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Me he cansado de decirte que podemos ser nitrógeno y oxígeno.

Que nos podemos mezclar como quieras

y dar envidia a los demás.

Quiero que seas todas las estrellas de mi habitación

y convertirme en tu satélite.

Quiero que seamos plantas que luchan por hallarse,

que me muero por besar tus hojas,

por enseñar al sol a acariciarnos

y por lamer tu clorofila todos los días.

Quiero ser la gota fría que te pilla desprevenido en verano

para después lloverte, inundarte,

convertirme de nuevo en nube

y correr hacia otros lugares para ser tu Niño

o convertirme en una flor del desierto de Atacama.

Sé mis proteínas vegetales, sé mi entropía

y, si quieres, hasta mi entalpía.

Haz que el desorden que me causas sea directamente proporcional

al que tiende el universo.

Hazme estrella fugaz, cometa y meteorito

y luego recórreme como los ríos a las montañas

y desembócame en el Tajo.

Sé mi afluente, el único que me proporcione agua.

Sé mi agua. Mi lluvia.

Pasa dos veces por mi corazón y recuérdame.

Sé mi sístole y haz que llegue mi sangre a ti.

Sé mi ley de la Gravedad y atráeme.

Sé mi enzima de restricción y quédate siempre conmigo,

seamos protones para ser siempre positivos.

Seamos las lunas de Júpiter

y esas estrellas que brillan, aunque ya hayan muerto.

Refleja tu luz en mí y hazme brillar siempre.

Sé mi ciencia en un mundo de científicos

y déjame que te recuerde nuestras fórmulas para ser nosotros mismos.

Descúbreme, despéjame y resuélveme.

 

Photo by elojeador

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Hace poco descubrí la escritura de la manera más casual posible. Me divierto e, incluso, a veces, lloro. Escribo de todo y hace poco se cumplió uno de mis sueños cuando vi muchos de mi poemas en un libro publicado. "Solo iba a Marte y vaya si te amé" es un poco más de mí. El pedacito que faltaba para comprenderme o, quizás, para comprender mejor el mundo.

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