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De vez en cuando, le veía pasear por la orilla del río. Juntos de la mano, en silencio, las más delas veces, en perfecta comunión.

Haciendo el tonto él, de vez en cuando, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice como premio también de ella, como busca un niño pequeño la aprobación de la madre. Ella mostraba paciencia y sonreía otra vez…Y hasta parecía divertirse.

Juan no podía evitar sentir envidia y resquemor hacia aquella estampa. Se había enamorado de una desconocida. Un amor platónico…Una mentira…Una ilusión imposible…¡Un tormento…!

Su alta figura, esbelta, sus caderas no eran demasiado pronunciadas, tampoco las precisaba para ser perfecta. Su infinita cabellera, de color negro, largo, sin mida, ondulado ligeramente. Pero sobretodo, sus ojos, inmensos cuales agujeros negros por donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un frío bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla.

“Ah, si pudieran ver lo que yo veo en sus ojos cuando la miro”_ le dijo Jeremy Irons a Gong Li, en “La caja china” dirigida por Wayne Wang _

Es lo que sucede cuando idealizas a alguien; y aún así, Juan creía que ella no era feliz; y cuando se asomaba al balcón de su corazón creía ver cientos de cosas que no se reflejaban en su rostro, a juicio de él, ligeramente contenido.

No la conocía; era una apreciación subjetiva sujeta a posibles errores, naturalmente. Pero ¿qué más dá? es el sueño de Juan; es gratis y no le hace daño a nadie.

Juan recuerda un fragmento de de “So long, Marianne”, de Leonard Cohen:

 

[“Suzanne te conduce a su casa junto al río

Puedes escuchar los barcos zarpando, puedes pasar la noche infinita

Y sabes bien que está medio loca, pero es por eso que la quieres a tu lado

Y te alimenta con té y con naranjas que vienen de la China

Y en el instante en el que intentas, decirle que no tienes amor que darle

Se coloca en tu onda y deja que el río te conteste

que nunca has dejado de ser su amante.”]

Pero Juan no estaba solo. Tenía pareja. Laura, se llamaba. De estatura más bien baja y aún así, preciosa como muy pocas. Pelo largo, liso, abundante, castaño oscuro…Su piel…Blanca como la luna más llena, capaz de transformar en una bestia al más cuerdo de los hombres. Pero sobre todo, destacaban sus labios. Carnosos, ardientes…¡Y sus pechos…! Cargados de insolencia por su tamaño, su juventud, (Laura era mucho más joven que Juan, más de diez años), su turgencia…Su sonrisa también era generosa. ¿El sexo? de más de diez: él treinta y tantos. Ella, Laura,, veintipocos. Lolo un inconveniente: ella quería conocer el sexo con alguien maduro, experimentado, con todo aprendido en estas lides…Él quería conocer a una mujer: bonita, ilustrada, sería, de carácter fuerte, con clase. Y Laura, a pesar de su juventud, lo era, sin duda…

¿Pero…?

¿Se han dado cuenta de que no hemos hablado ni una sola palabra sobre la personalidad de ninguno de los contendientes…?

La relación había empezado pues, como empiezan todas, como una novedad, como una obsesión desmesurada por absorberse el uno al otro. Laura saciaba, nunca mejor dicho, su curiosidad y ansias de conocimiento del sexo y Juan se compartía con ella, siempre que se abandonaba al ímpetu de su pareja. Nunca se saciaban el uno del otro; era algo enfermizo.

Pero la realidad es paciente y aguarda parsimoniosamente su momento para actuar.

No todo es Jauja en la Tierra y pasada la impaciencia de la novedad se enciende la luz y se nos aparece la cruda realidad en toda su crudeza; la evidencia es quien toma el mando de las operaciones, su primer dictado es golpear a Juan, de repente en el mismo rostro, lo que baja de súbito desde las mismas nubes al propio suelo en un solo instante. Aturdido contempla en panorama; y lo que divisa pues, no le gusta. Siente que se ha equivocado y de forma atroz además.

A Juan siempre le quedaba un poso de dudas, de pena, de dolor. Sentía que Laura no era sincera con él. Tenía la impresión de que todas las respuestas procedían como de un manual de instrucciones, le cubría de arrumacos, sobre todo después del sexo. En público, presumía mucho ella de su compañía y eso le hacía sentirse incómodo; para ella, nunca nada parecía importar demasiado, excepto cuando era ella la que estallaba de furia por el motivo que fuera, a veces nimio, pensaba Juan, por rabia intempestiva, por celos, por…Juan creía que, incluso en esos momentos, el único motivo era recordarle que era ella la que estaba con él y no al revés. O al menos, eso era lo que quería Laura que Juan creyera.

Juan se sentía apartado, sólo…Como un animal en un zoo o en un circo. A veces a Laura le daba por tener peculiares cambios de humor. Las caricias, los besos, es sexo…Era cada vez más agrio que dulce.

Juan y Laura solían acudir a la terraza de un bar desde el que se dominaba perfectamente la margen izquierda del río y su paseo; gente, que arriba y abajo, deambulaba por el; miles de historias concentradas en un estrecho, largo y sinuoso pasillo repleto de bares, terrazas, camareros, clientes de lo más variopinto; ancianos, jóvenes, matrimonios con sus hijos, gente haciendo ejercicio…Mientras el agua continuaba su deambular, completamente ajena a las miserias de los mortales.

Juan y Laura charlaban bastante animados sobre alguna anécdota o sobre cómo le iba la relación a alguna de sus amigas, lo que no terminaba de interesar al chico. Su mirada divagaba desentendida, sin posarse en ningún lado y su atención entraba y salía de la conversación. Se distraía observando a los viandantes pues el panorama no dejaba de cambiar.

Laura continuaba su disertación sobre la última disputa que una de sus amigas más cercanas mantenía con su pareja, lo que tendría que haber hecho o lo que hubiera hecho ella en caso de estar en su lugar.

-¿Y tu amiga Rebeca como se ha tomado la parrafada? -Le pregunta Juan a Laura-.

-¿Y cómo te la hubieras tomado tú si te dijeran que (entona de forma displicente esta parodia crítica), “está harto de que no hagan caso, y de que le trate como una marioneta…”? ¡Después de lo que Rebeca se desvive por él…!

-Pero Rebeca y Luis -Juan le hace señas al camarero para que traiga otras dos cervezas a la mesa- ya han discutido más de una vez-le interrumpe- y siempre han terminado arreglándose, pues en el fondo saben que se necesitan el uno al otro. Deberían tener más en cuenta esto. Ambos.

-Y Rebeca no se cansa de repetirlo, siempre que puede.

-Tal vez sea el ímpetu de la juventud, pero Rebeca es más de vencer que de convencer, a veces. Tiene ella un carácter más decidido ella que él.

-¡¿Qué…?!

-Además, basta que te metas en medio de una pareja, aunque sea con la mejor intención, para que juntos descarguen sus arsenales contra tí y después ellos terminan revolcándose como si no hubiera un mañana. Es solo una tormenta de verano. De peores han salido.

-¡Pero que le diga eso, después de que se desvive por él….!

-Pues que no “se desvive”; que se espabile solito que ya no es un nene; no tiene que estar todo el tiempo pendiente de él, que parece que a Rebeca,  le vaya el martirio.

-¿Cómo que “el martirio”?¡Está visto que no se puede ser buena…!

-Buena sí; pero no su madre; Rebeca también tendrá necesidades y ser atendida ¿no…? ¿se las atiende…?

-¡No! Si ellos casi siempre están bien. Lo que pasa es que a veces pues…

-Bueno…-Juan comprendió que iban a llegar a ningún acuerdo y dejó el tema-.

La atención de Juan volvió a perderse entre la marabunta que deambulaba por el paseo del rió, sin solución de continuidad; constantemente iba cambiando el panorama; pero su atención en la variopinta riada de gente: más parejas, más gente haciendo ejercicio, más gente con su mochila al hombro…Laura, a ratos guardaba silencio, a ratos hacía algún comentario que a Juan a veces le interesaba, y a veces no.

-¡Juan, te estoy hablando, que parece que estás en Babia…! ¿Esperas a alguien…?

-Yo no…Todo el mundo sabe que estoy contigo y dónde encontrarme. -¿Dónde estarás, mi “chica de Ipanema”, pensaba Juan-.

“Que viene y qué pasa con su balanceo, camino del mar.”

“¡Ah!, ¿por qué estoy tan triste…?

“la belleza que no es solo mía…”

-¡Pero no pasa solita…! Se lamenta Juan en su pensamiento.-.

(-”Chica de Ipanema” de Vinicius de Moraes).

De repente le pareció divisar una silueta familiar, erguida, esbelta y una inconfundible melena negra…¡Era su “chica de Ipanema”, acompañada de su galán, impenitente tras ella, como un saltimbanqui, que a Juan empezaba a parecerle irritante.

Poco a poco se iban acercando hasta su posición; juntos de la mano, en animada charla; de vez en cuando él, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice a cambio. Ella mostraba paciencia y sonreía a la vez…Y hasta parecía divertirse. Una y otra vez el mismo molesto y obsesivo soniquete. Otra vez la envidia, y el resquemor hacia aquella estampa; se había enamorado de una desconocida: Un amor platónico, una mentira, una ilusión imposible…¡Una obsesión insoslayable…! ¡Un tormento…!

Su esbelta figura, su frondoso pelo negro ondulado, largo, sin fin…Sus inmensos ojos cuales agujeros negros en donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos, como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla. Una insoslayable obsesión…Una y otra vez, el mismo soniquete…

Sonreían, se besaban, caminaban de la mano. Y Juan se consumía. ¿Y Laura…? ¿Dónde queda Laura…? La relación estaba deteriorada. Juan necesitaba que le mostraran sus sentimientos;  que su pareja le demuestre que sus atenciones son necesarias y no molestas e intrusivas; cuando él se intenta asomar al corazón, para tratar de averiguar qué puede hacer por él…Pero Juan se sentía embaucado por Laura. No encontraba espontaneidad. No encontraba sentimiento en sus respuesta que parecían sacadas de un “·manual de instrucciones para el manejo de tu pareja”.

Y donde no hay sentimientos, no crecen las flores.

Llegados a este punto, pasan dos cosas:

La primera es que cuando se dice que “el amor es ciego”, la cuestión exacta es que “no hay más ciego que el que no quiere ver”; llenado de todos los abalorios y oropeles, muy llamativo todo, y que en definitiva no es sino quincalla, algo irreal, que no existe. Y que antes o después nos hará sufrir lo que no está escrito cuando el castillo de naipes y en el aire se desmorone y quede lo que es: nada.

Otra cosa es que las personas son como son y no se puede esperar que a base de atenciones y arrumacos o por nuestra cara bonita vayan a cambiar, porque no lo van a hacer. La persona que nace mala, lo es hasta el final.

Juan se encaprichó de su físico a ahora se encuentra con la evidencia. Y con que no le gusta.

Pero todos cometemos errores de vez en cuando ¿no es cierto…? La cuestión es si aprendemos.

A todo esto, la desconocida y su pareja llegaban a la altura de Juan y Laura, siempre bajo la atenta vigilancia de Juan; y ahora también de Laura. Momento en el que de repente, como surgido de la nada aparece el camarero con las cervezas; Laura lo había visto venir desde la barra, pero esperó a que llegara hasta la mesa para espetarle a Juan:

-¡Oye, que no paras de mirarle el culo a esa morena! ¡Te veo aunque lleves gafas de sol!

Juan no se molestó demasiado, pero le pareció un indicio más de que aquella relación no se encaminaba a ningún buen puerto.

-Bien sabes tú que a mí no me molesta que mires a otros chicos; están ahí, disfruta de lo que ves, siempre que cuando necesites calor, me vengas a buscar a mí, no me importa.

-Es que parece que la miras con más celo que a mí…!

-Te pido disculpas. Pero me concederás que es contigo con quien trato de entenderme.

-Pues no lo parece a veces.

-Tienes celos de una desconocida. No te puedo creer. Tú, que me conoces y gozas de mi favor.

-¡Pero no de atención! ¡Que se te van los ojos!

-¿Insinúas que no intento entenderme contigo…?

-A veces no lo parece.

Juan sabía que le echaba leña a la hoguera a propósito; a pesar de que tampoco le faltaba razón. La cuestión es que antes o después, la evidencia debe hacerse patente, de una forma o de otra. Decidió callar; pero no otorgar.

Juan siguió concentrado en la desconocida, ahora ya casi perdida entre la multitud.

-”¡Ah, garota de Ipanema,-pensaba Juan-mezcla de flor y sirena, de luz y de gracia, con su contoneo camino del mar!; ¡Ah! ¿por qué estoy tan triste…?; belleza que no es solo mía…”

(“Garota de Ipanema” de Letra de Vinicius de Moraes).

19-XI-16

No con tu veneno,

con este no puedo,

¡Tú…mi vino negro…!

Tus ojos inmensos…

Sonrisa del averno…

¡Tu…tu pelo negro…!

¡Sonrisa del averno…!

¡Tú…mi vino negro…!

Z·W·G

Recordó también las entrevistas y canciones que había leído de Leonard Cohen donde el cantautor se revelaba como un “Bird on the wire”, un “pájaro en el tendido eléctrico”, alguien que se limita a disfrutar de lo que la vida le obsequia en cada momento, sin desear retener nada ni a nadie: “Cuando realmente amas a una persona no puedes desear retenerla”.

Juan, ¡vive Dios que lo intentaba! Pero no le funcionaba.

Y pasaron los días, como pasa la brisa, sin pena ni gloria. Juan dejó a Laura: gritos, lágrimas, change emocional, reproches y algo de sobreactuación pensó el chico. Aguantó como pudo el chaparrón pues sabía que al otro lado del túnel estaba la calma. Pronto se olvidó del mal trago y sus nervios volvieron a aquietarse. Se había quitado una gran losa de encima. Juan se preguntaba ¿cómo era posible que una parte importante de sus sentimientos se los quedara para sus amigas y a él, o eso le daba la impresión, se los ocultaba, no mostraba desnudo su corazón ante la relación que unía a ambos; y esto frustraba del todo a Juan, que no lo entendía y no sabía cómo conseguir que Laura se lo abriera. Era la misma sensación de siempre de ser tratado de acuerdo a ese “manual de instrucciones para cazar y retener marido” que mencionaba anteriormente. ¿Cómo puede vivir sin compartirse de forma plena con un ser amado? ¿No le hace sentirse más o menos sola…? Juan no encontraba explicación a estos enigmas. De Rosa Regás leyó una frase: “Los hombres no nos entienden porque no nos leen”; pero Juan sí leía a muchas mujeres. Y entendía lo que allí leía, lo entendía perfectamente. Y lo compartía. Pero acertaba a comprender a Laura; ni a quienes se comportan como ella; y a fe que lo intentaba; pero para Juan era un caso perdido. No la encontraba.

-Quizá teman- pensaba el chico- que les dejen por otra; pero en ese peligro estamos todos. Y las pruebas que se pueden inventar para averiguarlo pueden no demostrar nada; pues una vez las conoces, es solo fingir y seguir el proceso.

Cierto día había visto a Laura sentada en uno de los bancos del paseo del río en compañía de otro chico, no se fijó bien, pero le pareció un tipo bastante vulgar, un “poligonero”como se les conocía ahora, estaban besándose sin ningún recato. A Juan le pareció una imagen bastante desagradable; no eran celos, la sensación que predominaba en su corazón sino alivio. Por fin se sentía del todo tranquilo. Y su mente completamente relajada.

Juan había cogido el mismo hábito que había visto en muchas personas mientras estaba en la terraza con Laura, hacer ejercicio por el mismo paseo a lo largo del río, de vez en cuando pasaba cuando salía a correr unos kilómetros por las tardes.

-Si otros lo hacen, no tiene que estar tan mal; “allí donde fueres, haz como vieres”-.

Juan había vuelto a ser la misma persona, tranquila, distante, curiosa; todo fluía con la misma languidez que antaño. No hacía planes sobre nada, no se presionaba sobre nada, no se obsesionaba con nada; Laura había desaparecido de su mente. La otra chica…Si antes la veía poco ahora apenas nada. Todo volvía a deslizarse como la seda…

-¡Qué lujo…!- se decía el chico para sí.

Por otro lado, tenía meridianamente claro que antes o después volvería a enamorarse.

-A veces es mejor perder…- Se decía el chico para sí, si alguna vez, la memoria le jugaba una mala pasada haciéndole revivir solo los momentos bellos que tuvo con Laura, o incluso los momentos en que se cruzaba con la chica desconocida.

-Toda moneda tiene su reverso; y esto es algo que no conviene perder de vista.

Cierto día andaba Juan por el mismo paseo, con la intención de complir con un encargo; había que comprar para comer. En una tienda de discos que había en por la zona, le pareció divisar un rostro conocido. Era el de la desconocida, (que dicho de paso, es que todavía no conocemos su nombre, que no es que nos guste el término, para referirnos a ella, cabe aclarar, para malpensados/as), a la cual seguía teniendo afecto, pero que se había convencido de que era, además de fruta prohibida, de su completo desinterés, de él de ella se entiende, y eso en el caso de que alguna vez hubiera, por accidente, por supuesto, reparado en él, algo harto improbable sin duda, pensaba Juan. Aún así, decidió detenerse a observarla un momento, pues desde el escaparate se la podía observar de forma discreta. Estaba en un apartado de música extranjera, concretamente con dos cds de Leonard Cohen, uno en cada mano; en una mano sostenía uno recopilatorio y en la otra uno original. Monsieur Cohen había fallecido hacía pocas fechas y lo típico, cuando un artista fallece es que su obra, de repente, resucita. Y allí estaba ella en tan titánica y sobrenatural proeza, descubriendo a monsieur Cohen, sus ojos, su pelo negro, su sonrisa, esta vez aparcada, su esbelta figura…Y Juan poseía cierto conocimiento de la obra del canadiense.

La chica estaba indecisa, lo pensó durante un momento más, y finalmente se decidió por el recopilatorio. Después se encaminó a la caja para pagar el artículo; Juan aguardó expectante, tal vez decidiera salir del establecimiento…¿Y si era su oportunidad…? ¡Tenía que averiguarlo…! Efectivamente, la chica se encaminaba hacia la salida; y allí que se apostó Juan. ¿Y si era su oportunidad…? A un par de metros de la salida, algo llamó la atención de la desconocida; Juan repara en ella, repara en que era su oportunidad, ¡y se lanzó sin pérdida de tiempo…!

-No conoces la música de Cohen; estabas indecisa y has escogido un recopilatorio. Si quieres, puedo presentarlo, en sentido figurado, pues ha muerto hace poco; por eso su música ahora resulta que resucita al artista.

-¡Me has asustado! ¿Es que te dedicas a espiarme? ¿No tienes nada interesante que hacer con tu vida que te dedicas a espiar a las chicas…?

-A la primera cuestión, te pido disculpas, estas cosas son así; a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba saliendo con una chica, a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba con una chica en una terraza de un bar cercano y tu pasabas con tu chico. Y a la tercera, es que me gusta mucho leer en mis ratos libres, que últimamente no son muchos…Quien no le conoce se equivoca con monsieur Cohen.

-(Le interrumpe), Tu pareces tener mucho tiempo libre; ¿no tienes novia?

-Pues no, desde hace unas pocas semanas. No quiero saber nada de alguien que muestra sus sentimientos, por el motivo que sea.

-Vaya, eres de los románticos que creen en el amor platónico y a primera vista. (“Romántico” lo dice con sorna).

-”Sí” a lo primero; sí a lo segundo y no a lo tercero. De hecho, la chica a la que dejé, no parecía creer en ningún tipo de amor; o afecto, siquiera; mostraba más interés en cuestiones más materiales.

-Ya, entiendo. (Dice la chica, irónica y displicente. Acto seguido abandonó la estancia a toda prisa).

-(Juan sale tras ella); ¡Oye, espera…! ¿Cómo te llamas…?

-¡Déjame en paz…! (Dice en voz alta ya desde la calle, entre transeúntes; y estos intrigados no pueden evitar dirigir la mirada hacia el interior de la tienda). Si no quieres que le pida a mi novio que te lo explique mejor. (Desaparece a toda prisa entre el gentío).

-No te creo…(Responde el chico, mientras observa cómo se aleja entre la multitud). Me he enamorado…(Dice el chico para sí, en voz baja). Apostaría mi brazo derecho a que ahora mismo tú no tienes pareja.. (A algún transeúnte que le mira fijamente con extrañeza) ¿Te debo algo…?

-¡Debería darle vergüenza!

-Supongo, pero no tengo; no gusto de atesorar iniquidades dentro, se te pudren y te convierten un ser detestable. (A Juan le altera más dejar de pasar desapercibido que otra cosa, por poco romántico que suene ahora mismo; aunque el enfado era manifiesto a luz de lo ocurrido, también).

Juan volvía de vez en cuando a transitar por el paseo; unas veces de vuelta a casa; otras cuando salía a hacer ejercicio. La variopinta multitud le distraía; y como era uno más de tantos deportistas de los que por allí se dejaban caer, pasaba completamente desapercibido, como tanto le gustaba.

De vez en cuando, se cruzaba con chica desconocida, que siempre iba acompañada por otro chico esta vez:

-Igual de tonto, (pensaba Juan), pero este estoy convencido de que no está liado con ella. Casi apostaría mi brazo derecho.

Así pasó una semana. Dos; enquistada la misma situación; Juan pasaba cada vez menos por ese paseo, ya con la cabeza en otras cosas. Unos de esos días, que por azares del del destino, le dió por pasar por allí, su interés discurrían ahora mismo por otros lares bastante distintos, y mire usted por donde, misteriosamente, el caprichoso azar hace que se cruce con la famosa chica desconocida: Y sin tener tiempo siquiera de pensarlo, se sorprende a sí mismo, preguntándole, como si se conocieran de mucho tiempo atrás:

-¿Ya conoces a Cohen…? Cuando fallece un artista la gente se empeña por resucitar su obra.

-Por un momento creí que erais amigos íntimos.

-Venga, ya vale…Ni tú ni yo somos precisamente tontos.

-Tengo novio, ¿sabes…?

-No te creo.

-¿Cómo estás tan seguro…?

-Porque tengo ojos.

-Eres un mirón entonces; pues lo he escuchado un poquito; es…otra forma de escribir poesía.

-Es decir, que entendemos que era en realidad un poeta. Se dedicó a la música porque la poesía no le daba para comer. Tampoco era un romántico al uso; simplemente se limitaba a disfrutar de lo la providencia le obsequiaba. “Bird on the wire”.

-Pájaro en el alambre eléctrico”.

-Lo que no me explico es ¿cómo conseguía esquivar el sentimiento de soledad…? ¿Puedo preguntar cómo te llamas..?

-Carmen, Y tú eres…

-Juan. ¿Me dejas que te invite a algo? Me gustaría conocerte ¡si a tu chico no le importa! (Irónico).

-¡Por fin…! ¡Un hombre que no teme pedir las cosas…!

-Debe ser porque me han dado muchas calabazas; es la costumbre, supongo.

-De alguna forma hay que aprender a caminar.

-Muy cierto. Ahí delante está la terraza en la que me sentaba con Laura, mi ex. A mí no me importa, es que se está muy bien allí, por eso lo digo, ¿si tienes otra preferencia…?

-¿Tu ex…? Entiendo.

-Se me nota, ¿no…? que estoy más alegre. (Sonríe).

Se sientan en la misma mesa; Juan se pide una cerveza; Carmen se pide un café.

-(Juan prosigue); Es una de esas veces en la que perder significa ganar.

-No se te ve muy afectado.

-Pienso, (explica Juan), que el amor se da y no se pide, y aquella chica lo que intentaba, yo creo, era estafar.

-(Le interrumpe) ¿Estafar? ¿Cómo estafar…?

-Es una forma como otra cualquiera de decir que en todas partes hay gente buena y mala.(Carmen le mira extrañada) Cada cual tiene su jerga.

-¿Puedo preguntar a qué te dedicas? No te cuesta mucho tomar decisiones.

-Ahora mismo…Pues trabajo en una fábrica de muebles, lo que pasa es que leo mucho siempre que puedo. El año pasado estudiaba Derecho, pero este año no hay fondos para filigranas. ¿Y tú? Ahora que parece que nos entendemos un poquito, al menos…Lo que pasa es que soy latino, de sangre caliente y a veces me puede el ímpetu.

-Ya veo. (Repone Carmen, irónica; Juan sonríe). Todavía tienes presente aquella ruptura, ¿es eso…?

-Pues la verdad es que tenía que haberlo hecho mucho antes. A veces perder significa ganar.

-No quiero meterme en la vida privada de nadie pero, no consigo entenderte.

-Pues para que no te sientas una cotilla y como creo que esto mismo le sucede a más gente, me explicaré de forma generalizada. Me encapriché de una chica por su físico; hay muchachas, o eso creo yo, y las mujeres os lo contais todo, no como nosotros los hombres, esta clase de chicas empiezan a aprender ya desde pequeñas a cazar marido.

-¡Cazar marido…!

-Cada cual tiene su jerga propia. La cosa es que si no hay afinidad entre ambos caracteres, pasa lo que pasa, que hueso con hueso fricciona y eso es muy doloroso. Y hay que terminar.

-Es que los hombres estais más atentos a los instintos primarios, con las mujeres.

-Así es me temo…Pero a nadie le amarga un dulce.

-Y si nosotras hacemos lo mismo, pensáis que somos chicas fáciles. Unos sucios pendones.

-Cierto que en demasiadas cosas, todavía estamos en la prehistoria. Pero todo es de color; yo no veo mal que una chica se divierta; aunque también hay formas y formas de divertirse. Lo que quería decir es que no se puede querer cambiar a una persona. Digamos que “por mi cara bonita no va a cambiar nadie”; la aceptas como se ofrece o pasas de largo. Por ejemplo con Laura, la chica con la que estaba.

-¿Tu ex…?. (Le interrumpe).

-Mi ex, correcto. Yo notaba, es mi impresión, tú eres mujer y sabrás corregirme si me equivoco, que no se implicaba, que no exponía sus sentimientos en la relación; que se valía de artificios y artimañas para no tener que poner de su parte. Era como estar con una computadora, con un  programa en el que cada acción tiene su reacción programada para que a ella no le suponga ningún inconveniente y nada le coga de improviso. PUedes tener las mayor muestra de afecto que ella sabrá usarla en su beneficio. ¿De verdad mi empeño, ni siquiera roza su corazón…?¿Qué incentivos puedo tener yo para seguir tirando del carro de la relación…?

-Alguna vez os he visto, aquí mismo. Aquí casi siempre se ven las mismas caras. Parecía joven, ¿me equivoco…?

-No; pero con sus amigas, parecía tener más intimidad que conmigo.

-No conocí vuestra relación, (responde Carmen); pero si es cierto que las hay que son más malas que un dolor de muelas. Quieren asegurarse que no van a tener excesivos problemas contigo; o que no las vas a dejar por otra. A saber…

-Eso mismo he pensado yo; pero a eso se puede llamar manipulación.

-Llámalo como quieras; pero necesitamos estar seguras al abrir la puerta a una relación.

-¿Seguras…? De los dos, el único que no mintió nunca fui yo.

-¿Y cómo te ha ido…? Tú también tienes que saber encontrar tu sitio. A veces, un poco de picardía basta.

-Creo que sé por dónde vas; pero no me seduce. Tengo otro punto de vista.

-Bueno, así es como ella afrontó la negociación; cada uno expone sus prioridades y preferencias. Si a tí no te convence, a otro sí que lo hace. Y si otro está de acuerdo y ella también…¿Dónde está el problema…?

-En que esto pretenda no ser una negociación, sino una relación sentimental; un intercambio, un compartirse entre los dos. Está muy feo, cuando algo se puede pagar con solo dinero; debe ser algo muy feo.

-En tal caso deberías haber buscado, no solo su físico, sino a otra chica.

-Esta letra no la protestaré, canta el bueno de Joaquín Sabina.

-Si hay otro que sí está de acuerdo con estos términos y le da lo que ella busca…Ella busca algo que tú no le ofrecías.

-Y viceversa.

-Y viceversa. (Sonríe Carmen); eres buena gente; un poco pardillo y lento, pero buena gente. (Ambos sonríen).

-Aún tendré yo la culpa. No todas las mujeres son iguales; las hay de buenas y también de malas. Y esta no era del todo buena, cabe recordar.

-Solo que el pito no está para reflexionar; está para reaccionar,en caso de refriega. (Ambos vuelven a reír).

-Yo mismo no lo hubiera explicado mejor…Yo quería compartirme y ella…Era joven y además, estaba más preocupada por conocer el sexo. Que bien, con ella era una salvajada, pero…Supongo que es cierto que, inconscientemente…pues quería cambiar la personalidad de esa chica; y eso ni es justo ni buena idea. Yo me escudaba pensando que yo ponía todo de mi parte, pero claro, con eso era con lo que intentaba cambiarla. Pero si yo pongo todo de mi parte para entenderla, para compartirme, para animarla, para tirar del carro de la relación, para enamorarla y todo para que ella se aproveche de esa fuerza en su beneficio para no tener que poner nada de su parte y para tenerme bajo su dominio, a mí ese intercambio no me pues… No me seduce.

-Porque buscas otra clase de chica; una mujer ponderada y valiente que sepa que no necesita ocultar sus sentimientos.

-El amor se da, no se pide; y mucho menos se estafa.

-Correcto. Eres un poco pardillo, pero buena gente.

-Es que no necesito ocultar mis sentimientos.

-Sí, de eso me he dado cuenta hace tiempo. (Sonríe con sorna).

-¡Tú, no te rías con tanta ligereza por debajo de la nariz que te estoy viendo, guapa. Hasta hace poco, estabas con muy acaramelada con un “galán” ¿Qué ha sido de él…? ¿”Se os rompió el amor de tanto usarlo” como canta “la más grande”, la Jurado…?

-Pues supongo que amor…Sí que había…(Inicia reticente, Carmen), pero mi caso era bastante parecido al tuyo, pero desde el otro lado del frente.

-Es como (le interrumpe Juan), la relación que establece entre un toro y el encargado de su lidia, este siempre templando la embestida del animal.

-Yo misma no lo hubiera explicado mejor. Me era leal, fiel, amable, cariñoso, responsable, trabajador, desprendido en sus muestras de cariño…

-Pero…(Le interrumpe Juan).

-¿Pero…? ¡Pero…! Quería que estuviera siempre encima de él; riendole las gracias, lisonjeandole contínuamente, que es como se aseguraba que estuviera siempre atenta a él, siempre pendiente de sus cosas…

-(Juan le interrumpe) Sí, como si fueras su madre.

-En otro momento, te hubiera contestado unas cuantas verdades.

-Pero ya no es ese momento.

-Me conformaba porque como dices tú, le tenía bien controlado bajo mi dominio.

-Pero…

-¿Pero…? ¡Pero…! (Carmen calla).

-(Juan prosigue) Mónica Molina tiene una canción que dice: “Olvidé que amar no es suficiente, que amar es sentirse amada también…” Que se asomen a tu corazón y averigüen cómo pueden servirle y que te enamoren todos los días…Lo contrario, ni es pasión ni es vida…

-Ni yo misma lo hubiera dicho mejor; “ni es pasión ni es vida…” (Ambos callan durante unos segundos); no se puede estar cuidando a un chiquillo de 20, de 40, de 60 años toda la vida…¡Estoy intrigada…!

-¿Tú…? ¿Intrigada…? ¿Que pareces saberlo todo y ya nada te coge de improviso…?

-Y a tí aún te siguen sorprendiendo muchas cosas…(Juan asiente sonriendo). ¿Cómo sabías que ya no tenía pareja…?

-Te lo he dicho antes, porque tengo ojos, y siempre que podía te observaba, con admiración, claro.

-¡Ah, te has enamorado…! ¡Un amor platónico, y sin conocerme…! ¡Ja, ja, ja…! ¡Qué tonto eres…! (Juan sonríe con ella, pero ella con cierta sorna).

-Me has descubierto. Luego saldré corriendo de la vergüenza.

-Ya veo que de eso tienes un poco menos de la justa.

-A Dios gracias. Además, tu proceder coincidía con la actitud propia de quien persigue el favor de un chico. En eso, no eres ninguna excepción a ninguna norma de cumplir todo punto por punto. Solo querías asegurarte de que me preocupaba por tí como es necesario. Por otra parte, intentabas aplicarle un poco de chispa a la relación, que si no, es todo muy aburrido. Cuando una mujer tiene pareja, se asegura de dejarlo claro; y a última hora, tú no lo patentabas muy fervientemente que digamos; sembrabas dudas a propósito. Pero yo te conocía. Y te conozco cada vez más.

-De eso se trata. Tienes que poner de tu parte. “Amar es sentirse amada también”, recuerda.

-Y ahí es donde entro yo. Es hermoso que alguien se tome tantas molestias por hacerte sentir, que merece la pena vivir esta vida, que tan ingrata sabe ser, demasiado a menudo.

-Yo misma no lo hubiera dicho mejor.

-(Juan pensó para sí) “Merci, monsieur Cohen”, todo empezó con una canción suya. Hoy, gracias a ella, me encuentro soñando despierto.

“Ni es pasión ni es vida” por Manuel Zorrilla García. La Vall d´Uixó, (Castellón) 1-XII-2016.

“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz…” Leonard Cohen. (  21-IX-1934 / 7-XI-2016) RIP Monsieur, Nous sommes qui nous enlever le chapeau à vous.  

NI ES PASIÓN NI ES VIDA. De Manuel Zorrilla García.

De vez en cuando, le veía pasear por la orilla del río. Juntos de la mano, en silencio, las más delas veces, en perfecta comunión.

Haciendo el tonto él, de vez en cuando, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice como premio también de ella, como busca un niño pequeño la aprobación de la madre. Ella mostraba paciencia y sonreía otra vez…Y hasta parecía divertirse.

Juan no podía evitar sentir envidia y resquemor hacia aquella estampa. Se había enamorado de una desconocida. Un amor platónico…Una mentira…Una ilusión imposible…¡Un tormento…!

Su alta figura, esbelta, sus caderas no eran demasiado pronunciadas, tampoco las precisaba para ser perfecta. Su infinita cabellera, de color negro, largo, sin mida, ondulado ligeramente. Pero sobretodo, sus ojos, inmensos cuales agujeros negros por donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un frío bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla.

“Ah, si pudieran ver lo que yo veo en sus ojos cuando la miro”_ le dijo Jeremy Irons a Gong Li, en “La caja china” dirigida por Wayne Wang _

Es lo que sucede cuando idealizas a alguien; y aún así, Juan creía que ella no era feliz; y cuando se asomaba al balcón de su corazón creía ver cientos de cosas que no se reflejaban en su rostro, a juicio de él, ligeramente contenido.

No la conocía; era una apreciación subjetiva sujeta a posibles errores, naturalmente. Pero ¿qué más dá? es el sueño de Juan; es gratis y no le hace daño a nadie.

Juan recuerda un fragmento de de “So long, Marianne”, de Leonard Cohen:

 

[“Suzanne te conduce a su casa junto al río

Puedes escuchar los barcos zarpando, puedes pasar la noche infinita

Y sabes bien que está medio loca, pero es por eso que la quieres a tu lado

Y te alimenta con té y con naranjas que vienen de la China

Y en el instante en el que intentas, decirle que no tienes amor que darle

Se coloca en tu onda y deja que el río te conteste

que nunca has dejado de ser su amante.”]

Pero Juan no estaba solo. Tenía pareja. Laura, se llamaba. De estatura más bien baja y aún así, preciosa como muy pocas. Pelo largo, liso, abundante, castaño oscuro…Su piel…Blanca como la luna más llena, capaz de transformar en una bestia al más cuerdo de los hombres. Pero sobre todo, destacaban sus labios. Carnosos, ardientes…¡Y sus pechos…! Cargados de insolencia por su tamaño, su juventud, (Laura era mucho más joven que Juan, más de diez años), su turgencia…Su sonrisa también era generosa. ¿El sexo? de más de diez: él treinta y tantos. Ella, Laura,, veintipocos. Lolo un inconveniente: ella quería conocer el sexo con alguien maduro, experimentado, con todo aprendido en estas lides…Él quería conocer a una mujer: bonita, ilustrada, sería, de carácter fuerte, con clase. Y Laura, a pesar de su juventud, lo era, sin duda…

¿Pero…?

¿Se han dado cuenta de que no hemos hablado ni una sola palabra sobre la personalidad de ninguno de los contendientes…?

La relación había empezado pues, como empiezan todas, como una novedad, como una obsesión desmesurada por absorberse el uno al otro. Laura saciaba, nunca mejor dicho, su curiosidad y ansias de conocimiento del sexo y Juan se compartía con ella, siempre que se abandonaba al ímpetu de su pareja. Nunca se saciaban el uno del otro; era algo enfermizo.

Pero la realidad es paciente y aguarda parsimoniosamente su momento para actuar.

No todo es Jauja en la Tierra y pasada la impaciencia de la novedad se enciende la luz y se nos aparece la cruda realidad en toda su crudeza; la evidencia es quien toma el mando de las operaciones, su primer dictado es golpear a Juan, de repente en el mismo rostro, lo que baja de súbito desde las mismas nubes al propio suelo en un solo instante. Aturdido contempla en panorama; y lo que divisa pues, no le gusta. Siente que se ha equivocado y de forma atroz además.

A Juan siempre le quedaba un poso de dudas, de pena, de dolor. Sentía que Laura no era sincera con él. Tenía la impresión de que todas las respuestas procedían como de un manual de instrucciones, le cubría de arrumacos, sobre todo después del sexo. En público, presumía mucho ella de su compañía y eso le hacía sentirse incómodo; para ella, nunca nada parecía importar demasiado, excepto cuando era ella la que estallaba de furia por el motivo que fuera, a veces nimio, pensaba Juan, por rabia intempestiva, por celos, por…Juan creía que, incluso en esos momentos, el único motivo era recordarle que era ella la que estaba con él y no al revés. O al menos, eso era lo que quería Laura que Juan creyera.

Juan se sentía apartado, sólo…Como un animal en un zoo o en un circo. A veces a Laura le daba por tener peculiares cambios de humor. Las caricias, los besos, es sexo…Era cada vez más agrio que dulce.

Juan y Laura solían acudir a la terraza de un bar desde el que se dominaba perfectamente la margen izquierda del río y su paseo; gente, que arriba y abajo, deambulaba por el; miles de historias concentradas en un estrecho, largo y sinuoso pasillo repleto de bares, terrazas, camareros, clientes de lo más variopinto; ancianos, jóvenes, matrimonios con sus hijos, gente haciendo ejercicio…Mientras el agua continuaba su deambular, completamente ajena a las miserias de los mortales.

Juan y Laura charlaban bastante animados sobre alguna anécdota o sobre cómo le iba la relación a alguna de sus amigas, lo que no terminaba de interesar al chico. Su mirada divagaba desentendida, sin posarse en ningún lado y su atención entraba y salía de la conversación. Se distraía observando a los viandantes pues el panorama no dejaba de cambiar.

Laura continuaba su disertación sobre la última disputa que una de sus amigas más cercanas mantenía con su pareja, lo que tendría que haber hecho o lo que hubiera hecho ella en caso de estar en su lugar.

-¿Y tu amiga Rebeca como se ha tomado la parrafada? -Le pregunta Juan a Laura-.

-¿Y cómo te la hubieras tomado tú si te dijeran que (entona de forma displicente esta parodia crítica), “está harto de que no hagan caso, y de que le trate como una marioneta…”? ¡Después de lo que Rebeca se desvive por él…!

-Pero Rebeca y Luis -Juan le hace señas al camarero para que traiga otras dos cervezas a la mesa- ya han discutido más de una vez-le interrumpe- y siempre han terminado arreglándose, pues en el fondo saben que se necesitan el uno al otro. Deberían tener más en cuenta esto. Ambos.

-Y Rebeca no se cansa de repetirlo, siempre que puede.

-Tal vez sea el ímpetu de la juventud, pero Rebeca es más de vencer que de convencer, a veces. Tiene ella un carácter más decidido ella que él.

-¡¿Qué…?!

-Además, basta que te metas en medio de una pareja, aunque sea con la mejor intención, para que juntos descarguen sus arsenales contra tí y después ellos terminan revolcándose como si no hubiera un mañana. Es solo una tormenta de verano. De peores han salido.

-¡Pero que le diga eso, después de que se desvive por él….!

-Pues que no “se desvive”; que se espabile solito que ya no es un nene; no tiene que estar todo el tiempo pendiente de él, que parece que a Rebeca,  le vaya el martirio.

-¿Cómo que “el martirio”?¡Está visto que no se puede ser buena…!

-Buena sí; pero no su madre; Rebeca también tendrá necesidades y ser atendida ¿no…? ¿se las atiende…?

-¡No! Si ellos casi siempre están bien. Lo que pasa es que a veces pues…

-Bueno…-Juan comprendió que iban a llegar a ningún acuerdo y dejó el tema-.

La atención de Juan volvió a perderse entre la marabunta que deambulaba por el paseo del rió, sin solución de continuidad; constantemente iba cambiando el panorama; pero su atención en la variopinta riada de gente: más parejas, más gente haciendo ejercicio, más gente con su mochila al hombro…Laura, a ratos guardaba silencio, a ratos hacía algún comentario que a Juan a veces le interesaba, y a veces no.

-¡Juan, te estoy hablando, que parece que estás en Babia…! ¿Esperas a alguien…?

-Yo no…Todo el mundo sabe que estoy contigo y dónde encontrarme. -¿Dónde estarás, mi “chica de Ipanema”, pensaba Juan-.

“Que viene y qué pasa con su balanceo, camino del mar.”

“¡Ah!, ¿por qué estoy tan triste…?

“la belleza que no es solo mía…”

-¡Pero no pasa solita…! Se lamenta Juan en su pensamiento.-.

(-”Chica de Ipanema” de Vinicius de Moraes).

De repente le pareció divisar una silueta familiar, erguida, esbelta y una inconfundible melena negra…¡Era su “chica de Ipanema”, acompañada de su galán, impenitente tras ella, como un saltimbanqui, que a Juan empezaba a parecerle irritante.

Poco a poco se iban acercando hasta su posición; juntos de la mano, en animada charla; de vez en cuando él, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice a cambio. Ella mostraba paciencia y sonreía a la vez…Y hasta parecía divertirse. Una y otra vez el mismo molesto y obsesivo soniquete. Otra vez la envidia, y el resquemor hacia aquella estampa; se había enamorado de una desconocida: Un amor platónico, una mentira, una ilusión imposible…¡Una obsesión insoslayable…! ¡Un tormento…!

Su esbelta figura, su frondoso pelo negro ondulado, largo, sin fin…Sus inmensos ojos cuales agujeros negros en donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos, como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla. Una insoslayable obsesión…Una y otra vez, el mismo soniquete…

Sonreían, se besaban, caminaban de la mano. Y Juan se consumía. ¿Y Laura…? ¿Dónde queda Laura…? La relación estaba deteriorada. Juan necesitaba que le mostraran sus sentimientos;  que su pareja le demuestre que sus atenciones son necesarias y no molestas e intrusivas; cuando él se intenta asomar al corazón, para tratar de averiguar qué puede hacer por él…Pero Juan se sentía embaucado por Laura. No encontraba espontaneidad. No encontraba sentimiento en sus respuesta que parecían sacadas de un “·manual de instrucciones para el manejo de tu pareja”.

Y donde no hay sentimientos, no crecen las flores.

Llegados a este punto, pasan dos cosas:

La primera es que cuando se dice que “el amor es ciego”, la cuestión exacta es que “no hay más ciego que el que no quiere ver”; llenado de todos los abalorios y oropeles, muy llamativo todo, y que en definitiva no es sino quincalla, algo irreal, que no existe. Y que antes o después nos hará sufrir lo que no está escrito cuando el castillo de naipes y en el aire se desmorone y quede lo que es: nada.

Otra cosa es que las personas son como son y no se puede esperar que a base de atenciones y arrumacos o por nuestra cara bonita vayan a cambiar, porque no lo van a hacer. La persona que nace mala, lo es hasta el final.

Juan se encaprichó de su físico a ahora se encuentra con la evidencia. Y con que no le gusta.

Pero todos cometemos errores de vez en cuando ¿no es cierto…? La cuestión es si aprendemos.

A todo esto, la desconocida y su pareja llegaban a la altura de Juan y Laura, siempre bajo la atenta vigilancia de Juan; y ahora también de Laura. Momento en el que de repente, como surgido de la nada aparece el camarero con las cervezas; Laura lo había visto venir desde la barra, pero esperó a que llegara hasta la mesa para espetarle a Juan:

-¡Oye, que no paras de mirarle el culo a esa morena! ¡Te veo aunque lleves gafas de sol!

Juan no se molestó demasiado, pero le pareció un indicio más de que aquella relación no se encaminaba a ningún buen puerto.

-Bien sabes tú que a mí no me molesta que mires a otros chicos; están ahí, disfruta de lo que ves, siempre que cuando necesites calor, me vengas a buscar a mí, no me importa.

-Es que parece que la miras con más celo que a mí…!

-Te pido disculpas. Pero me concederás que es contigo con quien trato de entenderme.

-Pues no lo parece a veces.

-Tienes celos de una desconocida. No te puedo creer. Tú, que me conoces y gozas de mi favor.

-¡Pero no de atención! ¡Que se te van los ojos!

-¿Insinúas que no intento entenderme contigo…?

-A veces no lo parece.

Juan sabía que le echaba leña a la hoguera a propósito; a pesar de que tampoco le faltaba razón. La cuestión es que antes o después, la evidencia debe hacerse patente, de una forma o de otra. Decidió callar; pero no otorgar.

Juan siguió concentrado en la desconocida, ahora ya casi perdida entre la multitud.

-”¡Ah, garota de Ipanema,-pensaba Juan-mezcla de flor y sirena, de luz y de gracia, con su contoneo camino del mar!; ¡Ah! ¿por qué estoy tan triste…?; belleza que no es solo mía…”

(“Garota de Ipanema” de Letra de Vinicius de Moraes).

19-XI-16

No con tu veneno,

con este no puedo,

¡Tú…mi vino negro…!

Tus ojos inmensos…

Sonrisa del averno…

¡Tu…tu pelo negro…!

¡Sonrisa del averno…!

¡Tú…mi vino negro…!

Z·W·G

Recordó también las entrevistas y canciones que había leído de Leonard Cohen donde el cantautor se revelaba como un “Bird on the wire”, un “pájaro en el tendido eléctrico”, alguien que se limita a disfrutar de lo que la vida le obsequia en cada momento, sin desear retener nada ni a nadie: “Cuando realmente amas a una persona no puedes desear retenerla”.

Juan, ¡vive Dios que lo intentaba! Pero no le funcionaba.

Y pasaron los días, como pasa la brisa, sin pena ni gloria. Juan dejó a Laura: gritos, lágrimas, change emocional, reproches y algo de sobreactuación pensó el chico. Aguantó como pudo el chaparrón pues sabía que al otro lado del túnel estaba la calma. Pronto se olvidó del mal trago y sus nervios volvieron a aquietarse. Se había quitado una gran losa de encima. Juan se preguntaba ¿cómo era posible que una parte importante de sus sentimientos se los quedara para sus amigas y a él, o eso le daba la impresión, se los ocultaba, no mostraba desnudo su corazón ante la relación que unía a ambos; y esto frustraba del todo a Juan, que no lo entendía y no sabía cómo conseguir que Laura se lo abriera. Era la misma sensación de siempre de ser tratado de acuerdo a ese “manual de instrucciones para cazar y retener marido” que mencionaba anteriormente. ¿Cómo puede vivir sin compartirse de forma plena con un ser amado? ¿No le hace sentirse más o menos sola…? Juan no encontraba explicación a estos enigmas. De Rosa Regás leyó una frase: “Los hombres no nos entienden porque no nos leen”; pero Juan sí leía a muchas mujeres. Y entendía lo que allí leía, lo entendía perfectamente. Y lo compartía. Pero acertaba a comprender a Laura; ni a quienes se comportan como ella; y a fe que lo intentaba; pero para Juan era un caso perdido. No la encontraba.

-Quizá teman- pensaba el chico- que les dejen por otra; pero en ese peligro estamos todos. Y las pruebas que se pueden inventar para averiguarlo pueden no demostrar nada; pues una vez las conoces, es solo fingir y seguir el proceso.

Cierto día había visto a Laura sentada en uno de los bancos del paseo del río en compañía de otro chico, no se fijó bien, pero le pareció un tipo bastante vulgar, un “poligonero”como se les conocía ahora, estaban besándose sin ningún recato. A Juan le pareció una imagen bastante desagradable; no eran celos, la sensación que predominaba en su corazón sino alivio. Por fin se sentía del todo tranquilo. Y su mente completamente relajada.

Juan había cogido el mismo hábito que había visto en muchas personas mientras estaba en la terraza con Laura, hacer ejercicio por el mismo paseo a lo largo del río, de vez en cuando pasaba cuando salía a correr unos kilómetros por las tardes.

-Si otros lo hacen, no tiene que estar tan mal; “allí donde fueres, haz como vieres”-.

Juan había vuelto a ser la misma persona, tranquila, distante, curiosa; todo fluía con la misma languidez que antaño. No hacía planes sobre nada, no se presionaba sobre nada, no se obsesionaba con nada; Laura había desaparecido de su mente. La otra chica…Si antes la veía poco ahora apenas nada. Todo volvía a deslizarse como la seda…

-¡Qué lujo…!- se decía el chico para sí.

Por otro lado, tenía meridianamente claro que antes o después volvería a enamorarse.

-A veces es mejor perder…- Se decía el chico para sí, si alguna vez, la memoria le jugaba una mala pasada haciéndole revivir solo los momentos bellos que tuvo con Laura, o incluso los momentos en que se cruzaba con la chica desconocida.

-Toda moneda tiene su reverso; y esto es algo que no conviene perder de vista.

Cierto día andaba Juan por el mismo paseo, con la intención de complir con un encargo; había que comprar para comer. En una tienda de discos que había en por la zona, le pareció divisar un rostro conocido. Era el de la desconocida, (que dicho de paso, es que todavía no conocemos su nombre, que no es que nos guste el término, para referirnos a ella, cabe aclarar, para malpensados/as), a la cual seguía teniendo afecto, pero que se había convencido de que era, además de fruta prohibida, de su completo desinterés, de él de ella se entiende, y eso en el caso de que alguna vez hubiera, por accidente, por supuesto, reparado en él, algo harto improbable sin duda, pensaba Juan. Aún así, decidió detenerse a observarla un momento, pues desde el escaparate se la podía observar de forma discreta. Estaba en un apartado de música extranjera, concretamente con dos cds de Leonard Cohen, uno en cada mano; en una mano sostenía uno recopilatorio y en la otra uno original. Monsieur Cohen había fallecido hacía pocas fechas y lo típico, cuando un artista fallece es que su obra, de repente, resucita. Y allí estaba ella en tan titánica y sobrenatural proeza, descubriendo a monsieur Cohen, sus ojos, su pelo negro, su sonrisa, esta vez aparcada, su esbelta figura…Y Juan poseía cierto conocimiento de la obra del canadiense.

La chica estaba indecisa, lo pensó durante un momento más, y finalmente se decidió por el recopilatorio. Después se encaminó a la caja para pagar el artículo; Juan aguardó expectante, tal vez decidiera salir del establecimiento…¿Y si era su oportunidad…? ¡Tenía que averiguarlo…! Efectivamente, la chica se encaminaba hacia la salida; y allí que se apostó Juan. ¿Y si era su oportunidad…? A un par de metros de la salida, algo llamó la atención de la desconocida; Juan repara en ella, repara en que era su oportunidad, ¡y se lanzó sin pérdida de tiempo…!

-No conoces la música de Cohen; estabas indecisa y has escogido un recopilatorio. Si quieres, puedo presentarlo, en sentido figurado, pues ha muerto hace poco; por eso su música ahora resulta que resucita al artista.

-¡Me has asustado! ¿Es que te dedicas a espiarme? ¿No tienes nada interesante que hacer con tu vida que te dedicas a espiar a las chicas…?

-A la primera cuestión, te pido disculpas, estas cosas son así; a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba saliendo con una chica, a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba con una chica en una terraza de un bar cercano y tu pasabas con tu chico. Y a la tercera, es que me gusta mucho leer en mis ratos libres, que últimamente no son muchos…Quien no le conoce se equivoca con monsieur Cohen.

-(Le interrumpe), Tu pareces tener mucho tiempo libre; ¿no tienes novia?

-Pues no, desde hace unas pocas semanas. No quiero saber nada de alguien que muestra sus sentimientos, por el motivo que sea.

-Vaya, eres de los románticos que creen en el amor platónico y a primera vista. (“Romántico” lo dice con sorna).

-”Sí” a lo primero; sí a lo segundo y no a lo tercero. De hecho, la chica a la que dejé, no parecía creer en ningún tipo de amor; o afecto, siquiera; mostraba más interés en cuestiones más materiales.

-Ya, entiendo. (Dice la chica, irónica y displicente. Acto seguido abandonó la estancia a toda prisa).

-(Juan sale tras ella); ¡Oye, espera…! ¿Cómo te llamas…?

-¡Déjame en paz…! (Dice en voz alta ya desde la calle, entre transeúntes; y estos intrigados no pueden evitar dirigir la mirada hacia el interior de la tienda). Si no quieres que le pida a mi novio que te lo explique mejor. (Desaparece a toda prisa entre el gentío).

-No te creo…(Responde el chico, mientras observa cómo se aleja entre la multitud). Me he enamorado…(Dice el chico para sí, en voz baja). Apostaría mi brazo derecho a que ahora mismo tú no tienes pareja.. (A algún transeúnte que le mira fijamente con extrañeza) ¿Te debo algo…?

-¡Debería darle vergüenza!

-Supongo, pero no tengo; no gusto de atesorar iniquidades dentro, se te pudren y te convierten un ser detestable. (A Juan le altera más dejar de pasar desapercibido que otra cosa, por poco romántico que suene ahora mismo; aunque el enfado era manifiesto a luz de lo ocurrido, también).

Juan volvía de vez en cuando a transitar por el paseo; unas veces de vuelta a casa; otras cuando salía a hacer ejercicio. La variopinta multitud le distraía; y como era uno más de tantos deportistas de los que por allí se dejaban caer, pasaba completamente desapercibido, como tanto le gustaba.

De vez en cuando, se cruzaba con chica desconocida, que siempre iba acompañada por otro chico esta vez:

-Igual de tonto, (pensaba Juan), pero este estoy convencido de que no está liado con ella. Casi apostaría mi brazo derecho.

Así pasó una semana. Dos; enquistada la misma situación; Juan pasaba cada vez menos por ese paseo, ya con la cabeza en otras cosas. Unos de esos días, que por azares del del destino, le dió por pasar por allí, su interés discurrían ahora mismo por otros lares bastante distintos, y mire usted por donde, misteriosamente, el caprichoso azar hace que se cruce con la famosa chica desconocida: Y sin tener tiempo siquiera de pensarlo, se sorprende a sí mismo, preguntándole, como si se conocieran de mucho tiempo atrás:

-¿Ya conoces a Cohen…? Cuando fallece un artista la gente se empeña por resucitar su obra.

-Por un momento creí que erais amigos íntimos.

-Venga, ya vale…Ni tú ni yo somos precisamente tontos.

-Tengo novio, ¿sabes…?

-No te creo.

-¿Cómo estás tan seguro…?

-Porque tengo ojos.

-Eres un mirón entonces; pues lo he escuchado un poquito; es…otra forma de escribir poesía.

-Es decir, que entendemos que era en realidad un poeta. Se dedicó a la música porque la poesía no le daba para comer. Tampoco era un romántico al uso; simplemente se limitaba a disfrutar de lo la providencia le obsequiaba. “Bird on the wire”.

-Pájaro en el alambre eléctrico”.

-Lo que no me explico es ¿cómo conseguía esquivar el sentimiento de soledad…? ¿Puedo preguntar cómo te llamas..?

-Carmen, Y tú eres…

-Juan. ¿Me dejas que te invite a algo? Me gustaría conocerte ¡si a tu chico no le importa! (Irónico).

-¡Por fin…! ¡Un hombre que no teme pedir las cosas…!

-Debe ser porque me han dado muchas calabazas; es la costumbre, supongo.

-De alguna forma hay que aprender a caminar.

-Muy cierto. Ahí delante está la terraza en la que me sentaba con Laura, mi ex. A mí no me importa, es que se está muy bien allí, por eso lo digo, ¿si tienes otra preferencia…?

-¿Tu ex…? Entiendo.

-Se me nota, ¿no…? que estoy más alegre. (Sonríe).

Se sientan en la misma mesa; Juan se pide una cerveza; Carmen se pide un café.

-(Juan prosigue); Es una de esas veces en la que perder significa ganar.

-No se te ve muy afectado.

-Pienso, (explica Juan), que el amor se da y no se pide, y aquella chica lo que intentaba, yo creo, era estafar.

-(Le interrumpe) ¿Estafar? ¿Cómo estafar…?

-Es una forma como otra cualquiera de decir que en todas partes hay gente buena y mala.(Carmen le mira extrañada) Cada cual tiene su jerga.

-¿Puedo preguntar a qué te dedicas? No te cuesta mucho tomar decisiones.

-Ahora mismo…Pues trabajo en una fábrica de muebles, lo que pasa es que leo mucho siempre que puedo. El año pasado estudiaba Derecho, pero este año no hay fondos para filigranas. ¿Y tú? Ahora que parece que nos entendemos un poquito, al menos…Lo que pasa es que soy latino, de sangre caliente y a veces me puede el ímpetu.

-Ya veo. (Repone Carmen, irónica; Juan sonríe). Todavía tienes presente aquella ruptura, ¿es eso…?

-Pues la verdad es que tenía que haberlo hecho mucho antes. A veces perder significa ganar.

-No quiero meterme en la vida privada de nadie pero, no consigo entenderte.

-Pues para que no te sientas una cotilla y como creo que esto mismo le sucede a más gente, me explicaré de forma generalizada. Me encapriché de una chica por su físico; hay muchachas, o eso creo yo, y las mujeres os lo contais todo, no como nosotros los hombres, esta clase de chicas empiezan a aprender ya desde pequeñas a cazar marido.

-¡Cazar marido…!

-Cada cual tiene su jerga propia. La cosa es que si no hay afinidad entre ambos caracteres, pasa lo que pasa, que hueso con hueso fricciona y eso es muy doloroso. Y hay que terminar.

-Es que los hombres estais más atentos a los instintos primarios, con las mujeres.

-Así es me temo…Pero a nadie le amarga un dulce.

-Y si nosotras hacemos lo mismo, pensáis que somos chicas fáciles. Unos sucios pendones.

-Cierto que en demasiadas cosas, todavía estamos en la prehistoria. Pero todo es de color; yo no veo mal que una chica se divierta; aunque también hay formas y formas de divertirse. Lo que quería decir es que no se puede querer cambiar a una persona. Digamos que “por mi cara bonita no va a cambiar nadie”; la aceptas como se ofrece o pasas de largo. Por ejemplo con Laura, la chica con la que estaba.

-¿Tu ex…?. (Le interrumpe).

-Mi ex, correcto. Yo notaba, es mi impresión, tú eres mujer y sabrás corregirme si me equivoco, que no se implicaba, que no exponía sus sentimientos en la relación; que se valía de artificios y artimañas para no tener que poner de su parte. Era como estar con una computadora, con un  programa en el que cada acción tiene su reacción programada para que a ella no le suponga ningún inconveniente y nada le coga de improviso. PUedes tener las mayor muestra de afecto que ella sabrá usarla en su beneficio. ¿De verdad mi empeño, ni siquiera roza su corazón…?¿Qué incentivos puedo tener yo para seguir tirando del carro de la relación…?

-Alguna vez os he visto, aquí mismo. Aquí casi siempre se ven las mismas caras. Parecía joven, ¿me equivoco…?

-No; pero con sus amigas, parecía tener más intimidad que conmigo.

-No conocí vuestra relación, (responde Carmen); pero si es cierto que las hay que son más malas que un dolor de muelas. Quieren asegurarse que no van a tener excesivos problemas contigo; o que no las vas a dejar por otra. A saber…

-Eso mismo he pensado yo; pero a eso se puede llamar manipulación.

-Llámalo como quieras; pero necesitamos estar seguras al abrir la puerta a una relación.

-¿Seguras…? De los dos, el único que no mintió nunca fui yo.

-¿Y cómo te ha ido…? Tú también tienes que saber encontrar tu sitio. A veces, un poco de picardía basta.

-Creo que sé por dónde vas; pero no me seduce. Tengo otro punto de vista.

-Bueno, así es como ella afrontó la negociación; cada uno expone sus prioridades y preferencias. Si a tí no te convence, a otro sí que lo hace. Y si otro está de acuerdo y ella también…¿Dónde está el problema…?

-En que esto pretenda no ser una negociación, sino una relación sentimental; un intercambio, un compartirse entre los dos. Está muy feo, cuando algo se puede pagar con solo dinero; debe ser algo muy feo.

-En tal caso deberías haber buscado, no solo su físico, sino a otra chica.

-Esta letra no la protestaré, canta el bueno de Joaquín Sabina.

-Si hay otro que sí está de acuerdo con estos términos y le da lo que ella busca…Ella busca algo que tú no le ofrecías.

-Y viceversa.

-Y viceversa. (Sonríe Carmen); eres buena gente; un poco pardillo y lento, pero buena gente. (Ambos sonríen).

-Aún tendré yo la culpa. No todas las mujeres son iguales; las hay de buenas y también de malas. Y esta no era del todo buena, cabe recordar.

-Solo que el pito no está para reflexionar; está para reaccionar,en caso de refriega. (Ambos vuelven a reír).

-Yo mismo no lo hubiera explicado mejor…Yo quería compartirme y ella…Era joven y además, estaba más preocupada por conocer el sexo. Que bien, con ella era una salvajada, pero…Supongo que es cierto que, inconscientemente…pues quería cambiar la personalidad de esa chica; y eso ni es justo ni buena idea. Yo me escudaba pensando que yo ponía todo de mi parte, pero claro, con eso era con lo que intentaba cambiarla. Pero si yo pongo todo de mi parte para entenderla, para compartirme, para animarla, para tirar del carro de la relación, para enamorarla y todo para que ella se aproveche de esa fuerza en su beneficio para no tener que poner nada de su parte y para tenerme bajo su dominio, a mí ese intercambio no me pues… No me seduce.

-Porque buscas otra clase de chica; una mujer ponderada y valiente que sepa que no necesita ocultar sus sentimientos.

-El amor se da, no se pide; y mucho menos se estafa.

-Correcto. Eres un poco pardillo, pero buena gente.

-Es que no necesito ocultar mis sentimientos.

-Sí, de eso me he dado cuenta hace tiempo. (Sonríe con sorna).

-¡Tú, no te rías con tanta ligereza por debajo de la nariz que te estoy viendo, guapa. Hasta hace poco, estabas con muy acaramelada con un “galán” ¿Qué ha sido de él…? ¿”Se os rompió el amor de tanto usarlo” como canta “la más grande”, la Jurado…?

-Pues supongo que amor…Sí que había…(Inicia reticente, Carmen), pero mi caso era bastante parecido al tuyo, pero desde el otro lado del frente.

-Es como (le interrumpe Juan), la relación que establece entre un toro y el encargado de su lidia, este siempre templando la embestida del animal.

-Yo misma no lo hubiera explicado mejor. Me era leal, fiel, amable, cariñoso, responsable, trabajador, desprendido en sus muestras de cariño…

-Pero…(Le interrumpe Juan).

-¿Pero…? ¡Pero…! Quería que estuviera siempre encima de él; riendole las gracias, lisonjeandole contínuamente, que es como se aseguraba que estuviera siempre atenta a él, siempre pendiente de sus cosas…

-(Juan le interrumpe) Sí, como si fueras su madre.

-En otro momento, te hubiera contestado unas cuantas verdades.

-Pero ya no es ese momento.

-Me conformaba porque como dices tú, le tenía bien controlado bajo mi dominio.

-Pero…

-¿Pero…? ¡Pero…! (Carmen calla).

-(Juan prosigue) Mónica Molina tiene una canción que dice: “Olvidé que amar no es suficiente, que amar es sentirse amada también…” Que se asomen a tu corazón y averigüen cómo pueden servirle y que te enamoren todos los días…Lo contrario, ni es pasión ni es vida…

-Ni yo misma lo hubiera dicho mejor; “ni es pasión ni es vida…” (Ambos callan durante unos segundos); no se puede estar cuidando a un chiquillo de 20, de 40, de 60 años toda la vida…¡Estoy intrigada…!

-¿Tú…? ¿Intrigada…? ¿Que pareces saberlo todo y ya nada te coge de improviso…?

-Y a tí aún te siguen sorprendiendo muchas cosas…(Juan asiente sonriendo). ¿Cómo sabías que ya no tenía pareja…?

-Te lo he dicho antes, porque tengo ojos, y siempre que podía te observaba, con admiración, claro.

-¡Ah, te has enamorado…! ¡Un amor platónico, y sin conocerme…! ¡Ja, ja, ja…! ¡Qué tonto eres…! (Juan sonríe con ella, pero ella con cierta sorna).

-Me has descubierto. Luego saldré corriendo de la vergüenza.

-Ya veo que de eso tienes un poco menos de la justa.

-A Dios gracias. Además, tu proceder coincidía con la actitud propia de quien persigue el favor de un chico. En eso, no eres ninguna excepción a ninguna norma de cumplir todo punto por punto. Solo querías asegurarte de que me preocupaba por tí como es necesario. Por otra parte, intentabas aplicarle un poco de chispa a la relación, que si no, es todo muy aburrido. Cuando una mujer tiene pareja, se asegura de dejarlo claro; y a última hora, tú no lo patentabas muy fervientemente que digamos; sembrabas dudas a propósito. Pero yo te conocía. Y te conozco cada vez más.

-De eso se trata. Tienes que poner de tu parte. “Amar es sentirse amada también”, recuerda.

-Y ahí es donde entro yo. Es hermoso que alguien se tome tantas molestias por hacerte sentir, que merece la pena vivir esta vida, que tan ingrata sabe ser, demasiado a menudo.

-Yo misma no lo hubiera dicho mejor.

-(Juan pensó para sí) “Merci, monsieur Cohen”, todo empezó con una canción suya. Hoy, gracias a ella, me encuentro soñando despierto.

“Ni es pasión ni es vida” por Manuel Zorrilla García. La Vall d´Uixó, (Castellón) 1-XII-2016.

“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz…” Leonard Cohen. (  21-IX-1934 / 7-XI-2016) RIP Monsieur, Nous sommes qui nous enlever le chapeau à vous.  

NI ES PASIÓN NI ES VIDA. De Manuel Zorrilla García.

De vez en cuando, le veía pasear por la orilla del río. Juntos de la mano, en silencio, las más delas veces, en perfecta comunión.

Haciendo el tonto él, de vez en cuando, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice como premio también de ella, como busca un niño pequeño la aprobación de la madre. Ella mostraba paciencia y sonreía otra vez…Y hasta parecía divertirse.

Juan no podía evitar sentir envidia y resquemor hacia aquella estampa. Se había enamorado de una desconocida. Un amor platónico…Una mentira…Una ilusión imposible…¡Un tormento…!

Su alta figura, esbelta, sus caderas no eran demasiado pronunciadas, tampoco las precisaba para ser perfecta. Su infinita cabellera, de color negro, largo, sin mida, ondulado ligeramente. Pero sobretodo, sus ojos, inmensos cuales agujeros negros por donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un frío bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla.

“Ah, si pudieran ver lo que yo veo en sus ojos cuando la miro”_ le dijo Jeremy Irons a Gong Li, en “La caja china” dirigida por Wayne Wang _

Es lo que sucede cuando idealizas a alguien; y aún así, Juan creía que ella no era feliz; y cuando se asomaba al balcón de su corazón creía ver cientos de cosas que no se reflejaban en su rostro, a juicio de él, ligeramente contenido.

No la conocía; era una apreciación subjetiva sujeta a posibles errores, naturalmente. Pero ¿qué más dá? es el sueño de Juan; es gratis y no le hace daño a nadie.

Juan recuerda un fragmento de de “So long, Marianne”, de Leonard Cohen:

 

[“Suzanne te conduce a su casa junto al río

Puedes escuchar los barcos zarpando, puedes pasar la noche infinita

Y sabes bien que está medio loca, pero es por eso que la quieres a tu lado

Y te alimenta con té y con naranjas que vienen de la China

Y en el instante en el que intentas, decirle que no tienes amor que darle

Se coloca en tu onda y deja que el río te conteste

que nunca has dejado de ser su amante.”]

Pero Juan no estaba solo. Tenía pareja. Laura, se llamaba. De estatura más bien baja y aún así, preciosa como muy pocas. Pelo largo, liso, abundante, castaño oscuro…Su piel…Blanca como la luna más llena, capaz de transformar en una bestia al más cuerdo de los hombres. Pero sobre todo, destacaban sus labios. Carnosos, ardientes…¡Y sus pechos…! Cargados de insolencia por su tamaño, su juventud, (Laura era mucho más joven que Juan, más de diez años), su turgencia…Su sonrisa también era generosa. ¿El sexo? de más de diez: él treinta y tantos. Ella, Laura,, veintipocos. Lolo un inconveniente: ella quería conocer el sexo con alguien maduro, experimentado, con todo aprendido en estas lides…Él quería conocer a una mujer: bonita, ilustrada, sería, de carácter fuerte, con clase. Y Laura, a pesar de su juventud, lo era, sin duda…

¿Pero…?

¿Se han dado cuenta de que no hemos hablado ni una sola palabra sobre la personalidad de ninguno de los contendientes…?

La relación había empezado pues, como empiezan todas, como una novedad, como una obsesión desmesurada por absorberse el uno al otro. Laura saciaba, nunca mejor dicho, su curiosidad y ansias de conocimiento del sexo y Juan se compartía con ella, siempre que se abandonaba al ímpetu de su pareja. Nunca se saciaban el uno del otro; era algo enfermizo.

Pero la realidad es paciente y aguarda parsimoniosamente su momento para actuar.

No todo es Jauja en la Tierra y pasada la impaciencia de la novedad se enciende la luz y se nos aparece la cruda realidad en toda su crudeza; la evidencia es quien toma el mando de las operaciones, su primer dictado es golpear a Juan, de repente en el mismo rostro, lo que baja de súbito desde las mismas nubes al propio suelo en un solo instante. Aturdido contempla en panorama; y lo que divisa pues, no le gusta. Siente que se ha equivocado y de forma atroz además.

A Juan siempre le quedaba un poso de dudas, de pena, de dolor. Sentía que Laura no era sincera con él. Tenía la impresión de que todas las respuestas procedían como de un manual de instrucciones, le cubría de arrumacos, sobre todo después del sexo. En público, presumía mucho ella de su compañía y eso le hacía sentirse incómodo; para ella, nunca nada parecía importar demasiado, excepto cuando era ella la que estallaba de furia por el motivo que fuera, a veces nimio, pensaba Juan, por rabia intempestiva, por celos, por…Juan creía que, incluso en esos momentos, el único motivo era recordarle que era ella la que estaba con él y no al revés. O al menos, eso era lo que quería Laura que Juan creyera.

Juan se sentía apartado, sólo…Como un animal en un zoo o en un circo. A veces a Laura le daba por tener peculiares cambios de humor. Las caricias, los besos, es sexo…Era cada vez más agrio que dulce.

Juan y Laura solían acudir a la terraza de un bar desde el que se dominaba perfectamente la margen izquierda del río y su paseo; gente, que arriba y abajo, deambulaba por el; miles de historias concentradas en un estrecho, largo y sinuoso pasillo repleto de bares, terrazas, camareros, clientes de lo más variopinto; ancianos, jóvenes, matrimonios con sus hijos, gente haciendo ejercicio…Mientras el agua continuaba su deambular, completamente ajena a las miserias de los mortales.

Juan y Laura charlaban bastante animados sobre alguna anécdota o sobre cómo le iba la relación a alguna de sus amigas, lo que no terminaba de interesar al chico. Su mirada divagaba desentendida, sin posarse en ningún lado y su atención entraba y salía de la conversación. Se distraía observando a los viandantes pues el panorama no dejaba de cambiar.

Laura continuaba su disertación sobre la última disputa que una de sus amigas más cercanas mantenía con su pareja, lo que tendría que haber hecho o lo que hubiera hecho ella en caso de estar en su lugar.

-¿Y tu amiga Rebeca como se ha tomado la parrafada? -Le pregunta Juan a Laura-.

-¿Y cómo te la hubieras tomado tú si te dijeran que (entona de forma displicente esta parodia crítica), “está harto de que no hagan caso, y de que le trate como una marioneta…”? ¡Después de lo que Rebeca se desvive por él…!

-Pero Rebeca y Luis -Juan le hace señas al camarero para que traiga otras dos cervezas a la mesa- ya han discutido más de una vez-le interrumpe- y siempre han terminado arreglándose, pues en el fondo saben que se necesitan el uno al otro. Deberían tener más en cuenta esto. Ambos.

-Y Rebeca no se cansa de repetirlo, siempre que puede.

-Tal vez sea el ímpetu de la juventud, pero Rebeca es más de vencer que de convencer, a veces. Tiene ella un carácter más decidido ella que él.

-¡¿Qué…?!

-Además, basta que te metas en medio de una pareja, aunque sea con la mejor intención, para que juntos descarguen sus arsenales contra tí y después ellos terminan revolcándose como si no hubiera un mañana. Es solo una tormenta de verano. De peores han salido.

-¡Pero que le diga eso, después de que se desvive por él….!

-Pues que no “se desvive”; que se espabile solito que ya no es un nene; no tiene que estar todo el tiempo pendiente de él, que parece que a Rebeca,  le vaya el martirio.

-¿Cómo que “el martirio”?¡Está visto que no se puede ser buena…!

-Buena sí; pero no su madre; Rebeca también tendrá necesidades y ser atendida ¿no…? ¿se las atiende…?

-¡No! Si ellos casi siempre están bien. Lo que pasa es que a veces pues…

-Bueno…-Juan comprendió que iban a llegar a ningún acuerdo y dejó el tema-.

La atención de Juan volvió a perderse entre la marabunta que deambulaba por el paseo del rió, sin solución de continuidad; constantemente iba cambiando el panorama; pero su atención en la variopinta riada de gente: más parejas, más gente haciendo ejercicio, más gente con su mochila al hombro…Laura, a ratos guardaba silencio, a ratos hacía algún comentario que a Juan a veces le interesaba, y a veces no.

-¡Juan, te estoy hablando, que parece que estás en Babia…! ¿Esperas a alguien…?

-Yo no…Todo el mundo sabe que estoy contigo y dónde encontrarme. -¿Dónde estarás, mi “chica de Ipanema”, pensaba Juan-.

“Que viene y qué pasa con su balanceo, camino del mar.”

“¡Ah!, ¿por qué estoy tan triste…?

“la belleza que no es solo mía…”

-¡Pero no pasa solita…! Se lamenta Juan en su pensamiento.-.

(-”Chica de Ipanema” de Vinicius de Moraes).

De repente le pareció divisar una silueta familiar, erguida, esbelta y una inconfundible melena negra…¡Era su “chica de Ipanema”, acompañada de su galán, impenitente tras ella, como un saltimbanqui, que a Juan empezaba a parecerle irritante.

Poco a poco se iban acercando hasta su posición; juntos de la mano, en animada charla; de vez en cuando él, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice a cambio. Ella mostraba paciencia y sonreía a la vez…Y hasta parecía divertirse. Una y otra vez el mismo molesto y obsesivo soniquete. Otra vez la envidia, y el resquemor hacia aquella estampa; se había enamorado de una desconocida: Un amor platónico, una mentira, una ilusión imposible…¡Una obsesión insoslayable…! ¡Un tormento…!

Su esbelta figura, su frondoso pelo negro ondulado, largo, sin fin…Sus inmensos ojos cuales agujeros negros en donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos, como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla. Una insoslayable obsesión…Una y otra vez, el mismo soniquete…

Sonreían, se besaban, caminaban de la mano. Y Juan se consumía. ¿Y Laura…? ¿Dónde queda Laura…? La relación estaba deteriorada. Juan necesitaba que le mostraran sus sentimientos;  que su pareja le demuestre que sus atenciones son necesarias y no molestas e intrusivas; cuando él se intenta asomar al corazón, para tratar de averiguar qué puede hacer por él…Pero Juan se sentía embaucado por Laura. No encontraba espontaneidad. No encontraba sentimiento en sus respuesta que parecían sacadas de un “·manual de instrucciones para el manejo de tu pareja”.

Y donde no hay sentimientos, no crecen las flores.

Llegados a este punto, pasan dos cosas:

La primera es que cuando se dice que “el amor es ciego”, la cuestión exacta es que “no hay más ciego que el que no quiere ver”; llenado de todos los abalorios y oropeles, muy llamativo todo, y que en definitiva no es sino quincalla, algo irreal, que no existe. Y que antes o después nos hará sufrir lo que no está escrito cuando el castillo de naipes y en el aire se desmorone y quede lo que es: nada.

Otra cosa es que las personas son como son y no se puede esperar que a base de atenciones y arrumacos o por nuestra cara bonita vayan a cambiar, porque no lo van a hacer. La persona que nace mala, lo es hasta el final.

Juan se encaprichó de su físico a ahora se encuentra con la evidencia. Y con que no le gusta.

Pero todos cometemos errores de vez en cuando ¿no es cierto…? La cuestión es si aprendemos.

A todo esto, la desconocida y su pareja llegaban a la altura de Juan y Laura, siempre bajo la atenta vigilancia de Juan; y ahora también de Laura. Momento en el que de repente, como surgido de la nada aparece el camarero con las cervezas; Laura lo había visto venir desde la barra, pero esperó a que llegara hasta la mesa para espetarle a Juan:

-¡Oye, que no paras de mirarle el culo a esa morena! ¡Te veo aunque lleves gafas de sol!

Juan no se molestó demasiado, pero le pareció un indicio más de que aquella relación no se encaminaba a ningún buen puerto.

-Bien sabes tú que a mí no me molesta que mires a otros chicos; están ahí, disfruta de lo que ves, siempre que cuando necesites calor, me vengas a buscar a mí, no me importa.

-Es que parece que la miras con más celo que a mí…!

-Te pido disculpas. Pero me concederás que es contigo con quien trato de entenderme.

-Pues no lo parece a veces.

-Tienes celos de una desconocida. No te puedo creer. Tú, que me conoces y gozas de mi favor.

-¡Pero no de atención! ¡Que se te van los ojos!

-¿Insinúas que no intento entenderme contigo…?

-A veces no lo parece.

Juan sabía que le echaba leña a la hoguera a propósito; a pesar de que tampoco le faltaba razón. La cuestión es que antes o después, la evidencia debe hacerse patente, de una forma o de otra. Decidió callar; pero no otorgar.

Juan siguió concentrado en la desconocida, ahora ya casi perdida entre la multitud.

-”¡Ah, garota de Ipanema,-pensaba Juan-mezcla de flor y sirena, de luz y de gracia, con su contoneo camino del mar!; ¡Ah! ¿por qué estoy tan triste…?; belleza que no es solo mía…”

(“Garota de Ipanema” de Letra de Vinicius de Moraes).

19-XI-16

No con tu veneno,

con este no puedo,

¡Tú…mi vino negro…!

Tus ojos inmensos…

Sonrisa del averno…

¡Tu…tu pelo negro…!

¡Sonrisa del averno…!

¡Tú…mi vino negro…!

Z·W·G

Recordó también las entrevistas y canciones que había leído de Leonard Cohen donde el cantautor se revelaba como un “Bird on the wire”, un “pájaro en el tendido eléctrico”, alguien que se limita a disfrutar de lo que la vida le obsequia en cada momento, sin desear retener nada ni a nadie: “Cuando realmente amas a una persona no puedes desear retenerla”.

Juan, ¡vive Dios que lo intentaba! Pero no le funcionaba.

Y pasaron los días, como pasa la brisa, sin pena ni gloria. Juan dejó a Laura: gritos, lágrimas, change emocional, reproches y algo de sobreactuación pensó el chico. Aguantó como pudo el chaparrón pues sabía que al otro lado del túnel estaba la calma. Pronto se olvidó del mal trago y sus nervios volvieron a aquietarse. Se había quitado una gran losa de encima. Juan se preguntaba ¿cómo era posible que una parte importante de sus sentimientos se los quedara para sus amigas y a él, o eso le daba la impresión, se los ocultaba, no mostraba desnudo su corazón ante la relación que unía a ambos; y esto frustraba del todo a Juan, que no lo entendía y no sabía cómo conseguir que Laura se lo abriera. Era la misma sensación de siempre de ser tratado de acuerdo a ese “manual de instrucciones para cazar y retener marido” que mencionaba anteriormente. ¿Cómo puede vivir sin compartirse de forma plena con un ser amado? ¿No le hace sentirse más o menos sola…? Juan no encontraba explicación a estos enigmas. De Rosa Regás leyó una frase: “Los hombres no nos entienden porque no nos leen”; pero Juan sí leía a muchas mujeres. Y entendía lo que allí leía, lo entendía perfectamente. Y lo compartía. Pero acertaba a comprender a Laura; ni a quienes se comportan como ella; y a fe que lo intentaba; pero para Juan era un caso perdido. No la encontraba.

-Quizá teman- pensaba el chico- que les dejen por otra; pero en ese peligro estamos todos. Y las pruebas que se pueden inventar para averiguarlo pueden no demostrar nada; pues una vez las conoces, es solo fingir y seguir el proceso.

Cierto día había visto a Laura sentada en uno de los bancos del paseo del río en compañía de otro chico, no se fijó bien, pero le pareció un tipo bastante vulgar, un “poligonero”como se les conocía ahora, estaban besándose sin ningún recato. A Juan le pareció una imagen bastante desagradable; no eran celos, la sensación que predominaba en su corazón sino alivio. Por fin se sentía del todo tranquilo. Y su mente completamente relajada.

Juan había cogido el mismo hábito que había visto en muchas personas mientras estaba en la terraza con Laura, hacer ejercicio por el mismo paseo a lo largo del río, de vez en cuando pasaba cuando salía a correr unos kilómetros por las tardes.

-Si otros lo hacen, no tiene que estar tan mal; “allí donde fueres, haz como vieres”-.

Juan había vuelto a ser la misma persona, tranquila, distante, curiosa; todo fluía con la misma languidez que antaño. No hacía planes sobre nada, no se presionaba sobre nada, no se obsesionaba con nada; Laura había desaparecido de su mente. La otra chica…Si antes la veía poco ahora apenas nada. Todo volvía a deslizarse como la seda…

-¡Qué lujo…!- se decía el chico para sí.

Por otro lado, tenía meridianamente claro que antes o después volvería a enamorarse.

-A veces es mejor perder…- Se decía el chico para sí, si alguna vez, la memoria le jugaba una mala pasada haciéndole revivir solo los momentos bellos que tuvo con Laura, o incluso los momentos en que se cruzaba con la chica desconocida.

-Toda moneda tiene su reverso; y esto es algo que no conviene perder de vista.

Cierto día andaba Juan por el mismo paseo, con la intención de complir con un encargo; había que comprar para comer. En una tienda de discos que había en por la zona, le pareció divisar un rostro conocido. Era el de la desconocida, (que dicho de paso, es que todavía no conocemos su nombre, que no es que nos guste el término, para referirnos a ella, cabe aclarar, para malpensados/as), a la cual seguía teniendo afecto, pero que se había convencido de que era, además de fruta prohibida, de su completo desinterés, de él de ella se entiende, y eso en el caso de que alguna vez hubiera, por accidente, por supuesto, reparado en él, algo harto improbable sin duda, pensaba Juan. Aún así, decidió detenerse a observarla un momento, pues desde el escaparate se la podía observar de forma discreta. Estaba en un apartado de música extranjera, concretamente con dos cds de Leonard Cohen, uno en cada mano; en una mano sostenía uno recopilatorio y en la otra uno original. Monsieur Cohen había fallecido hacía pocas fechas y lo típico, cuando un artista fallece es que su obra, de repente, resucita. Y allí estaba ella en tan titánica y sobrenatural proeza, descubriendo a monsieur Cohen, sus ojos, su pelo negro, su sonrisa, esta vez aparcada, su esbelta figura…Y Juan poseía cierto conocimiento de la obra del canadiense.

La chica estaba indecisa, lo pensó durante un momento más, y finalmente se decidió por el recopilatorio. Después se encaminó a la caja para pagar el artículo; Juan aguardó expectante, tal vez decidiera salir del establecimiento…¿Y si era su oportunidad…? ¡Tenía que averiguarlo…! Efectivamente, la chica se encaminaba hacia la salida; y allí que se apostó Juan. ¿Y si era su oportunidad…? A un par de metros de la salida, algo llamó la atención de la desconocida; Juan repara en ella, repara en que era su oportunidad, ¡y se lanzó sin pérdida de tiempo…!

-No conoces la música de Cohen; estabas indecisa y has escogido un recopilatorio. Si quieres, puedo presentarlo, en sentido figurado, pues ha muerto hace poco; por eso su música ahora resulta que resucita al artista.

-¡Me has asustado! ¿Es que te dedicas a espiarme? ¿No tienes nada interesante que hacer con tu vida que te dedicas a espiar a las chicas…?

-A la primera cuestión, te pido disculpas, estas cosas son así; a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba saliendo con una chica, a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba con una chica en una terraza de un bar cercano y tu pasabas con tu chico. Y a la tercera, es que me gusta mucho leer en mis ratos libres, que últimamente no son muchos…Quien no le conoce se equivoca con monsieur Cohen.

-(Le interrumpe), Tu pareces tener mucho tiempo libre; ¿no tienes novia?

-Pues no, desde hace unas pocas semanas. No quiero saber nada de alguien que muestra sus sentimientos, por el motivo que sea.

-Vaya, eres de los románticos que creen en el amor platónico y a primera vista. (“Romántico” lo dice con sorna).

-”Sí” a lo primero; sí a lo segundo y no a lo tercero. De hecho, la chica a la que dejé, no parecía creer en ningún tipo de amor; o afecto, siquiera; mostraba más interés en cuestiones más materiales.

-Ya, entiendo. (Dice la chica, irónica y displicente. Acto seguido abandonó la estancia a toda prisa).

-(Juan sale tras ella); ¡Oye, espera…! ¿Cómo te llamas…?

-¡Déjame en paz…! (Dice en voz alta ya desde la calle, entre transeúntes; y estos intrigados no pueden evitar dirigir la mirada hacia el interior de la tienda). Si no quieres que le pida a mi novio que te lo explique mejor. (Desaparece a toda prisa entre el gentío).

-No te creo…(Responde el chico, mientras observa cómo se aleja entre la multitud). Me he enamorado…(Dice el chico para sí, en voz baja). Apostaría mi brazo derecho a que ahora mismo tú no tienes pareja.. (A algún transeúnte que le mira fijamente con extrañeza) ¿Te debo algo…?

-¡Debería darle vergüenza!

-Supongo, pero no tengo; no gusto de atesorar iniquidades dentro, se te pudren y te convierten un ser detestable. (A Juan le altera más dejar de pasar desapercibido que otra cosa, por poco romántico que suene ahora mismo; aunque el enfado era manifiesto a luz de lo ocurrido, también).

Juan volvía de vez en cuando a transitar por el paseo; unas veces de vuelta a casa; otras cuando salía a hacer ejercicio. La variopinta multitud le distraía; y como era uno más de tantos deportistas de los que por allí se dejaban caer, pasaba completamente desapercibido, como tanto le gustaba.

De vez en cuando, se cruzaba con chica desconocida, que siempre iba acompañada por otro chico esta vez:

-Igual de tonto, (pensaba Juan), pero este estoy convencido de que no está liado con ella. Casi apostaría mi brazo derecho.

Así pasó una semana. Dos; enquistada la misma situación; Juan pasaba cada vez menos por ese paseo, ya con la cabeza en otras cosas. Unos de esos días, que por azares del del destino, le dió por pasar por allí, su interés discurrían ahora mismo por otros lares bastante distintos, y mire usted por donde, misteriosamente, el caprichoso azar hace que se cruce con la famosa chica desconocida: Y sin tener tiempo siquiera de pensarlo, se sorprende a sí mismo, preguntándole, como si se conocieran de mucho tiempo atrás:

-¿Ya conoces a Cohen…? Cuando fallece un artista la gente se empeña por resucitar su obra.

-Por un momento creí que erais amigos íntimos.

-Venga, ya vale…Ni tú ni yo somos precisamente tontos.

-Tengo novio, ¿sabes…?

-No te creo.

-¿Cómo estás tan seguro…?

-Porque tengo ojos.

-Eres un mirón entonces; pues lo he escuchado un poquito; es…otra forma de escribir poesía.

-Es decir, que entendemos que era en realidad un poeta. Se dedicó a la música porque la poesía no le daba para comer. Tampoco era un romántico al uso; simplemente se limitaba a disfrutar de lo la providencia le obsequiaba. “Bird on the wire”.

-Pájaro en el alambre eléctrico”.

-Lo que no me explico es ¿cómo conseguía esquivar el sentimiento de soledad…? ¿Puedo preguntar cómo te llamas..?

-Carmen, Y tú eres…

-Juan. ¿Me dejas que te invite a algo? Me gustaría conocerte ¡si a tu chico no le importa! (Irónico).

-¡Por fin…! ¡Un hombre que no teme pedir las cosas…!

-Debe ser porque me han dado muchas calabazas; es la costumbre, supongo.

-De alguna forma hay que aprender a caminar.

-Muy cierto. Ahí delante está la terraza en la que me sentaba con Laura, mi ex. A mí no me importa, es que se está muy bien allí, por eso lo digo, ¿si tienes otra preferencia…?

-¿Tu ex…? Entiendo.

-Se me nota, ¿no…? que estoy más alegre. (Sonríe).

Se sientan en la misma mesa; Juan se pide una cerveza; Carmen se pide un café.

-(Juan prosigue); Es una de esas veces en la que perder significa ganar.

-No se te ve muy afectado.

-Pienso, (explica Juan), que el amor se da y no se pide, y aquella chica lo que intentaba, yo creo, era estafar.

-(Le interrumpe) ¿Estafar? ¿Cómo estafar…?

-Es una forma como otra cualquiera de decir que en todas partes hay gente buena y mala.(Carmen le mira extrañada) Cada cual tiene su jerga.

-¿Puedo preguntar a qué te dedicas? No te cuesta mucho tomar decisiones.

-Ahora mismo…Pues trabajo en una fábrica de muebles, lo que pasa es que leo mucho siempre que puedo. El año pasado estudiaba Derecho, pero este año no hay fondos para filigranas. ¿Y tú? Ahora que parece que nos entendemos un poquito, al menos…Lo que pasa es que soy latino, de sangre caliente y a veces me puede el ímpetu.

-Ya veo. (Repone Carmen, irónica; Juan sonríe). Todavía tienes presente aquella ruptura, ¿es eso…?

-Pues la verdad es que tenía que haberlo hecho mucho antes. A veces perder significa ganar.

-No quiero meterme en la vida privada de nadie pero, no consigo entenderte.

-Pues para que no te sientas una cotilla y como creo que esto mismo le sucede a más gente, me explicaré de forma generalizada. Me encapriché de una chica por su físico; hay muchachas, o eso creo yo, y las mujeres os lo contais todo, no como nosotros los hombres, esta clase de chicas empiezan a aprender ya desde pequeñas a cazar marido.

-¡Cazar marido…!

-Cada cual tiene su jerga propia. La cosa es que si no hay afinidad entre ambos caracteres, pasa lo que pasa, que hueso con hueso fricciona y eso es muy doloroso. Y hay que terminar.

-Es que los hombres estais más atentos a los instintos primarios, con las mujeres.

-Así es me temo…Pero a nadie le amarga un dulce.

-Y si nosotras hacemos lo mismo, pensáis que somos chicas fáciles. Unos sucios pendones.

-Cierto que en demasiadas cosas, todavía estamos en la prehistoria. Pero todo es de color; yo no veo mal que una chica se divierta; aunque también hay formas y formas de divertirse. Lo que quería decir es que no se puede querer cambiar a una persona. Digamos que “por mi cara bonita no va a cambiar nadie”; la aceptas como se ofrece o pasas de largo. Por ejemplo con Laura, la chica con la que estaba.

-¿Tu ex…?. (Le interrumpe).

-Mi ex, correcto. Yo notaba, es mi impresión, tú eres mujer y sabrás corregirme si me equivoco, que no se implicaba, que no exponía sus sentimientos en la relación; que se valía de artificios y artimañas para no tener que poner de su parte. Era como estar con una computadora, con un  programa en el que cada acción tiene su reacción programada para que a ella no le suponga ningún inconveniente y nada le coga de improviso. PUedes tener las mayor muestra de afecto que ella sabrá usarla en su beneficio. ¿De verdad mi empeño, ni siquiera roza su corazón…?¿Qué incentivos puedo tener yo para seguir tirando del carro de la relación…?

-Alguna vez os he visto, aquí mismo. Aquí casi siempre se ven las mismas caras. Parecía joven, ¿me equivoco…?

-No; pero con sus amigas, parecía tener más intimidad que conmigo.

-No conocí vuestra relación, (responde Carmen); pero si es cierto que las hay que son más malas que un dolor de muelas. Quieren asegurarse que no van a tener excesivos problemas contigo; o que no las vas a dejar por otra. A saber…

-Eso mismo he pensado yo; pero a eso se puede llamar manipulación.

-Llámalo como quieras; pero necesitamos estar seguras al abrir la puerta a una relación.

-¿Seguras…? De los dos, el único que no mintió nunca fui yo.

-¿Y cómo te ha ido…? Tú también tienes que saber encontrar tu sitio. A veces, un poco de picardía basta.

-Creo que sé por dónde vas; pero no me seduce. Tengo otro punto de vista.

-Bueno, así es como ella afrontó la negociación; cada uno expone sus prioridades y preferencias. Si a tí no te convence, a otro sí que lo hace. Y si otro está de acuerdo y ella también…¿Dónde está el problema…?

-En que esto pretenda no ser una negociación, sino una relación sentimental; un intercambio, un compartirse entre los dos. Está muy feo, cuando algo se puede pagar con solo dinero; debe ser algo muy feo.

-En tal caso deberías haber buscado, no solo su físico, sino a otra chica.

-Esta letra no la protestaré, canta el bueno de Joaquín Sabina.

-Si hay otro que sí está de acuerdo con estos términos y le da lo que ella busca…Ella busca algo que tú no le ofrecías.

-Y viceversa.

-Y viceversa. (Sonríe Carmen); eres buena gente; un poco pardillo y lento, pero buena gente. (Ambos sonríen).

-Aún tendré yo la culpa. No todas las mujeres son iguales; las hay de buenas y también de malas. Y esta no era del todo buena, cabe recordar.

-Solo que el pito no está para reflexionar; está para reaccionar,en caso de refriega. (Ambos vuelven a reír).

-Yo mismo no lo hubiera explicado mejor…Yo quería compartirme y ella…Era joven y además, estaba más preocupada por conocer el sexo. Que bien, con ella era una salvajada, pero…Supongo que es cierto que, inconscientemente…pues quería cambiar la personalidad de esa chica; y eso ni es justo ni buena idea. Yo me escudaba pensando que yo ponía todo de mi parte, pero claro, con eso era con lo que intentaba cambiarla. Pero si yo pongo todo de mi parte para entenderla, para compartirme, para animarla, para tirar del carro de la relación, para enamorarla y todo para que ella se aproveche de esa fuerza en su beneficio para no tener que poner nada de su parte y para tenerme bajo su dominio, a mí ese intercambio no me pues… No me seduce.

-Porque buscas otra clase de chica; una mujer ponderada y valiente que sepa que no necesita ocultar sus sentimientos.

-El amor se da, no se pide; y mucho menos se estafa.

-Correcto. Eres un poco pardillo, pero buena gente.

-Es que no necesito ocultar mis sentimientos.

-Sí, de eso me he dado cuenta hace tiempo. (Sonríe con sorna).

-¡Tú, no te rías con tanta ligereza por debajo de la nariz que te estoy viendo, guapa. Hasta hace poco, estabas con muy acaramelada con un “galán” ¿Qué ha sido de él…? ¿”Se os rompió el amor de tanto usarlo” como canta “la más grande”, la Jurado…?

-Pues supongo que amor…Sí que había…(Inicia reticente, Carmen), pero mi caso era bastante parecido al tuyo, pero desde el otro lado del frente.

-Es como (le interrumpe Juan), la relación que establece entre un toro y el encargado de su lidia, este siempre templando la embestida del animal.

-Yo misma no lo hubiera explicado mejor. Me era leal, fiel, amable, cariñoso, responsable, trabajador, desprendido en sus muestras de cariño…

-Pero…(Le interrumpe Juan).

-¿Pero…? ¡Pero…! Quería que estuviera siempre encima de él; riendole las gracias, lisonjeandole contínuamente, que es como se aseguraba que estuviera siempre atenta a él, siempre pendiente de sus cosas…

-(Juan le interrumpe) Sí, como si fueras su madre.

-En otro momento, te hubiera contestado unas cuantas verdades.

-Pero ya no es ese momento.

-Me conformaba porque como dices tú, le tenía bien controlado bajo mi dominio.

-Pero…

-¿Pero…? ¡Pero…! (Carmen calla).

-(Juan prosigue) Mónica Molina tiene una canción que dice: “Olvidé que amar no es suficiente, que amar es sentirse amada también…” Que se asomen a tu corazón y averigüen cómo pueden servirle y que te enamoren todos los días…Lo contrario, ni es pasión ni es vida…

-Ni yo misma lo hubiera dicho mejor; “ni es pasión ni es vida…” (Ambos callan durante unos segundos); no se puede estar cuidando a un chiquillo de 20, de 40, de 60 años toda la vida…¡Estoy intrigada…!

-¿Tú…? ¿Intrigada…? ¿Que pareces saberlo todo y ya nada te coge de improviso…?

-Y a tí aún te siguen sorprendiendo muchas cosas…(Juan asiente sonriendo). ¿Cómo sabías que ya no tenía pareja…?

-Te lo he dicho antes, porque tengo ojos, y siempre que podía te observaba, con admiración, claro.

-¡Ah, te has enamorado…! ¡Un amor platónico, y sin conocerme…! ¡Ja, ja, ja…! ¡Qué tonto eres…! (Juan sonríe con ella, pero ella con cierta sorna).

-Me has descubierto. Luego saldré corriendo de la vergüenza.

-Ya veo que de eso tienes un poco menos de la justa.

-A Dios gracias. Además, tu proceder coincidía con la actitud propia de quien persigue el favor de un chico. En eso, no eres ninguna excepción a ninguna norma de cumplir todo punto por punto. Solo querías asegurarte de que me preocupaba por tí como es necesario. Por otra parte, intentabas aplicarle un poco de chispa a la relación, que si no, es todo muy aburrido. Cuando una mujer tiene pareja, se asegura de dejarlo claro; y a última hora, tú no lo patentabas muy fervientemente que digamos; sembrabas dudas a propósito. Pero yo te conocía. Y te conozco cada vez más.

-De eso se trata. Tienes que poner de tu parte. “Amar es sentirse amada también”, recuerda.

-Y ahí es donde entro yo. Es hermoso que alguien se tome tantas molestias por hacerte sentir, que merece la pena vivir esta vida, que tan ingrata sabe ser, demasiado a menudo.

-Yo misma no lo hubiera dicho mejor.

-(Juan pensó para sí) “Merci, monsieur Cohen”, todo empezó con una canción suya. Hoy, gracias a ella, me encuentro soñando despierto.

“Ni es pasión ni es vida” por Manuel Zorrilla García. La Vall d´Uixó, (Castellón) 1-XII-2016.

“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz…” Leonard Cohen. (  21-IX-1934 / 7-XI-2016) RIP Monsieur, Nous sommes qui nous enlever le chapeau à vous.  

NI ES PASIÓN NI ES VIDA. De Manuel Zorrilla García.

De vez en cuando, le veía pasear por la orilla del río. Juntos de la mano, en silencio, las más delas veces, en perfecta comunión.

Haciendo el tonto él, de vez en cuando, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice como premio también de ella, como busca un niño pequeño la aprobación de la madre. Ella mostraba paciencia y sonreía otra vez…Y hasta parecía divertirse.

Juan no podía evitar sentir envidia y resquemor hacia aquella estampa. Se había enamorado de una desconocida. Un amor platónico…Una mentira…Una ilusión imposible…¡Un tormento…!

Su alta figura, esbelta, sus caderas no eran demasiado pronunciadas, tampoco las precisaba para ser perfecta. Su infinita cabellera, de color negro, largo, sin mida, ondulado ligeramente. Pero sobretodo, sus ojos, inmensos cuales agujeros negros por donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un frío bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla.

“Ah, si pudieran ver lo que yo veo en sus ojos cuando la miro”_ le dijo Jeremy Irons a Gong Li, en “La caja china” dirigida por Wayne Wang _

Es lo que sucede cuando idealizas a alguien; y aún así, Juan creía que ella no era feliz; y cuando se asomaba al balcón de su corazón creía ver cientos de cosas que no se reflejaban en su rostro, a juicio de él, ligeramente contenido.

No la conocía; era una apreciación subjetiva sujeta a posibles errores, naturalmente. Pero ¿qué más dá? es el sueño de Juan; es gratis y no le hace daño a nadie.

Juan recuerda un fragmento de de “So long, Marianne”, de Leonard Cohen:

 

[“Suzanne te conduce a su casa junto al río

Puedes escuchar los barcos zarpando, puedes pasar la noche infinita

Y sabes bien que está medio loca, pero es por eso que la quieres a tu lado

Y te alimenta con té y con naranjas que vienen de la China

Y en el instante en el que intentas, decirle que no tienes amor que darle

Se coloca en tu onda y deja que el río te conteste

que nunca has dejado de ser su amante.”]

Pero Juan no estaba solo. Tenía pareja. Laura, se llamaba. De estatura más bien baja y aún así, preciosa como muy pocas. Pelo largo, liso, abundante, castaño oscuro…Su piel…Blanca como la luna más llena, capaz de transformar en una bestia al más cuerdo de los hombres. Pero sobre todo, destacaban sus labios. Carnosos, ardientes…¡Y sus pechos…! Cargados de insolencia por su tamaño, su juventud, (Laura era mucho más joven que Juan, más de diez años), su turgencia…Su sonrisa también era generosa. ¿El sexo? de más de diez: él treinta y tantos. Ella, Laura,, veintipocos. Lolo un inconveniente: ella quería conocer el sexo con alguien maduro, experimentado, con todo aprendido en estas lides…Él quería conocer a una mujer: bonita, ilustrada, sería, de carácter fuerte, con clase. Y Laura, a pesar de su juventud, lo era, sin duda…

¿Pero…?

¿Se han dado cuenta de que no hemos hablado ni una sola palabra sobre la personalidad de ninguno de los contendientes…?

La relación había empezado pues, como empiezan todas, como una novedad, como una obsesión desmesurada por absorberse el uno al otro. Laura saciaba, nunca mejor dicho, su curiosidad y ansias de conocimiento del sexo y Juan se compartía con ella, siempre que se abandonaba al ímpetu de su pareja. Nunca se saciaban el uno del otro; era algo enfermizo.

Pero la realidad es paciente y aguarda parsimoniosamente su momento para actuar.

No todo es Jauja en la Tierra y pasada la impaciencia de la novedad se enciende la luz y se nos aparece la cruda realidad en toda su crudeza; la evidencia es quien toma el mando de las operaciones, su primer dictado es golpear a Juan, de repente en el mismo rostro, lo que baja de súbito desde las mismas nubes al propio suelo en un solo instante. Aturdido contempla en panorama; y lo que divisa pues, no le gusta. Siente que se ha equivocado y de forma atroz además.

A Juan siempre le quedaba un poso de dudas, de pena, de dolor. Sentía que Laura no era sincera con él. Tenía la impresión de que todas las respuestas procedían como de un manual de instrucciones, le cubría de arrumacos, sobre todo después del sexo. En público, presumía mucho ella de su compañía y eso le hacía sentirse incómodo; para ella, nunca nada parecía importar demasiado, excepto cuando era ella la que estallaba de furia por el motivo que fuera, a veces nimio, pensaba Juan, por rabia intempestiva, por celos, por…Juan creía que, incluso en esos momentos, el único motivo era recordarle que era ella la que estaba con él y no al revés. O al menos, eso era lo que quería Laura que Juan creyera.

Juan se sentía apartado, sólo…Como un animal en un zoo o en un circo. A veces a Laura le daba por tener peculiares cambios de humor. Las caricias, los besos, es sexo…Era cada vez más agrio que dulce.

Juan y Laura solían acudir a la terraza de un bar desde el que se dominaba perfectamente la margen izquierda del río y su paseo; gente, que arriba y abajo, deambulaba por el; miles de historias concentradas en un estrecho, largo y sinuoso pasillo repleto de bares, terrazas, camareros, clientes de lo más variopinto; ancianos, jóvenes, matrimonios con sus hijos, gente haciendo ejercicio…Mientras el agua continuaba su deambular, completamente ajena a las miserias de los mortales.

Juan y Laura charlaban bastante animados sobre alguna anécdota o sobre cómo le iba la relación a alguna de sus amigas, lo que no terminaba de interesar al chico. Su mirada divagaba desentendida, sin posarse en ningún lado y su atención entraba y salía de la conversación. Se distraía observando a los viandantes pues el panorama no dejaba de cambiar.

Laura continuaba su disertación sobre la última disputa que una de sus amigas más cercanas mantenía con su pareja, lo que tendría que haber hecho o lo que hubiera hecho ella en caso de estar en su lugar.

-¿Y tu amiga Rebeca como se ha tomado la parrafada? -Le pregunta Juan a Laura-.

-¿Y cómo te la hubieras tomado tú si te dijeran que (entona de forma displicente esta parodia crítica), “está harto de que no hagan caso, y de que le trate como una marioneta…”? ¡Después de lo que Rebeca se desvive por él…!

-Pero Rebeca y Luis -Juan le hace señas al camarero para que traiga otras dos cervezas a la mesa- ya han discutido más de una vez-le interrumpe- y siempre han terminado arreglándose, pues en el fondo saben que se necesitan el uno al otro. Deberían tener más en cuenta esto. Ambos.

-Y Rebeca no se cansa de repetirlo, siempre que puede.

-Tal vez sea el ímpetu de la juventud, pero Rebeca es más de vencer que de convencer, a veces. Tiene ella un carácter más decidido ella que él.

-¡¿Qué…?!

-Además, basta que te metas en medio de una pareja, aunque sea con la mejor intención, para que juntos descarguen sus arsenales contra tí y después ellos terminan revolcándose como si no hubiera un mañana. Es solo una tormenta de verano. De peores han salido.

-¡Pero que le diga eso, después de que se desvive por él….!

-Pues que no “se desvive”; que se espabile solito que ya no es un nene; no tiene que estar todo el tiempo pendiente de él, que parece que a Rebeca,  le vaya el martirio.

-¿Cómo que “el martirio”?¡Está visto que no se puede ser buena…!

-Buena sí; pero no su madre; Rebeca también tendrá necesidades y ser atendida ¿no…? ¿se las atiende…?

-¡No! Si ellos casi siempre están bien. Lo que pasa es que a veces pues…

-Bueno…-Juan comprendió que iban a llegar a ningún acuerdo y dejó el tema-.

La atención de Juan volvió a perderse entre la marabunta que deambulaba por el paseo del rió, sin solución de continuidad; constantemente iba cambiando el panorama; pero su atención en la variopinta riada de gente: más parejas, más gente haciendo ejercicio, más gente con su mochila al hombro…Laura, a ratos guardaba silencio, a ratos hacía algún comentario que a Juan a veces le interesaba, y a veces no.

-¡Juan, te estoy hablando, que parece que estás en Babia…! ¿Esperas a alguien…?

-Yo no…Todo el mundo sabe que estoy contigo y dónde encontrarme. -¿Dónde estarás, mi “chica de Ipanema”, pensaba Juan-.

“Que viene y qué pasa con su balanceo, camino del mar.”

“¡Ah!, ¿por qué estoy tan triste…?

“la belleza que no es solo mía…”

-¡Pero no pasa solita…! Se lamenta Juan en su pensamiento.-.

(-”Chica de Ipanema” de Vinicius de Moraes).

De repente le pareció divisar una silueta familiar, erguida, esbelta y una inconfundible melena negra…¡Era su “chica de Ipanema”, acompañada de su galán, impenitente tras ella, como un saltimbanqui, que a Juan empezaba a parecerle irritante.

Poco a poco se iban acercando hasta su posición; juntos de la mano, en animada charla; de vez en cuando él, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice a cambio. Ella mostraba paciencia y sonreía a la vez…Y hasta parecía divertirse. Una y otra vez el mismo molesto y obsesivo soniquete. Otra vez la envidia, y el resquemor hacia aquella estampa; se había enamorado de una desconocida: Un amor platónico, una mentira, una ilusión imposible…¡Una obsesión insoslayable…! ¡Un tormento…!

Su esbelta figura, su frondoso pelo negro ondulado, largo, sin fin…Sus inmensos ojos cuales agujeros negros en donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos, como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla. Una insoslayable obsesión…Una y otra vez, el mismo soniquete…

Sonreían, se besaban, caminaban de la mano. Y Juan se consumía. ¿Y Laura…? ¿Dónde queda Laura…? La relación estaba deteriorada. Juan necesitaba que le mostraran sus sentimientos;  que su pareja le demuestre que sus atenciones son necesarias y no molestas e intrusivas; cuando él se intenta asomar al corazón, para tratar de averiguar qué puede hacer por él…Pero Juan se sentía embaucado por Laura. No encontraba espontaneidad. No encontraba sentimiento en sus respuesta que parecían sacadas de un “·manual de instrucciones para el manejo de tu pareja”.

Y donde no hay sentimientos, no crecen las flores.

Llegados a este punto, pasan dos cosas:

La primera es que cuando se dice que “el amor es ciego”, la cuestión exacta es que “no hay más ciego que el que no quiere ver”; llenado de todos los abalorios y oropeles, muy llamativo todo, y que en definitiva no es sino quincalla, algo irreal, que no existe. Y que antes o después nos hará sufrir lo que no está escrito cuando el castillo de naipes y en el aire se desmorone y quede lo que es: nada.

Otra cosa es que las personas son como son y no se puede esperar que a base de atenciones y arrumacos o por nuestra cara bonita vayan a cambiar, porque no lo van a hacer. La persona que nace mala, lo es hasta el final.

Juan se encaprichó de su físico a ahora se encuentra con la evidencia. Y con que no le gusta.

Pero todos cometemos errores de vez en cuando ¿no es cierto…? La cuestión es si aprendemos.

A todo esto, la desconocida y su pareja llegaban a la altura de Juan y Laura, siempre bajo la atenta vigilancia de Juan; y ahora también de Laura. Momento en el que de repente, como surgido de la nada aparece el camarero con las cervezas; Laura lo había visto venir desde la barra, pero esperó a que llegara hasta la mesa para espetarle a Juan:

-¡Oye, que no paras de mirarle el culo a esa morena! ¡Te veo aunque lleves gafas de sol!

Juan no se molestó demasiado, pero le pareció un indicio más de que aquella relación no se encaminaba a ningún buen puerto.

-Bien sabes tú que a mí no me molesta que mires a otros chicos; están ahí, disfruta de lo que ves, siempre que cuando necesites calor, me vengas a buscar a mí, no me importa.

-Es que parece que la miras con más celo que a mí…!

-Te pido disculpas. Pero me concederás que es contigo con quien trato de entenderme.

-Pues no lo parece a veces.

-Tienes celos de una desconocida. No te puedo creer. Tú, que me conoces y gozas de mi favor.

-¡Pero no de atención! ¡Que se te van los ojos!

-¿Insinúas que no intento entenderme contigo…?

-A veces no lo parece.

Juan sabía que le echaba leña a la hoguera a propósito; a pesar de que tampoco le faltaba razón. La cuestión es que antes o después, la evidencia debe hacerse patente, de una forma o de otra. Decidió callar; pero no otorgar.

Juan siguió concentrado en la desconocida, ahora ya casi perdida entre la multitud.

-”¡Ah, garota de Ipanema,-pensaba Juan-mezcla de flor y sirena, de luz y de gracia, con su contoneo camino del mar!; ¡Ah! ¿por qué estoy tan triste…?; belleza que no es solo mía…”

(“Garota de Ipanema” de Letra de Vinicius de Moraes).

19-XI-16

No con tu veneno,

con este no puedo,

¡Tú…mi vino negro…!

Tus ojos inmensos…

Sonrisa del averno…

¡Tu…tu pelo negro…!

¡Sonrisa del averno…!

¡Tú…mi vino negro…!

Z·W·G

Recordó también las entrevistas y canciones que había leído de Leonard Cohen donde el cantautor se revelaba como un “Bird on the wire”, un “pájaro en el tendido eléctrico”, alguien que se limita a disfrutar de lo que la vida le obsequia en cada momento, sin desear retener nada ni a nadie: “Cuando realmente amas a una persona no puedes desear retenerla”.

Juan, ¡vive Dios que lo intentaba! Pero no le funcionaba.

Y pasaron los días, como pasa la brisa, sin pena ni gloria. Juan dejó a Laura: gritos, lágrimas, change emocional, reproches y algo de sobreactuación pensó el chico. Aguantó como pudo el chaparrón pues sabía que al otro lado del túnel estaba la calma. Pronto se olvidó del mal trago y sus nervios volvieron a aquietarse. Se había quitado una gran losa de encima. Juan se preguntaba ¿cómo era posible que una parte importante de sus sentimientos se los quedara para sus amigas y a él, o eso le daba la impresión, se los ocultaba, no mostraba desnudo su corazón ante la relación que unía a ambos; y esto frustraba del todo a Juan, que no lo entendía y no sabía cómo conseguir que Laura se lo abriera. Era la misma sensación de siempre de ser tratado de acuerdo a ese “manual de instrucciones para cazar y retener marido” que mencionaba anteriormente. ¿Cómo puede vivir sin compartirse de forma plena con un ser amado? ¿No le hace sentirse más o menos sola…? Juan no encontraba explicación a estos enigmas. De Rosa Regás leyó una frase: “Los hombres no nos entienden porque no nos leen”; pero Juan sí leía a muchas mujeres. Y entendía lo que allí leía, lo entendía perfectamente. Y lo compartía. Pero acertaba a comprender a Laura; ni a quienes se comportan como ella; y a fe que lo intentaba; pero para Juan era un caso perdido. No la encontraba.

-Quizá teman- pensaba el chico- que les dejen por otra; pero en ese peligro estamos todos. Y las pruebas que se pueden inventar para averiguarlo pueden no demostrar nada; pues una vez las conoces, es solo fingir y seguir el proceso.

Cierto día había visto a Laura sentada en uno de los bancos del paseo del río en compañía de otro chico, no se fijó bien, pero le pareció un tipo bastante vulgar, un “poligonero”como se les conocía ahora, estaban besándose sin ningún recato. A Juan le pareció una imagen bastante desagradable; no eran celos, la sensación que predominaba en su corazón sino alivio. Por fin se sentía del todo tranquilo. Y su mente completamente relajada.

Juan había cogido el mismo hábito que había visto en muchas personas mientras estaba en la terraza con Laura, hacer ejercicio por el mismo paseo a lo largo del río, de vez en cuando pasaba cuando salía a correr unos kilómetros por las tardes.

-Si otros lo hacen, no tiene que estar tan mal; “allí donde fueres, haz como vieres”-.

Juan había vuelto a ser la misma persona, tranquila, distante, curiosa; todo fluía con la misma languidez que antaño. No hacía planes sobre nada, no se presionaba sobre nada, no se obsesionaba con nada; Laura había desaparecido de su mente. La otra chica…Si antes la veía poco ahora apenas nada. Todo volvía a deslizarse como la seda…

-¡Qué lujo…!- se decía el chico para sí.

Por otro lado, tenía meridianamente claro que antes o después volvería a enamorarse.

-A veces es mejor perder…- Se decía el chico para sí, si alguna vez, la memoria le jugaba una mala pasada haciéndole revivir solo los momentos bellos que tuvo con Laura, o incluso los momentos en que se cruzaba con la chica desconocida.

-Toda moneda tiene su reverso; y esto es algo que no conviene perder de vista.

Cierto día andaba Juan por el mismo paseo, con la intención de complir con un encargo; había que comprar para comer. En una tienda de discos que había en por la zona, le pareció divisar un rostro conocido. Era el de la desconocida, (que dicho de paso, es que todavía no conocemos su nombre, que no es que nos guste el término, para referirnos a ella, cabe aclarar, para malpensados/as), a la cual seguía teniendo afecto, pero que se había convencido de que era, además de fruta prohibida, de su completo desinterés, de él de ella se entiende, y eso en el caso de que alguna vez hubiera, por accidente, por supuesto, reparado en él, algo harto improbable sin duda, pensaba Juan. Aún así, decidió detenerse a observarla un momento, pues desde el escaparate se la podía observar de forma discreta. Estaba en un apartado de música extranjera, concretamente con dos cds de Leonard Cohen, uno en cada mano; en una mano sostenía uno recopilatorio y en la otra uno original. Monsieur Cohen había fallecido hacía pocas fechas y lo típico, cuando un artista fallece es que su obra, de repente, resucita. Y allí estaba ella en tan titánica y sobrenatural proeza, descubriendo a monsieur Cohen, sus ojos, su pelo negro, su sonrisa, esta vez aparcada, su esbelta figura…Y Juan poseía cierto conocimiento de la obra del canadiense.

La chica estaba indecisa, lo pensó durante un momento más, y finalmente se decidió por el recopilatorio. Después se encaminó a la caja para pagar el artículo; Juan aguardó expectante, tal vez decidiera salir del establecimiento…¿Y si era su oportunidad…? ¡Tenía que averiguarlo…! Efectivamente, la chica se encaminaba hacia la salida; y allí que se apostó Juan. ¿Y si era su oportunidad…? A un par de metros de la salida, algo llamó la atención de la desconocida; Juan repara en ella, repara en que era su oportunidad, ¡y se lanzó sin pérdida de tiempo…!

-No conoces la música de Cohen; estabas indecisa y has escogido un recopilatorio. Si quieres, puedo presentarlo, en sentido figurado, pues ha muerto hace poco; por eso su música ahora resulta que resucita al artista.

-¡Me has asustado! ¿Es que te dedicas a espiarme? ¿No tienes nada interesante que hacer con tu vida que te dedicas a espiar a las chicas…?

-A la primera cuestión, te pido disculpas, estas cosas son así; a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba saliendo con una chica, a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba con una chica en una terraza de un bar cercano y tu pasabas con tu chico. Y a la tercera, es que me gusta mucho leer en mis ratos libres, que últimamente no son muchos…Quien no le conoce se equivoca con monsieur Cohen.

-(Le interrumpe), Tu pareces tener mucho tiempo libre; ¿no tienes novia?

-Pues no, desde hace unas pocas semanas. No quiero saber nada de alguien que muestra sus sentimientos, por el motivo que sea.

-Vaya, eres de los románticos que creen en el amor platónico y a primera vista. (“Romántico” lo dice con sorna).

-”Sí” a lo primero; sí a lo segundo y no a lo tercero. De hecho, la chica a la que dejé, no parecía creer en ningún tipo de amor; o afecto, siquiera; mostraba más interés en cuestiones más materiales.

-Ya, entiendo. (Dice la chica, irónica y displicente. Acto seguido abandonó la estancia a toda prisa).

-(Juan sale tras ella); ¡Oye, espera…! ¿Cómo te llamas…?

-¡Déjame en paz…! (Dice en voz alta ya desde la calle, entre transeúntes; y estos intrigados no pueden evitar dirigir la mirada hacia el interior de la tienda). Si no quieres que le pida a mi novio que te lo explique mejor. (Desaparece a toda prisa entre el gentío).

-No te creo…(Responde el chico, mientras observa cómo se aleja entre la multitud). Me he enamorado…(Dice el chico para sí, en voz baja). Apostaría mi brazo derecho a que ahora mismo tú no tienes pareja.. (A algún transeúnte que le mira fijamente con extrañeza) ¿Te debo algo…?

-¡Debería darle vergüenza!

-Supongo, pero no tengo; no gusto de atesorar iniquidades dentro, se te pudren y te convierten un ser detestable. (A Juan le altera más dejar de pasar desapercibido que otra cosa, por poco romántico que suene ahora mismo; aunque el enfado era manifiesto a luz de lo ocurrido, también).

Juan volvía de vez en cuando a transitar por el paseo; unas veces de vuelta a casa; otras cuando salía a hacer ejercicio. La variopinta multitud le distraía; y como era uno más de tantos deportistas de los que por allí se dejaban caer, pasaba completamente desapercibido, como tanto le gustaba.

De vez en cuando, se cruzaba con chica desconocida, que siempre iba acompañada por otro chico esta vez:

-Igual de tonto, (pensaba Juan), pero este estoy convencido de que no está liado con ella. Casi apostaría mi brazo derecho.

Así pasó una semana. Dos; enquistada la misma situación; Juan pasaba cada vez menos por ese paseo, ya con la cabeza en otras cosas. Unos de esos días, que por azares del del destino, le dió por pasar por allí, su interés discurrían ahora mismo por otros lares bastante distintos, y mire usted por donde, misteriosamente, el caprichoso azar hace que se cruce con la famosa chica desconocida: Y sin tener tiempo siquiera de pensarlo, se sorprende a sí mismo, preguntándole, como si se conocieran de mucho tiempo atrás:

-¿Ya conoces a Cohen…? Cuando fallece un artista la gente se empeña por resucitar su obra.

-Por un momento creí que erais amigos íntimos.

-Venga, ya vale…Ni tú ni yo somos precisamente tontos.

-Tengo novio, ¿sabes…?

-No te creo.

-¿Cómo estás tan seguro…?

-Porque tengo ojos.

-Eres un mirón entonces; pues lo he escuchado un poquito; es…otra forma de escribir poesía.

-Es decir, que entendemos que era en realidad un poeta. Se dedicó a la música porque la poesía no le daba para comer. Tampoco era un romántico al uso; simplemente se limitaba a disfrutar de lo la providencia le obsequiaba. “Bird on the wire”.

-Pájaro en el alambre eléctrico”.

-Lo que no me explico es ¿cómo conseguía esquivar el sentimiento de soledad…? ¿Puedo preguntar cómo te llamas..?

-Carmen, Y tú eres…

-Juan. ¿Me dejas que te invite a algo? Me gustaría conocerte ¡si a tu chico no le importa! (Irónico).

-¡Por fin…! ¡Un hombre que no teme pedir las cosas…!

-Debe ser porque me han dado muchas calabazas; es la costumbre, supongo.

-De alguna forma hay que aprender a caminar.

-Muy cierto. Ahí delante está la terraza en la que me sentaba con Laura, mi ex. A mí no me importa, es que se está muy bien allí, por eso lo digo, ¿si tienes otra preferencia…?

-¿Tu ex…? Entiendo.

-Se me nota, ¿no…? que estoy más alegre. (Sonríe).

Se sientan en la misma mesa; Juan se pide una cerveza; Carmen se pide un café.

-(Juan prosigue); Es una de esas veces en la que perder significa ganar.

-No se te ve muy afectado.

-Pienso, (explica Juan), que el amor se da y no se pide, y aquella chica lo que intentaba, yo creo, era estafar.

-(Le interrumpe) ¿Estafar? ¿Cómo estafar…?

-Es una forma como otra cualquiera de decir que en todas partes hay gente buena y mala.(Carmen le mira extrañada) Cada cual tiene su jerga.

-¿Puedo preguntar a qué te dedicas? No te cuesta mucho tomar decisiones.

-Ahora mismo…Pues trabajo en una fábrica de muebles, lo que pasa es que leo mucho siempre que puedo. El año pasado estudiaba Derecho, pero este año no hay fondos para filigranas. ¿Y tú? Ahora que parece que nos entendemos un poquito, al menos…Lo que pasa es que soy latino, de sangre caliente y a veces me puede el ímpetu.

-Ya veo. (Repone Carmen, irónica; Juan sonríe). Todavía tienes presente aquella ruptura, ¿es eso…?

-Pues la verdad es que tenía que haberlo hecho mucho antes. A veces perder significa ganar.

-No quiero meterme en la vida privada de nadie pero, no consigo entenderte.

-Pues para que no te sientas una cotilla y como creo que esto mismo le sucede a más gente, me explicaré de forma generalizada. Me encapriché de una chica por su físico; hay muchachas, o eso creo yo, y las mujeres os lo contais todo, no como nosotros los hombres, esta clase de chicas empiezan a aprender ya desde pequeñas a cazar marido.

-¡Cazar marido…!

-Cada cual tiene su jerga propia. La cosa es que si no hay afinidad entre ambos caracteres, pasa lo que pasa, que hueso con hueso fricciona y eso es muy doloroso. Y hay que terminar.

-Es que los hombres estais más atentos a los instintos primarios, con las mujeres.

-Así es me temo…Pero a nadie le amarga un dulce.

-Y si nosotras hacemos lo mismo, pensáis que somos chicas fáciles. Unos sucios pendones.

-Cierto que en demasiadas cosas, todavía estamos en la prehistoria. Pero todo es de color; yo no veo mal que una chica se divierta; aunque también hay formas y formas de divertirse. Lo que quería decir es que no se puede querer cambiar a una persona. Digamos que “por mi cara bonita no va a cambiar nadie”; la aceptas como se ofrece o pasas de largo. Por ejemplo con Laura, la chica con la que estaba.

-¿Tu ex…?. (Le interrumpe).

-Mi ex, correcto. Yo notaba, es mi impresión, tú eres mujer y sabrás corregirme si me equivoco, que no se implicaba, que no exponía sus sentimientos en la relación; que se valía de artificios y artimañas para no tener que poner de su parte. Era como estar con una computadora, con un  programa en el que cada acción tiene su reacción programada para que a ella no le suponga ningún inconveniente y nada le coga de improviso. PUedes tener las mayor muestra de afecto que ella sabrá usarla en su beneficio. ¿De verdad mi empeño, ni siquiera roza su corazón…?¿Qué incentivos puedo tener yo para seguir tirando del carro de la relación…?

-Alguna vez os he visto, aquí mismo. Aquí casi siempre se ven las mismas caras. Parecía joven, ¿me equivoco…?

-No; pero con sus amigas, parecía tener más intimidad que conmigo.

-No conocí vuestra relación, (responde Carmen); pero si es cierto que las hay que son más malas que un dolor de muelas. Quieren asegurarse que no van a tener excesivos problemas contigo; o que no las vas a dejar por otra. A saber…

-Eso mismo he pensado yo; pero a eso se puede llamar manipulación.

-Llámalo como quieras; pero necesitamos estar seguras al abrir la puerta a una relación.

-¿Seguras…? De los dos, el único que no mintió nunca fui yo.

-¿Y cómo te ha ido…? Tú también tienes que saber encontrar tu sitio. A veces, un poco de picardía basta.

-Creo que sé por dónde vas; pero no me seduce. Tengo otro punto de vista.

-Bueno, así es como ella afrontó la negociación; cada uno expone sus prioridades y preferencias. Si a tí no te convence, a otro sí que lo hace. Y si otro está de acuerdo y ella también…¿Dónde está el problema…?

-En que esto pretenda no ser una negociación, sino una relación sentimental; un intercambio, un compartirse entre los dos. Está muy feo, cuando algo se puede pagar con solo dinero; debe ser algo muy feo.

-En tal caso deberías haber buscado, no solo su físico, sino a otra chica.

-Esta letra no la protestaré, canta el bueno de Joaquín Sabina.

-Si hay otro que sí está de acuerdo con estos términos y le da lo que ella busca…Ella busca algo que tú no le ofrecías.

-Y viceversa.

-Y viceversa. (Sonríe Carmen); eres buena gente; un poco pardillo y lento, pero buena gente. (Ambos sonríen).

-Aún tendré yo la culpa. No todas las mujeres son iguales; las hay de buenas y también de malas. Y esta no era del todo buena, cabe recordar.

-Solo que el pito no está para reflexionar; está para reaccionar,en caso de refriega. (Ambos vuelven a reír).

-Yo mismo no lo hubiera explicado mejor…Yo quería compartirme y ella…Era joven y además, estaba más preocupada por conocer el sexo. Que bien, con ella era una salvajada, pero…Supongo que es cierto que, inconscientemente…pues quería cambiar la personalidad de esa chica; y eso ni es justo ni buena idea. Yo me escudaba pensando que yo ponía todo de mi parte, pero claro, con eso era con lo que intentaba cambiarla. Pero si yo pongo todo de mi parte para entenderla, para compartirme, para animarla, para tirar del carro de la relación, para enamorarla y todo para que ella se aproveche de esa fuerza en su beneficio para no tener que poner nada de su parte y para tenerme bajo su dominio, a mí ese intercambio no me pues… No me seduce.

-Porque buscas otra clase de chica; una mujer ponderada y valiente que sepa que no necesita ocultar sus sentimientos.

-El amor se da, no se pide; y mucho menos se estafa.

-Correcto. Eres un poco pardillo, pero buena gente.

-Es que no necesito ocultar mis sentimientos.

-Sí, de eso me he dado cuenta hace tiempo. (Sonríe con sorna).

-¡Tú, no te rías con tanta ligereza por debajo de la nariz que te estoy viendo, guapa. Hasta hace poco, estabas con muy acaramelada con un “galán” ¿Qué ha sido de él…? ¿”Se os rompió el amor de tanto usarlo” como canta “la más grande”, la Jurado…?

-Pues supongo que amor…Sí que había…(Inicia reticente, Carmen), pero mi caso era bastante parecido al tuyo, pero desde el otro lado del frente.

-Es como (le interrumpe Juan), la relación que establece entre un toro y el encargado de su lidia, este siempre templando la embestida del animal.

-Yo misma no lo hubiera explicado mejor. Me era leal, fiel, amable, cariñoso, responsable, trabajador, desprendido en sus muestras de cariño…

-Pero…(Le interrumpe Juan).

-¿Pero…? ¡Pero…! Quería que estuviera siempre encima de él; riendole las gracias, lisonjeandole contínuamente, que es como se aseguraba que estuviera siempre atenta a él, siempre pendiente de sus cosas…

-(Juan le interrumpe) Sí, como si fueras su madre.

-En otro momento, te hubiera contestado unas cuantas verdades.

-Pero ya no es ese momento.

-Me conformaba porque como dices tú, le tenía bien controlado bajo mi dominio.

-Pero…

-¿Pero…? ¡Pero…! (Carmen calla).

-(Juan prosigue) Mónica Molina tiene una canción que dice: “Olvidé que amar no es suficiente, que amar es sentirse amada también…” Que se asomen a tu corazón y averigüen cómo pueden servirle y que te enamoren todos los días…Lo contrario, ni es pasión ni es vida…

-Ni yo misma lo hubiera dicho mejor; “ni es pasión ni es vida…” (Ambos callan durante unos segundos); no se puede estar cuidando a un chiquillo de 20, de 40, de 60 años toda la vida…¡Estoy intrigada…!

-¿Tú…? ¿Intrigada…? ¿Que pareces saberlo todo y ya nada te coge de improviso…?

-Y a tí aún te siguen sorprendiendo muchas cosas…(Juan asiente sonriendo). ¿Cómo sabías que ya no tenía pareja…?

-Te lo he dicho antes, porque tengo ojos, y siempre que podía te observaba, con admiración, claro.

-¡Ah, te has enamorado…! ¡Un amor platónico, y sin conocerme…! ¡Ja, ja, ja…! ¡Qué tonto eres…! (Juan sonríe con ella, pero ella con cierta sorna).

-Me has descubierto. Luego saldré corriendo de la vergüenza.

-Ya veo que de eso tienes un poco menos de la justa.

-A Dios gracias. Además, tu proceder coincidía con la actitud propia de quien persigue el favor de un chico. En eso, no eres ninguna excepción a ninguna norma de cumplir todo punto por punto. Solo querías asegurarte de que me preocupaba por tí como es necesario. Por otra parte, intentabas aplicarle un poco de chispa a la relación, que si no, es todo muy aburrido. Cuando una mujer tiene pareja, se asegura de dejarlo claro; y a última hora, tú no lo patentabas muy fervientemente que digamos; sembrabas dudas a propósito. Pero yo te conocía. Y te conozco cada vez más.

-De eso se trata. Tienes que poner de tu parte. “Amar es sentirse amada también”, recuerda.

-Y ahí es donde entro yo. Es hermoso que alguien se tome tantas molestias por hacerte sentir, que merece la pena vivir esta vida, que tan ingrata sabe ser, demasiado a menudo.

-Yo misma no lo hubiera dicho mejor.

-(Juan pensó para sí) “Merci, monsieur Cohen”, todo empezó con una canción suya. Hoy, gracias a ella, me encuentro soñando despierto.

“Ni es pasión ni es vida” por Manuel Zorrilla García. La Vall d´Uixó, (Castellón) 1-XII-2016.

“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz…” Leonard Cohen. (  21-IX-1934 / 7-XI-2016) RIP Monsieur, Nous sommes qui nous enlever le chapeau à vous.  

NI ES PASIÓN NI ES VIDA. De Manuel Zorrilla García.

De vez en cuando, le veía pasear por la orilla del río. Juntos de la mano, en silencio, las más delas veces, en perfecta comunión.

Haciendo el tonto él, de vez en cuando, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice como premio también de ella, como busca un niño pequeño la aprobación de la madre. Ella mostraba paciencia y sonreía otra vez…Y hasta parecía divertirse.

Juan no podía evitar sentir envidia y resquemor hacia aquella estampa. Se había enamorado de una desconocida. Un amor platónico…Una mentira…Una ilusión imposible…¡Un tormento…!

Su alta figura, esbelta, sus caderas no eran demasiado pronunciadas, tampoco las precisaba para ser perfecta. Su infinita cabellera, de color negro, largo, sin mida, ondulado ligeramente. Pero sobretodo, sus ojos, inmensos cuales agujeros negros por donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un frío bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla.

“Ah, si pudieran ver lo que yo veo en sus ojos cuando la miro”_ le dijo Jeremy Irons a Gong Li, en “La caja china” dirigida por Wayne Wang _

Es lo que sucede cuando idealizas a alguien; y aún así, Juan creía que ella no era feliz; y cuando se asomaba al balcón de su corazón creía ver cientos de cosas que no se reflejaban en su rostro, a juicio de él, ligeramente contenido.

No la conocía; era una apreciación subjetiva sujeta a posibles errores, naturalmente. Pero ¿qué más dá? es el sueño de Juan; es gratis y no le hace daño a nadie.

Juan recuerda un fragmento de de “So long, Marianne”, de Leonard Cohen:

 

[“Suzanne te conduce a su casa junto al río

Puedes escuchar los barcos zarpando, puedes pasar la noche infinita

Y sabes bien que está medio loca, pero es por eso que la quieres a tu lado

Y te alimenta con té y con naranjas que vienen de la China

Y en el instante en el que intentas, decirle que no tienes amor que darle

Se coloca en tu onda y deja que el río te conteste

que nunca has dejado de ser su amante.”]

Pero Juan no estaba solo. Tenía pareja. Laura, se llamaba. De estatura más bien baja y aún así, preciosa como muy pocas. Pelo largo, liso, abundante, castaño oscuro…Su piel…Blanca como la luna más llena, capaz de transformar en una bestia al más cuerdo de los hombres. Pero sobre todo, destacaban sus labios. Carnosos, ardientes…¡Y sus pechos…! Cargados de insolencia por su tamaño, su juventud, (Laura era mucho más joven que Juan, más de diez años), su turgencia…Su sonrisa también era generosa. ¿El sexo? de más de diez: él treinta y tantos. Ella, Laura,, veintipocos. Lolo un inconveniente: ella quería conocer el sexo con alguien maduro, experimentado, con todo aprendido en estas lides…Él quería conocer a una mujer: bonita, ilustrada, sería, de carácter fuerte, con clase. Y Laura, a pesar de su juventud, lo era, sin duda…

¿Pero…?

¿Se han dado cuenta de que no hemos hablado ni una sola palabra sobre la personalidad de ninguno de los contendientes…?

La relación había empezado pues, como empiezan todas, como una novedad, como una obsesión desmesurada por absorberse el uno al otro. Laura saciaba, nunca mejor dicho, su curiosidad y ansias de conocimiento del sexo y Juan se compartía con ella, siempre que se abandonaba al ímpetu de su pareja. Nunca se saciaban el uno del otro; era algo enfermizo.

Pero la realidad es paciente y aguarda parsimoniosamente su momento para actuar.

No todo es Jauja en la Tierra y pasada la impaciencia de la novedad se enciende la luz y se nos aparece la cruda realidad en toda su crudeza; la evidencia es quien toma el mando de las operaciones, su primer dictado es golpear a Juan, de repente en el mismo rostro, lo que baja de súbito desde las mismas nubes al propio suelo en un solo instante. Aturdido contempla en panorama; y lo que divisa pues, no le gusta. Siente que se ha equivocado y de forma atroz además.

A Juan siempre le quedaba un poso de dudas, de pena, de dolor. Sentía que Laura no era sincera con él. Tenía la impresión de que todas las respuestas procedían como de un manual de instrucciones, le cubría de arrumacos, sobre todo después del sexo. En público, presumía mucho ella de su compañía y eso le hacía sentirse incómodo; para ella, nunca nada parecía importar demasiado, excepto cuando era ella la que estallaba de furia por el motivo que fuera, a veces nimio, pensaba Juan, por rabia intempestiva, por celos, por…Juan creía que, incluso en esos momentos, el único motivo era recordarle que era ella la que estaba con él y no al revés. O al menos, eso era lo que quería Laura que Juan creyera.

Juan se sentía apartado, sólo…Como un animal en un zoo o en un circo. A veces a Laura le daba por tener peculiares cambios de humor. Las caricias, los besos, es sexo…Era cada vez más agrio que dulce.

Juan y Laura solían acudir a la terraza de un bar desde el que se dominaba perfectamente la margen izquierda del río y su paseo; gente, que arriba y abajo, deambulaba por el; miles de historias concentradas en un estrecho, largo y sinuoso pasillo repleto de bares, terrazas, camareros, clientes de lo más variopinto; ancianos, jóvenes, matrimonios con sus hijos, gente haciendo ejercicio…Mientras el agua continuaba su deambular, completamente ajena a las miserias de los mortales.

Juan y Laura charlaban bastante animados sobre alguna anécdota o sobre cómo le iba la relación a alguna de sus amigas, lo que no terminaba de interesar al chico. Su mirada divagaba desentendida, sin posarse en ningún lado y su atención entraba y salía de la conversación. Se distraía observando a los viandantes pues el panorama no dejaba de cambiar.

Laura continuaba su disertación sobre la última disputa que una de sus amigas más cercanas mantenía con su pareja, lo que tendría que haber hecho o lo que hubiera hecho ella en caso de estar en su lugar.

-¿Y tu amiga Rebeca como se ha tomado la parrafada? -Le pregunta Juan a Laura-.

-¿Y cómo te la hubieras tomado tú si te dijeran que (entona de forma displicente esta parodia crítica), “está harto de que no hagan caso, y de que le trate como una marioneta…”? ¡Después de lo que Rebeca se desvive por él…!

-Pero Rebeca y Luis -Juan le hace señas al camarero para que traiga otras dos cervezas a la mesa- ya han discutido más de una vez-le interrumpe- y siempre han terminado arreglándose, pues en el fondo saben que se necesitan el uno al otro. Deberían tener más en cuenta esto. Ambos.

-Y Rebeca no se cansa de repetirlo, siempre que puede.

-Tal vez sea el ímpetu de la juventud, pero Rebeca es más de vencer que de convencer, a veces. Tiene ella un carácter más decidido ella que él.

-¡¿Qué…?!

-Además, basta que te metas en medio de una pareja, aunque sea con la mejor intención, para que juntos descarguen sus arsenales contra tí y después ellos terminan revolcándose como si no hubiera un mañana. Es solo una tormenta de verano. De peores han salido.

-¡Pero que le diga eso, después de que se desvive por él….!

-Pues que no “se desvive”; que se espabile solito que ya no es un nene; no tiene que estar todo el tiempo pendiente de él, que parece que a Rebeca,  le vaya el martirio.

-¿Cómo que “el martirio”?¡Está visto que no se puede ser buena…!

-Buena sí; pero no su madre; Rebeca también tendrá necesidades y ser atendida ¿no…? ¿se las atiende…?

-¡No! Si ellos casi siempre están bien. Lo que pasa es que a veces pues…

-Bueno…-Juan comprendió que iban a llegar a ningún acuerdo y dejó el tema-.

La atención de Juan volvió a perderse entre la marabunta que deambulaba por el paseo del rió, sin solución de continuidad; constantemente iba cambiando el panorama; pero su atención en la variopinta riada de gente: más parejas, más gente haciendo ejercicio, más gente con su mochila al hombro…Laura, a ratos guardaba silencio, a ratos hacía algún comentario que a Juan a veces le interesaba, y a veces no.

-¡Juan, te estoy hablando, que parece que estás en Babia…! ¿Esperas a alguien…?

-Yo no…Todo el mundo sabe que estoy contigo y dónde encontrarme. -¿Dónde estarás, mi “chica de Ipanema”, pensaba Juan-.

“Que viene y qué pasa con su balanceo, camino del mar.”

“¡Ah!, ¿por qué estoy tan triste…?

“la belleza que no es solo mía…”

-¡Pero no pasa solita…! Se lamenta Juan en su pensamiento.-.

(-”Chica de Ipanema” de Vinicius de Moraes).

De repente le pareció divisar una silueta familiar, erguida, esbelta y una inconfundible melena negra…¡Era su “chica de Ipanema”, acompañada de su galán, impenitente tras ella, como un saltimbanqui, que a Juan empezaba a parecerle irritante.

Poco a poco se iban acercando hasta su posición; juntos de la mano, en animada charla; de vez en cuando él, atrapando la atención de ella y obteniendo una sonrisa cómplice a cambio. Ella mostraba paciencia y sonreía a la vez…Y hasta parecía divertirse. Una y otra vez el mismo molesto y obsesivo soniquete. Otra vez la envidia, y el resquemor hacia aquella estampa; se había enamorado de una desconocida: Un amor platónico, una mentira, una ilusión imposible…¡Una obsesión insoslayable…! ¡Un tormento…!

Su esbelta figura, su frondoso pelo negro ondulado, largo, sin fin…Sus inmensos ojos cuales agujeros negros en donde se te cuela la vida entera para no recuperarla jamás…Sardónicos, como su sonrisa y a la vez, agradecidos como una hoguera en mitad de un bosque invernal, de madrugada…Letal mezcla. Una insoslayable obsesión…Una y otra vez, el mismo soniquete…

Sonreían, se besaban, caminaban de la mano. Y Juan se consumía. ¿Y Laura…? ¿Dónde queda Laura…? La relación estaba deteriorada. Juan necesitaba que le mostraran sus sentimientos;  que su pareja le demuestre que sus atenciones son necesarias y no molestas e intrusivas; cuando él se intenta asomar al corazón, para tratar de averiguar qué puede hacer por él…Pero Juan se sentía embaucado por Laura. No encontraba espontaneidad. No encontraba sentimiento en sus respuesta que parecían sacadas de un “·manual de instrucciones para el manejo de tu pareja”.

Y donde no hay sentimientos, no crecen las flores.

Llegados a este punto, pasan dos cosas:

La primera es que cuando se dice que “el amor es ciego”, la cuestión exacta es que “no hay más ciego que el que no quiere ver”; llenado de todos los abalorios y oropeles, muy llamativo todo, y que en definitiva no es sino quincalla, algo irreal, que no existe. Y que antes o después nos hará sufrir lo que no está escrito cuando el castillo de naipes y en el aire se desmorone y quede lo que es: nada.

Otra cosa es que las personas son como son y no se puede esperar que a base de atenciones y arrumacos o por nuestra cara bonita vayan a cambiar, porque no lo van a hacer. La persona que nace mala, lo es hasta el final.

Juan se encaprichó de su físico a ahora se encuentra con la evidencia. Y con que no le gusta.

Pero todos cometemos errores de vez en cuando ¿no es cierto…? La cuestión es si aprendemos.

A todo esto, la desconocida y su pareja llegaban a la altura de Juan y Laura, siempre bajo la atenta vigilancia de Juan; y ahora también de Laura. Momento en el que de repente, como surgido de la nada aparece el camarero con las cervezas; Laura lo había visto venir desde la barra, pero esperó a que llegara hasta la mesa para espetarle a Juan:

-¡Oye, que no paras de mirarle el culo a esa morena! ¡Te veo aunque lleves gafas de sol!

Juan no se molestó demasiado, pero le pareció un indicio más de que aquella relación no se encaminaba a ningún buen puerto.

-Bien sabes tú que a mí no me molesta que mires a otros chicos; están ahí, disfruta de lo que ves, siempre que cuando necesites calor, me vengas a buscar a mí, no me importa.

-Es que parece que la miras con más celo que a mí…!

-Te pido disculpas. Pero me concederás que es contigo con quien trato de entenderme.

-Pues no lo parece a veces.

-Tienes celos de una desconocida. No te puedo creer. Tú, que me conoces y gozas de mi favor.

-¡Pero no de atención! ¡Que se te van los ojos!

-¿Insinúas que no intento entenderme contigo…?

-A veces no lo parece.

Juan sabía que le echaba leña a la hoguera a propósito; a pesar de que tampoco le faltaba razón. La cuestión es que antes o después, la evidencia debe hacerse patente, de una forma o de otra. Decidió callar; pero no otorgar.

Juan siguió concentrado en la desconocida, ahora ya casi perdida entre la multitud.

-”¡Ah, garota de Ipanema,-pensaba Juan-mezcla de flor y sirena, de luz y de gracia, con su contoneo camino del mar!; ¡Ah! ¿por qué estoy tan triste…?; belleza que no es solo mía…”

(“Garota de Ipanema” de Letra de Vinicius de Moraes).

19-XI-16

No con tu veneno,

con este no puedo,

¡Tú…mi vino negro…!

Tus ojos inmensos…

Sonrisa del averno…

¡Tu…tu pelo negro…!

¡Sonrisa del averno…!

¡Tú…mi vino negro…!

Z·W·G

Recordó también las entrevistas y canciones que había leído de Leonard Cohen donde el cantautor se revelaba como un “Bird on the wire”, un “pájaro en el tendido eléctrico”, alguien que se limita a disfrutar de lo que la vida le obsequia en cada momento, sin desear retener nada ni a nadie: “Cuando realmente amas a una persona no puedes desear retenerla”.

Juan, ¡vive Dios que lo intentaba! Pero no le funcionaba.

Y pasaron los días, como pasa la brisa, sin pena ni gloria. Juan dejó a Laura: gritos, lágrimas, change emocional, reproches y algo de sobreactuación pensó el chico. Aguantó como pudo el chaparrón pues sabía que al otro lado del túnel estaba la calma. Pronto se olvidó del mal trago y sus nervios volvieron a aquietarse. Se había quitado una gran losa de encima. Juan se preguntaba ¿cómo era posible que una parte importante de sus sentimientos se los quedara para sus amigas y a él, o eso le daba la impresión, se los ocultaba, no mostraba desnudo su corazón ante la relación que unía a ambos; y esto frustraba del todo a Juan, que no lo entendía y no sabía cómo conseguir que Laura se lo abriera. Era la misma sensación de siempre de ser tratado de acuerdo a ese “manual de instrucciones para cazar y retener marido” que mencionaba anteriormente. ¿Cómo puede vivir sin compartirse de forma plena con un ser amado? ¿No le hace sentirse más o menos sola…? Juan no encontraba explicación a estos enigmas. De Rosa Regás leyó una frase: “Los hombres no nos entienden porque no nos leen”; pero Juan sí leía a muchas mujeres. Y entendía lo que allí leía, lo entendía perfectamente. Y lo compartía. Pero acertaba a comprender a Laura; ni a quienes se comportan como ella; y a fe que lo intentaba; pero para Juan era un caso perdido. No la encontraba.

-Quizá teman- pensaba el chico- que les dejen por otra; pero en ese peligro estamos todos. Y las pruebas que se pueden inventar para averiguarlo pueden no demostrar nada; pues una vez las conoces, es solo fingir y seguir el proceso.

Cierto día había visto a Laura sentada en uno de los bancos del paseo del río en compañía de otro chico, no se fijó bien, pero le pareció un tipo bastante vulgar, un “poligonero”como se les conocía ahora, estaban besándose sin ningún recato. A Juan le pareció una imagen bastante desagradable; no eran celos, la sensación que predominaba en su corazón sino alivio. Por fin se sentía del todo tranquilo. Y su mente completamente relajada.

Juan había cogido el mismo hábito que había visto en muchas personas mientras estaba en la terraza con Laura, hacer ejercicio por el mismo paseo a lo largo del río, de vez en cuando pasaba cuando salía a correr unos kilómetros por las tardes.

-Si otros lo hacen, no tiene que estar tan mal; “allí donde fueres, haz como vieres”-.

Juan había vuelto a ser la misma persona, tranquila, distante, curiosa; todo fluía con la misma languidez que antaño. No hacía planes sobre nada, no se presionaba sobre nada, no se obsesionaba con nada; Laura había desaparecido de su mente. La otra chica…Si antes la veía poco ahora apenas nada. Todo volvía a deslizarse como la seda…

-¡Qué lujo…!- se decía el chico para sí.

Por otro lado, tenía meridianamente claro que antes o después volvería a enamorarse.

-A veces es mejor perder…- Se decía el chico para sí, si alguna vez, la memoria le jugaba una mala pasada haciéndole revivir solo los momentos bellos que tuvo con Laura, o incluso los momentos en que se cruzaba con la chica desconocida.

-Toda moneda tiene su reverso; y esto es algo que no conviene perder de vista.

Cierto día andaba Juan por el mismo paseo, con la intención de complir con un encargo; había que comprar para comer. En una tienda de discos que había en por la zona, le pareció divisar un rostro conocido. Era el de la desconocida, (que dicho de paso, es que todavía no conocemos su nombre, que no es que nos guste el término, para referirnos a ella, cabe aclarar, para malpensados/as), a la cual seguía teniendo afecto, pero que se había convencido de que era, además de fruta prohibida, de su completo desinterés, de él de ella se entiende, y eso en el caso de que alguna vez hubiera, por accidente, por supuesto, reparado en él, algo harto improbable sin duda, pensaba Juan. Aún así, decidió detenerse a observarla un momento, pues desde el escaparate se la podía observar de forma discreta. Estaba en un apartado de música extranjera, concretamente con dos cds de Leonard Cohen, uno en cada mano; en una mano sostenía uno recopilatorio y en la otra uno original. Monsieur Cohen había fallecido hacía pocas fechas y lo típico, cuando un artista fallece es que su obra, de repente, resucita. Y allí estaba ella en tan titánica y sobrenatural proeza, descubriendo a monsieur Cohen, sus ojos, su pelo negro, su sonrisa, esta vez aparcada, su esbelta figura…Y Juan poseía cierto conocimiento de la obra del canadiense.

La chica estaba indecisa, lo pensó durante un momento más, y finalmente se decidió por el recopilatorio. Después se encaminó a la caja para pagar el artículo; Juan aguardó expectante, tal vez decidiera salir del establecimiento…¿Y si era su oportunidad…? ¡Tenía que averiguarlo…! Efectivamente, la chica se encaminaba hacia la salida; y allí que se apostó Juan. ¿Y si era su oportunidad…? A un par de metros de la salida, algo llamó la atención de la desconocida; Juan repara en ella, repara en que era su oportunidad, ¡y se lanzó sin pérdida de tiempo…!

-No conoces la música de Cohen; estabas indecisa y has escogido un recopilatorio. Si quieres, puedo presentarlo, en sentido figurado, pues ha muerto hace poco; por eso su música ahora resulta que resucita al artista.

-¡Me has asustado! ¿Es que te dedicas a espiarme? ¿No tienes nada interesante que hacer con tu vida que te dedicas a espiar a las chicas…?

-A la primera cuestión, te pido disculpas, estas cosas son así; a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba saliendo con una chica, a la segunda, antes solía hacerlo, cuando estaba con una chica en una terraza de un bar cercano y tu pasabas con tu chico. Y a la tercera, es que me gusta mucho leer en mis ratos libres, que últimamente no son muchos…Quien no le conoce se equivoca con monsieur Cohen.

-(Le interrumpe), Tu pareces tener mucho tiempo libre; ¿no tienes novia?

-Pues no, desde hace unas pocas semanas. No quiero saber nada de alguien que muestra sus sentimientos, por el motivo que sea.

-Vaya, eres de los románticos que creen en el amor platónico y a primera vista. (“Romántico” lo dice con sorna).

-”Sí” a lo primero; sí a lo segundo y no a lo tercero. De hecho, la chica a la que dejé, no parecía creer en ningún tipo de amor; o afecto, siquiera; mostraba más interés en cuestiones más materiales.

-Ya, entiendo. (Dice la chica, irónica y displicente. Acto seguido abandonó la estancia a toda prisa).

-(Juan sale tras ella); ¡Oye, espera…! ¿Cómo te llamas…?

-¡Déjame en paz…! (Dice en voz alta ya desde la calle, entre transeúntes; y estos intrigados no pueden evitar dirigir la mirada hacia el interior de la tienda). Si no quieres que le pida a mi novio que te lo explique mejor. (Desaparece a toda prisa entre el gentío).

-No te creo…(Responde el chico, mientras observa cómo se aleja entre la multitud). Me he enamorado…(Dice el chico para sí, en voz baja). Apostaría mi brazo derecho a que ahora mismo tú no tienes pareja.. (A algún transeúnte que le mira fijamente con extrañeza) ¿Te debo algo…?

-¡Debería darle vergüenza!

-Supongo, pero no tengo; no gusto de atesorar iniquidades dentro, se te pudren y te convierten un ser detestable. (A Juan le altera más dejar de pasar desapercibido que otra cosa, por poco romántico que suene ahora mismo; aunque el enfado era manifiesto a luz de lo ocurrido, también).

Juan volvía de vez en cuando a transitar por el paseo; unas veces de vuelta a casa; otras cuando salía a hacer ejercicio. La variopinta multitud le distraía; y como era uno más de tantos deportistas de los que por allí se dejaban caer, pasaba completamente desapercibido, como tanto le gustaba.

De vez en cuando, se cruzaba con chica desconocida, que siempre iba acompañada por otro chico esta vez:

-Igual de tonto, (pensaba Juan), pero este estoy convencido de que no está liado con ella. Casi apostaría mi brazo derecho.

Así pasó una semana. Dos; enquistada la misma situación; Juan pasaba cada vez menos por ese paseo, ya con la cabeza en otras cosas. Unos de esos días, que por azares del del destino, le dió por pasar por allí, su interés discurrían ahora mismo por otros lares bastante distintos, y mire usted por donde, misteriosamente, el caprichoso azar hace que se cruce con la famosa chica desconocida: Y sin tener tiempo siquiera de pensarlo, se sorprende a sí mismo, preguntándole, como si se conocieran de mucho tiempo atrás:

-¿Ya conoces a Cohen…? Cuando fallece un artista la gente se empeña por resucitar su obra.

-Por un momento creí que erais amigos íntimos.

-Venga, ya vale…Ni tú ni yo somos precisamente tontos.

-Tengo novio, ¿sabes…?

-No te creo.

-¿Cómo estás tan seguro…?

-Porque tengo ojos.

-Eres un mirón entonces; pues lo he escuchado un poquito; es…otra forma de escribir poesía.

-Es decir, que entendemos que era en realidad un poeta. Se dedicó a la música porque la poesía no le daba para comer. Tampoco era un romántico al uso; simplemente se limitaba a disfrutar de lo la providencia le obsequiaba. “Bird on the wire”.

-Pájaro en el alambre eléctrico”.

-Lo que no me explico es ¿cómo conseguía esquivar el sentimiento de soledad…? ¿Puedo preguntar cómo te llamas..?

-Carmen, Y tú eres…

-Juan. ¿Me dejas que te invite a algo? Me gustaría conocerte ¡si a tu chico no le importa! (Irónico).

-¡Por fin…! ¡Un hombre que no teme pedir las cosas…!

-Debe ser porque me han dado muchas calabazas; es la costumbre, supongo.

-De alguna forma hay que aprender a caminar.

-Muy cierto. Ahí delante está la terraza en la que me sentaba con Laura, mi ex. A mí no me importa, es que se está muy bien allí, por eso lo digo, ¿si tienes otra preferencia…?

-¿Tu ex…? Entiendo.

-Se me nota, ¿no…? que estoy más alegre. (Sonríe).

Se sientan en la misma mesa; Juan se pide una cerveza; Carmen se pide un café.

-(Juan prosigue); Es una de esas veces en la que perder significa ganar.

-No se te ve muy afectado.

-Pienso, (explica Juan), que el amor se da y no se pide, y aquella chica lo que intentaba, yo creo, era estafar.

-(Le interrumpe) ¿Estafar? ¿Cómo estafar…?

-Es una forma como otra cualquiera de decir que en todas partes hay gente buena y mala.(Carmen le mira extrañada) Cada cual tiene su jerga.

-¿Puedo preguntar a qué te dedicas? No te cuesta mucho tomar decisiones.

-Ahora mismo…Pues trabajo en una fábrica de muebles, lo que pasa es que leo mucho siempre que puedo. El año pasado estudiaba Derecho, pero este año no hay fondos para filigranas. ¿Y tú? Ahora que parece que nos entendemos un poquito, al menos…Lo que pasa es que soy latino, de sangre caliente y a veces me puede el ímpetu.

-Ya veo. (Repone Carmen, irónica; Juan sonríe). Todavía tienes presente aquella ruptura, ¿es eso…?

-Pues la verdad es que tenía que haberlo hecho mucho antes. A veces perder significa ganar.

-No quiero meterme en la vida privada de nadie pero, no consigo entenderte.

-Pues para que no te sientas una cotilla y como creo que esto mismo le sucede a más gente, me explicaré de forma generalizada. Me encapriché de una chica por su físico; hay muchachas, o eso creo yo, y las mujeres os lo contais todo, no como nosotros los hombres, esta clase de chicas empiezan a aprender ya desde pequeñas a cazar marido.

-¡Cazar marido…!

-Cada cual tiene su jerga propia. La cosa es que si no hay afinidad entre ambos caracteres, pasa lo que pasa, que hueso con hueso fricciona y eso es muy doloroso. Y hay que terminar.

-Es que los hombres estais más atentos a los instintos primarios, con las mujeres.

-Así es me temo…Pero a nadie le amarga un dulce.

-Y si nosotras hacemos lo mismo, pensáis que somos chicas fáciles. Unos sucios pendones.

-Cierto que en demasiadas cosas, todavía estamos en la prehistoria. Pero todo es de color; yo no veo mal que una chica se divierta; aunque también hay formas y formas de divertirse. Lo que quería decir es que no se puede querer cambiar a una persona. Digamos que “por mi cara bonita no va a cambiar nadie”; la aceptas como se ofrece o pasas de largo. Por ejemplo con Laura, la chica con la que estaba.

-¿Tu ex…?. (Le interrumpe).

-Mi ex, correcto. Yo notaba, es mi impresión, tú eres mujer y sabrás corregirme si me equivoco, que no se implicaba, que no exponía sus sentimientos en la relación; que se valía de artificios y artimañas para no tener que poner de su parte. Era como estar con una computadora, con un  programa en el que cada acción tiene su reacción programada para que a ella no le suponga ningún inconveniente y nada le coga de improviso. PUedes tener las mayor muestra de afecto que ella sabrá usarla en su beneficio. ¿De verdad mi empeño, ni siquiera roza su corazón…?¿Qué incentivos puedo tener yo para seguir tirando del carro de la relación…?

-Alguna vez os he visto, aquí mismo. Aquí casi siempre se ven las mismas caras. Parecía joven, ¿me equivoco…?

-No; pero con sus amigas, parecía tener más intimidad que conmigo.

-No conocí vuestra relación, (responde Carmen); pero si es cierto que las hay que son más malas que un dolor de muelas. Quieren asegurarse que no van a tener excesivos problemas contigo; o que no las vas a dejar por otra. A saber…

-Eso mismo he pensado yo; pero a eso se puede llamar manipulación.

-Llámalo como quieras; pero necesitamos estar seguras al abrir la puerta a una relación.

-¿Seguras…? De los dos, el único que no mintió nunca fui yo.

-¿Y cómo te ha ido…? Tú también tienes que saber encontrar tu sitio. A veces, un poco de picardía basta.

-Creo que sé por dónde vas; pero no me seduce. Tengo otro punto de vista.

-Bueno, así es como ella afrontó la negociación; cada uno expone sus prioridades y preferencias. Si a tí no te convence, a otro sí que lo hace. Y si otro está de acuerdo y ella también…¿Dónde está el problema…?

-En que esto pretenda no ser una negociación, sino una relación sentimental; un intercambio, un compartirse entre los dos. Está muy feo, cuando algo se puede pagar con solo dinero; debe ser algo muy feo.

-En tal caso deberías haber buscado, no solo su físico, sino a otra chica.

-Esta letra no la protestaré, canta el bueno de Joaquín Sabina.

-Si hay otro que sí está de acuerdo con estos términos y le da lo que ella busca…Ella busca algo que tú no le ofrecías.

-Y viceversa.

-Y viceversa. (Sonríe Carmen); eres buena gente; un poco pardillo y lento, pero buena gente. (Ambos sonríen).

-Aún tendré yo la culpa. No todas las mujeres son iguales; las hay de buenas y también de malas. Y esta no era del todo buena, cabe recordar.

-Solo que el pito no está para reflexionar; está para reaccionar,en caso de refriega. (Ambos vuelven a reír).

-Yo mismo no lo hubiera explicado mejor…Yo quería compartirme y ella…Era joven y además, estaba más preocupada por conocer el sexo. Que bien, con ella era una salvajada, pero…Supongo que es cierto que, inconscientemente…pues quería cambiar la personalidad de esa chica; y eso ni es justo ni buena idea. Yo me escudaba pensando que yo ponía todo de mi parte, pero claro, con eso era con lo que intentaba cambiarla. Pero si yo pongo todo de mi parte para entenderla, para compartirme, para animarla, para tirar del carro de la relación, para enamorarla y todo para que ella se aproveche de esa fuerza en su beneficio para no tener que poner nada de su parte y para tenerme bajo su dominio, a mí ese intercambio no me pues… No me seduce.

-Porque buscas otra clase de chica; una mujer ponderada y valiente que sepa que no necesita ocultar sus sentimientos.

-El amor se da, no se pide; y mucho menos se estafa.

-Correcto. Eres un poco pardillo, pero buena gente.

-Es que no necesito ocultar mis sentimientos.

-Sí, de eso me he dado cuenta hace tiempo. (Sonríe con sorna).

-¡Tú, no te rías con tanta ligereza por debajo de la nariz que te estoy viendo, guapa. Hasta hace poco, estabas con muy acaramelada con un “galán” ¿Qué ha sido de él…? ¿”Se os rompió el amor de tanto usarlo” como canta “la más grande”, la Jurado…?

-Pues supongo que amor…Sí que había…(Inicia reticente, Carmen), pero mi caso era bastante parecido al tuyo, pero desde el otro lado del frente.

-Es como (le interrumpe Juan), la relación que establece entre un toro y el encargado de su lidia, este siempre templando la embestida del animal.

-Yo misma no lo hubiera explicado mejor. Me era leal, fiel, amable, cariñoso, responsable, trabajador, desprendido en sus muestras de cariño…

-Pero…(Le interrumpe Juan).

-¿Pero…? ¡Pero…! Quería que estuviera siempre encima de él; riendole las gracias, lisonjeandole contínuamente, que es como se aseguraba que estuviera siempre atenta a él, siempre pendiente de sus cosas…

-(Juan le interrumpe) Sí, como si fueras su madre.

-En otro momento, te hubiera contestado unas cuantas verdades.

-Pero ya no es ese momento.

-Me conformaba porque como dices tú, le tenía bien controlado bajo mi dominio.

-Pero…

-¿Pero…? ¡Pero…! (Carmen calla).

-(Juan prosigue) Mónica Molina tiene una canción que dice: “Olvidé que amar no es suficiente, que amar es sentirse amada también…” Que se asomen a tu corazón y averigüen cómo pueden servirle y que te enamoren todos los días…Lo contrario, ni es pasión ni es vida…

-Ni yo misma lo hubiera dicho mejor; “ni es pasión ni es vida…” (Ambos callan durante unos segundos); no se puede estar cuidando a un chiquillo de 20, de 40, de 60 años toda la vida…¡Estoy intrigada…!

-¿Tú…? ¿Intrigada…? ¿Que pareces saberlo todo y ya nada te coge de improviso…?

-Y a tí aún te siguen sorprendiendo muchas cosas…(Juan asiente sonriendo). ¿Cómo sabías que ya no tenía pareja…?

-Te lo he dicho antes, porque tengo ojos, y siempre que podía te observaba, con admiración, claro.

-¡Ah, te has enamorado…! ¡Un amor platónico, y sin conocerme…! ¡Ja, ja, ja…! ¡Qué tonto eres…! (Juan sonríe con ella, pero ella con cierta sorna).

-Me has descubierto. Luego saldré corriendo de la vergüenza.

-Ya veo que de eso tienes un poco menos de la justa.

-A Dios gracias. Además, tu proceder coincidía con la actitud propia de quien persigue el favor de un chico. En eso, no eres ninguna excepción a ninguna norma de cumplir todo punto por punto. Solo querías asegurarte de que me preocupaba por tí como es necesario. Por otra parte, intentabas aplicarle un poco de chispa a la relación, que si no, es todo muy aburrido. Cuando una mujer tiene pareja, se asegura de dejarlo claro; y a última hora, tú no lo patentabas muy fervientemente que digamos; sembrabas dudas a propósito. Pero yo te conocía. Y te conozco cada vez más.

-De eso se trata. Tienes que poner de tu parte. “Amar es sentirse amada también”, recuerda.

-Y ahí es donde entro yo. Es hermoso que alguien se tome tantas molestias por hacerte sentir, que merece la pena vivir esta vida, que tan ingrata sabe ser, demasiado a menudo.

-Yo misma no lo hubiera dicho mejor.

-(Juan pensó para sí) “Merci, monsieur Cohen”, todo empezó con una canción suya. Hoy, gracias a ella, me encuentro soñando despierto.

“Ni es pasión ni es vida” por Manuel Zorrilla García. La Vall d´Uixó, (Castellón) 1-XII-2016.

“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz…” Leonard Cohen. (  21-IX-1934 / 7-XI-2016) RIP Monsieur, Nous sommes qui nous enlever le chapeau à vous.  

 

monsieur-cohen

Solo soy un curioso y apasionado más por la literatura, un juglar más, como cualquiera de ustedes. "Escribo para quien me quiera escuchar", (Manuel Zorrilla García).

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