July con la espontaneidad de su corta edad dijo…
-¡Abuela quiero ir!
-No hija, eres todavía una niña
-Pues cuando sea mayor iré, quiero ver el árbol que abraza a la luna.

©Adelina GN

Adelina Gimeno Navarro

Soy una mujer aprendiz de la Literatura y con ella quiero que mis sueños sean una realidad, escribiendo siempre al amanecer, ese momento donde comienza un nuevo día de la vida.

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