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¿Qué pasaría si un día te da por tirar tu vida por cualquier garganta y decides arriesgar leyendo una nouvelle corta, a caballo entre novela y cuento largo? Hace una semana me vi en tal tesitura. Pasé por delante de la estantería y un libro comenzó a llamarme de la nada. Lo cogí y comencé a leerlo. Era Seda. Un libro de Alessandro Baricco, del cual se ha hecho hasta una película.

Se trata de un libro que ha tenido mucho éxito en España, casi más que en su país, por no quitar el “casi”. ¿Por qué una “novelita” de estas características ha tenido tanto éxito? Aún no he encontrado una buena respuesta y creo que no la hallaré.

Nos sumergimos en la vida de Hervé Joncourt, un hombre que vive en Francia con su mujer al que su jefe manda viajar a Japón a por huevos de gusanos de seda de muy buena calidad. Una vez allí se enamora de los ojos de Hara Kei. Esos ojos lo empujarán a repetir el viaje varias veces. ¿Llegará a rozarlos o a verlos más de cerca?

Como podemos observar, se trata de un elemento muy neoplatónico. Los ojos entran en contacto y las personas se enamoran. No hay nada sexual de por medio.

El autor utiliza una sintaxis muy sencilla que a veces rompe. Es decir, crea nuevas formas de narración, que lo convertirán en uno de los escritores contemporáneos más importantes.

– ¿Cómo es África? – le preguntaban.

– Cansa

Todo el texto está plagado de humor, rupturas con la lógica y, al final, llega el erotismo. Una carta que no es lo que parece. Una carta que tendría que haber sido escrita por unos ojos llamativos. Una carta llena de palabras de amor o, al menos, de ruegos. Una carta que mantiene viva la esperanza hasta que la realidad de su intérprete acaba con ella, y rompe la mirada de todos los lectores dejándonos con la boca abierta.

Yo te he mirado mucho, pero no eras para mí

Preservad esta vida resguardada de mí. Y no dudéis un instante, si fuese útil para vuestra felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora os dice, sin añoranza, adiós.”

Dejen los manguitos en el suelo y tírense a esta novela de cabeza. Merece la pena de principio a fin.

Photo by Queralt jqmj

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Hace poco descubrí la escritura de la manera más casual posible. Me divierto e, incluso, a veces, lloro. Escribo de todo y hace poco se cumplió uno de mis sueños cuando vi muchos de mi poemas en un libro publicado. "Solo iba a Marte y vaya si te amé" es un poco más de mí. El pedacito que faltaba para comprenderme o, quizás, para comprender mejor el mundo.

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