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En la ventana una gato maullaba. En la cama, un cadáver sin desayunar no protestaba. Así se presentaba aquella lluviosa mañana. Un espeluznante escenario se mostraba ante la mirada atónita de este improvisado narrador.

Me llamo Teodor. No, no soy inglés precisamente. La verdad es que soy natural de Cuenca. Mi verdadero nombre es Teodoro y soy narrador espontáneo, pero no creáis que de cualquier historia. Esta narración por ejemplo lo requiere, y me veo obligado por ello a interceder. La protagonista parece algo inestable y no creo que sea capaz de contar los hechos con total exactitud. Así que, con vuestro permiso voy a ser yo quién os cuente lo ocurrido. Claro, siempre desde mi humilde punto de vista, como aficionado al género, vamos.

El cadáver parecía feliz, un poco rígido quizás. Pero teniendo en cuenta el trance por el que estaba pasando, no se le podía poner pegas. Uno nunca sabe como comportarse en tal estado. Siempre hay una primera vez para todo y a fin de cuentas, era la primera vez que Pascual se moría.

Margaretta observaba su obra con detenimiento. Disfrutando sobremanera cada uno de los tonos violáceos que mostraban las carnes de aquel maltrecho cuerpo sin vida. El de Pascual, el novio de la vecina del quinto al que había disfrutado entre sus piernas, apenas unas horas antes. ¡Y qué manera de disfrutarlo! Tan entregada  como un comensal a su última cena.

No era mala, solo viciosilla y a ratos. A su favor podríamos decir que era una chica perfeccionista en todas y cada una de las facetas de su vida. No en vano, llevaba meses planeando y diseñando milimétricamente su obra maestra. El asesinato de Pascual.

Lo planeaba de lunes a domingo, concienzudamente. Pero cuando encontraba mayor inspiración era los jueves por la tarde, en los baños del Pompidou, mientras se relacionaba con su amante al compás del secamanos y el runrún de las cisternas. Eran encuentros clandestinos, saboreados con la intensidad que tiene todo lo prohibido. Se enamoró sin poder evitarlo y eso le hacía verse en la obligación de darle la mejor muerte posible. Una suficientemente violenta, acorde a la pasión que había vivido con él en los últimos años. Sin embargo, no se mostraba  satisfecha.

Y es que en el ultimo momento había tenido que improvisar demasiado. Margaretta era mujer de comida bien sazonada y de crímenes perfectos, pero no contaba con que el “ferpecto” veneno usado, estuviese caducado.

Ya no confiaría nunca más en el arsénico prestado. De ahora en adelante sería mejor conocer su procedencia y fecha de caducidad. En el mundo del crimen, la improvisación nunca resulta del todo exitosa.

El problema se desató   por una pila. O más bien, por falta de pilas, eso la alteró de un modo insospechado. Era mujer de juguetes sexuales, siempre andaba algo insatisfecha y a menudo se sentía exploradora. En alguna ocasión confesó sentirse identificada con las desventuras y   pasatiempos de Catalina II. Pero esto era un secreto inconfesable que ni a sus amigas más intimas podía contar.

A primera hora de la mañana, Pascual aún respiraba. Nuestra asesina de andar por casa, estuvo sopesando las contraindicaciones de cada una de las posibles formas de liquidarlo. Sus años de experiencia como tanatopráctica, le daban las pistas necesarias para llevar a cabo el crimen, sin dejar rastro  de acto violento.

Tenia pensado cargárselo a golpes con el consolador. Pero comprendió que las marcas con formas fálicas en su cuerpo serian mas difícil de explicar que si tenia una dulce muerte… Tan dulce, como un buen tazón de chocolate con un chorrito de arsénico.

Mientras meditaba en la cama junto a Pascual atado de pies y manos, sonó el timbre de la puerta un par de veces.

No pensaba abrir, no podía permitir que nada la distrajese de sus propósitos. Pero alguien al otro lado de la puerta insistía reiteradamente tocando el timbre cada vez con mas insistencia.

Guardó el consolador en la mesilla de noche, y tapó la boca de Pascual con una bola de calcetínes para que no pudiese pedir ayuda en caso de despertarse. Se dirigió con sigilo, andando de puntillas hacia la puerta. Como la pantera rosa de noche en los pasillos del Reina Sofía. Acercó su cara a la mirilla mientras alguien al otro lado volvió a llamar. Margaretta, sobresaltada, acalló su respiración llevándose la mano a la boca. Al otro lado de la puerta se hallaba Deliberio, el casero y dueño de la casa.

—¡Margaretta, abre la puerta! sé que estás ahí. Por favor abre, tengo algo importante que decirte.

Las ultimas conversaciones con el casero se habían tornado algo inquietantes. Sin pensarlo dos veces se atusó el pelo, se recolocó las tetas en su sitio y abrió.

—Buenas días Deliberio, -dijo nuestra Margy mostrando su diente de oro… ¿Como tú por mi casa, y a estas horas?

—Qué bueno que te encuentro. Verás, tienes que dejar lo que estés haciendo. ¡Han venido a vernos!

—¿De que hablas? ¿hombrecillos verdes del espacio, quizás?

—Marga, ¡ven, corre! deja lo que estés haciendo- Han venido la gente de Desafíos Literarios… Que vienen a entrevistarnos. ¡Joder, Joder! Resulta que ya nos conoce todo el mundo, saben del éxito de nuestra novela “La Cueva del Dragón”,  y  ¡nos quieren entrevistar!

—Pero Deliberio, ¡tú sabes lo que estás diciendo, alma de Dios! Si la gente de Desafiosliterarios.com  solo entrevistan a los mejores. ¿En serio? ¿han venido por nuestro libro?

—Por eso mismo, date prisa, tienes que bajar, o ¿ prefieres que les diga que suban a tu casa?

—¿A mi casa? Imposible, ahora tengo todo por medio. Y Pascual no creo que quiera atenderlos, aunque, vete a saber… Los muertos son así, nunca sabes que te quieren decir hasta que los estudias, en profundidad. Pero mira, ¿sabes que te digo? que voy ahora mismo. Espera que coja las llaves de casa, Y digo yo… ¿ Qué nos preguntarán? ¿Y cuándo se publicará nuestra entrevista? ¡Ay que emoción! Ya veo mi nombre en letras doradas… Oye, ¿y que pinta tienen lo entrevistadores? La gente dice por ahí que son majos, vamos a ver si es verdad.

 

 

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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