0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Nada de lo que escribo es mío, nada me pertenece, solo tengo una voz que no es mía, una voz rota entre sueños y jeroglíficos de bruma, lúcida a veces, recóndita otras, una voz inédita, susurrante, poblada de vértigo, una voz tan inventada, que aunque no la conozca, me resulta familiar, una voz enérgica que me habla desde esta tierra de nadie, desde este espacio indebido en que habito.
Una voz concupiscente, en verdad muchas voces, tantas como cuerpos tuve en mis brazos, una voz que destila el ardor de aquellas pieles donde escribí mis pasiones, una voz que todavía huele sudor, a sexo, a vino, a esa tinta indeleble que brota de mis manos cuando me abruma el deseo.
Una voz lejana, de allí atrás, muy atrás, entre bambalinas, donde solo hallaréis un amanuense, un cronista ingenuo y arrogante que, aferrado a su ego, una vez se atrevió a conjurar a las musas.

Thomas Salomón

 

Comments

  1. Precioso texto poético. Pienso que escribir es un gran acto de generosidad y también de humildad hacia los demás. Nos mostramos, y a la vez, el lector hace suyas nuestras palabras. Me ha gustado mucho. Felicidades.

     

Deja un comentario