Paso los días mecida por una suave brisa. De vez en cuando mariposas y otros insectos con alas vienen a visitarme. Me hacen cosquillas con la lengua un rato y luego se van. Hoy ha llovido y por primera vez he notado la humedad de las gotas de agua. Ha sido una sensación muy agradable.

He perdido las hojas y empiezo a engordar. A mi alrededor hace tiempo que alguna flor también las ha perdido. Tengo un bonito color naranja y unas hojas me dijeron que soy una naranja. Qué original ¿No?.

¡Qué grande soy! Lejos quedan los días en los que los insectos me hacían cosquillas. Siento que algo va a pasar. Que mi vida va a cambiar radicalmente. Han empezado a desaparecer alguna de mis compañeras de árbol y no las he vuelto a ver. Estoy triste y a la vez intrigada.

Hace unas horas que me han metido en un gran camión junto con muchas de mis compañeras. Las más pequeñas se han quedado en el árbol. Estoy nerviosa. No sé dónde me llevan. Seguro que a un sitio peor que donde estaba.

El viaje ha finalizado. Tras ir de un camión grande a otro más pequeño y después de pasar por una gran máquina, me han metido en una bolsa con muchos agujeritos. Y ahora estoy compartiendo una superficie plana con otra naranja que no conozco de nada, un plátano y tres manzanas. No hablamos el mismo idioma pero en sus caras veo miedo.

Ya no pertenezco a este mundo. Nací como una bonita flor y ahora soy sólo zumo. Qué palabra tan horrible y dolorosa. Me han partido por la mitad, me han agarrado con fuerza y he notado cómo algo duro se me clavaba justo en la mitad de mi corazón. La sangre ha caído en un recipiente y el resto del cuerpo ha ido a otro que llaman basura.

Diría que me siento triste pero en realidad no siento nada. Porque ya no existo. Ahora he entendido por qué mis compañeras nunca volvían. Ojalá pudiera volver al árbol para avisarles de cuál será su destino. Ojalá nunca nunca me hubiera convertido en naranja. Ojalá siempre me hubiera quedado como una bonita flor de naranjo. Ojalá…

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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