He sido demonio por fuera

y diosa por dentro.

He sido, aunque tú no hayas estado

y eso me gusta.

Te hice presente para darte mi futuro

y me doliste en la clavícula

al sentir el peso del aire espeso de tus pulmones.

Y ahora solo quiero comerte el aire,

que sientas que te falta la respiración

y no encuentres ningún inhalador.

Quiero que muerdas el polvo y me lo eches,

que seas dios conmigo y que estés

aunque yo haya sido.

Que qué sabrá Bécquer de poesía

si no te ha visto susurrar recetas en mi garganta,

que el despertador no tiene ningún sentido

si me despierta diez minutos antes y no puedo rendirte.

Perteneceré a tu pasado más perfecto,

me convertirás en fuiste y en ya no serás.

Y no volveré. Y ya no te querré.

Y ya no seremos. Ni haremos.

Solamente serás.

Y me acordaré de la bonita casualidad

que fuiste conmigo.

De cómo apurabas las últimas caladas

de mi aire en cualquier rincón de Madrid,

entre gente infeliz que finge felicidad

en la calle del miedo.

Me acordaré de ti,

de lo que pudo ser si me hubieses mirado

de otra manera.

Un condicional hipotético, pasado

y frustrado, porque no puede volver a atrás.

Si me llevas al olvido, llévame bien.

No dejes que me pierda ni que divague entre tus cosas

sin rosas con las que adornar

este bonito soplo que me nace.

Sin mi más bonita casualidad.

Hace poco descubrí la escritura de la manera más casual posible. Me divierto e, incluso, a veces, lloro. Escribo de todo y hace poco se cumplió uno de mis sueños cuando vi muchos de mi poemas en un libro publicado. "Solo iba a Marte y vaya si te amé" es un poco más de mí. El pedacito que faltaba para comprenderme o, quizás, para comprender mejor el mundo.

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