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A LA DERIVA
Lo sé estoy perdida, ya no hay vuelta atrás, ya no puedo rebobinar la película, ahora he de seguir. Mirarte a los ojos ha sido como desatar una tormenta, de repente mi cuerpo que yacía sobre un mar en calma, se estremece al saber que se ha desencadenado un temporal. Temporal que provoca que vaya como barco a la deriva, sin rumbo a merced del oleaje de tus ojos, de ese azul profundo que se vuelve más oscuro y más intenso cuando me miras. Las embestidas de tu mirada me llevan hasta ti, hacia tu cuerpo, oigo cantos de sirena que me atrapan, que me alejan de la realidad de un amor prohibido, que me embrujan y que no permiten que vea otra cosa que no sea ese mar turbulento que me envuelve. Cada vez estoy más cerca, pereceré lo sé, sucumbiré y me estrellaré contra tus labios. Unos labios que esperan ansiosos que este barco, que lucha para no dejarse arrastrar por la marea, por esta tormenta que has desatado, lo lleve hacia un destino que sabe que será su perdición. Ya no hay remedio, estoy tan cerca de tu boca, que al rozar tus labios mi barco se quiebra. Su calidez hace que el armazón que lo cubre salte en pedazos y quede a tu merced, a merced de la tibieza y jugosidad de unos labios que lo envisten una y otra vez. Atrapada entre tus brazos que me rodean como si fuera una roca en medio del mar y no me dejan escapar, seducida por el canto de sirena y por la profundidad del inmenso azul en el que me miro, me entrego al destino. Un destino que hará que mueran todos y cada uno de los pasajeros de esta embarcación que ahora zozobra. Perecerán los miedos, los tabúes y estas ganas reprimidas de amarte, de estar entre tus brazos, de sentirte. Como toda muerte, quedará atrás todo aquello que me impedía acercarme a ti, y resucitarán mis ganas, mis ansias por entregarme a un mar que con la furia de la pasión desatada, me llevará consigo a otro mundo, a un lugar al que sólo llegaré dejándome arrastrar. A un mundo donde sólo estamos tú y yo, donde el canto de sirena son tus besos, tus caricias, la ternura de tus labios, el aroma de nuestros cuerpos y la dulzura de sentirnos.

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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