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Se levantó del sofá con las piernas adormecidas. Necesitaba estirarlas y desentumecerse. Su mente trabajaba muy deprisa, pero su cuerpo ya no le acompañaba de igual modo. Yo me acerqué y le miré a los ojos. Me parecía tan tierno y dulce… Su rostro estaba lleno de pliegues y marcas del ayer, un ayer que le trató mal, y yo me entregué para endulzar su hoy hasta que llegase su final. Su espalda estaba encorvada y sus manos temblaban quedas. Lo envolví en su chaqueta y decidimos salir a pasear por esos campos en los que antaño él corría tras las muchachas. Desde hacía algún tiempo andaba muy despacio, con ayuda de un caminador, pero hoy lo dejaríamos en casa y yo sería su apoyo. Se agarró a mi brazo y salimos sonrientes como una pareja de enamorados.

Mati

Mi titulación como mi vida es rara. Soy correctora, que no perfecta. Espécimen difícil de clasificar. Saltimbanqui sin fronteras. Habilidades, las justas para sobrevivir. Mis gustos están alineados con mi alienación. Me irritan las sensiblerías y aborrezco la indiferencia. Soy el silencio pero siempre hay una canción en mi vida. No soporto ver la tristeza en los demás, prefiero cargarla yo. De manos pequeñas pero solidarias. Apariencia frágil, convicciones firmes. Introspectiva de ojos grandes que miran hacia afuera. Más oidora que habladora. Y más que otra cosa, amo amar.

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