El otro día de madrugada lo pasé más mal…..supermal.
Va y me levanto a por agua y me encuentro un tipo en la cocina abriendo la nevera.
Me quedé aterrorizada,  pasmada diría yo. No pude ni gritar porque últimamente no hago dos cosas al mismo tiempo y estaba observando que se le iban las manos al pedazo de Jabugo que me envió por Navidad una parienta de Granada, pero no, el tipo cambió de rumbo y agarró la mantequilla con un brio insospechado.
Diréis que soy inocente, o no lo diréis,  me da igual, pero no pensé en lo que podía ocurrir con un tipo armado con un paquete de mantequilla.
Pues eso, que el tipo estaba con su virilidad en ristre,  como dicen los románticos, en vez de decir que estaba como un burro,  como en tiempos pasados.
Ay! Y no he dicho “hay”, aunque haber,  había,  ni he dicho “ahí” por no señalar,  pero la cosa fue tremenda y no sé si fue el despertador o el pensar en lo fría que estaría la mantequilla, pero me levanté de un salto, convencida de que, de haber sido verdad, la cocina hubiera olido a mantequilla quemada.

Photo by crissorama

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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