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Desde chiquito, allá en su Bowen natal, al Tito lo embelesó todo lo que estuviese relacionado con el azar. Con el tiempo llegó a tachar de su vocabulario las palabras Dios y destino, navegando a la deriva por un río de casualidades que estimulaban el momento en el que debía tomar decisiones cardinales. Como si en cada una estuviese jugando a una ruleta donde todo resultado podía ser viable.

A tal punto llegó su afición a esta especie de “casualistica” -valga el término aunque no exista- que tras obtener los doctorados en física y matemática en la U.B.A, comenzó el más inquietante de los juegos: el de la bifurcación de su universo personal. Lo desvelaba el saber que habría sucedido si en determinada coyuntura, hubiese enfilado por otra senda.

A Tito le fascinaba tomar decisiones. Así fue que comenzó a contestar una misma pregunta con un sí, un tal vez o un no. Retornaba a su casa desde el trabajo por tres caminos distintos, en auto, a pie y en bicicleta. Adoptaba distintas posiciones políticas para luego estudiar sus consecuencias. Podía ser un adoctrinado integrante de la Cámpora, un adorador incondicional de Lilita Carrió o hasta un apático cultor del no te metas. Trataba de construir varios caminos y mantener esos rumbos paralelos lo más lejos posible. Estos comportamientos veleta, que para Tito eran, en el plano experimental, altamente gratificantes, para la mayoría comenzaban a ser los de un perfecto loco de atar.

Al límite mismo de ser encamisado tuvo el clic mental que lo salvó del hospicio.
Al comienzo de la primavera del doceavo año, en el tercer milenio (nunca supo cómo), pudo separar sus mundos y tras cada coyuntura trascendental, emprender todas las vías posibles. El Tito logró entonces entrar y salir de sus diferentes existencias en el plano de un simple espectador, regodeándose ante tamaña gama de chances. A los pocos días ya había perdido la noción de cuál era su vida base, más poco le importó y comenzó a saltar de un lado para otro inventando nuevas líneas cuando lo creía conveniente. ¿No era eso acaso lo que había buscado por más de treinta años?, una red interminable de azares.
Ateo de alma, tuvo la certeza de haber hallado al fin la confirmación de la no existencia del ser supremo, ni del destino. Ese conocimiento lo reconfortó plenamente y desgastó los primeros meses del nuevo año henchido de satisfacción y orgullo.

Solo unos pocos días atrás cayó en cuenta que todos sus Titos eran tristes, erró desesperado por sus miles de rutinas buscando vanamente un protagonista alegre, optimista, con ganas de vivir. Mortificado, no encontró, aunque más fuese, el esbozo de una minima sonrisa. Mucho le dolió deglutir la noción que por más vidas nuevas que crease había una constante que lo llevaba indefectiblemente a un penoso final.

Dicen sus vecinos, familiares y amigos (a mí no me consta), que allá en el distrito del sur mendocino lloró nueve días y diez noches antes de asumir que el destino existía y que le sería imposible sortearlo. Parece ser que el peso de un Dios (omnipresente y vengativo, él cual no aceptaba ningún tipo de competencia) terminó por enterrarlo.

No me pregunten en cuál de sus cien mil y una vidas Alberto Romualdo Santisteban se pegó un tiro aquella mañana fría de enero del 2014.

Photo by encaso

Walter Gerardo Greulach nació en Jaime Prats, departamento de San Rafael, Mendoza, República Argentina. En 1964.Cursó la secundaria en la E.N.E.T de General Alvear. Más tarde se recibió de técnico en propaganda y publicidad y Licenciado en Comunicación social en la Universidad Nacional de Córdoba. Sus primeras armas en la profesión las hizo como crítico teatral, productor de revistas barriales y conductor de programas de entretenimiento en pequeñas emisoras radiales de Córdoba. A fines de los ochenta se mudó a Paraná, Entre Ríos, contratado para trabajar en un novedoso proyecto radial (FM Capital). La década de los noventa lo encuentra en Aruba isla del Reino Holandés, desde donde colaboró asiduamente a través de artículos con publicaciones locales y extranjeras. Desde el 98 está radicado en Miami y es columnista en diversos medios de la red. Pese a escribir poemas y cuentos desde su temprana adolescencia, recién en el 2008 tuvo la desfachatez suficiente para publicar El Guionista de Dios…¿o del Diablo?, su primera obra. En junio del 2011 sacó un libro de cuentos fantásticos y de ciencia ficción, Awqa Puma, Temporizador. Durante el 2017 salieron en Amazon: la novela corta Asesino Serial del Año y sus libros de cuentos El Libro de los estados de ánimo y Nueve segundos. En estos momentos se encuentra trabajando en su primera novela larga, El quijote verde, un triller ecológico.

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