Interactuar con los demás implica un flujo constante de influencias de ida y vuelta. El idioma que compartimos los hispanohablantes tampoco permanece ajeno a este enriquecimiento, influjo y transferencia con otras lenguas ya que una de las características que demuestran su vitalidad es precisamente ese nutrirse desde el origen de los tiempos de otros idiomas.

                Los variados elementos culturales que se normalizan entre sociedades y pueblos no son únicamente tradiciones o costumbres sino en muchas ocasiones las palabras designadas para nombras esas realidades. Tradicionalmente se clasifican este fenómeno entre lengua mediante la denominación de “préstamos”, si la palabra que se toma prestada de otra lengua sufre una adaptación fonética a la lengua de destino; y “extranjerismos”, si se mantiene intacta la escritura y fonética del origen de la palabra.

                Ejemplos tanto de uno como de otro fenómeno hay muchos y muy variados. El castellano toma palabras que proceden del inglés, francés, italiano, árabe, etc. En muchas ocasiones está servida la polémica que se produce siempre entre puristas de la lengua y los que entienden que realmente batallar contra la utilización de algunos préstamos y extranjerismos a favor de la equivalencia castellana supone intentar poner puertas al campo. Realmente la lengua la construyen los hablantes y ellos son los que con el uso y, muchas veces, el abuso de ciertos vocablos instaura o echa al olvido la manera de designar las realidades.

                Evidentemente un artista podría sin problemas pedirle a su REPRESENTANTE que se encargara de comprarle un AEROSOL de purpurina para brillar si cabe con más ELEGANCIA en la sesión fotográfica de los CARTELES de su próximo concierto pero nadie se rasga las vestiduras si realmente es su MANAGER el que adquiere un SPRAY para que no se pierda el GLAMOUR de su representado en los POSTER (vamos a pasar por alto el hecho de que la palabra AEROSOL referida a la purpurina suena un pelín a insecticida porque esto es más una apreciación personal).

                En Canarias el contagio y enriquecimiento lingüístico es capaz de provocarnos una sonrisa cuando investigamos un poquito en el origen de algunos préstamos, que no extranjerismos, que han sido modificados fonéticamente por los hablantes hasta límites insospechado. La variedad de tipos de papas en las islas es enorme, pero a efectos del fenómeno que nos ocupa en esta columna llaman la atención poderosamente dos de ellas: las llamadas CHINEGUAS, cuya simiente proviene de una variedad inglesa denominada KING EDWARD; y por otro lado nos encontramos con las AUTODATES que son las papas tardías cosechadas en último lugar y derivan de la expresión OUT OF DATE. Sí, es natural reírse abiertamente sobre todo con la carambola en la pronunciación de la primera, ya que la segunda casi respeta el origen. La insularidad provoca que el parque automovilístico de las islas tenga quizá más antigüedad que el del resto de España, por eso no es raro que se use habitualmente la palabra FOTINGO para referirse a un coche ya viejo y algo destartalado (sí queridos lectores, en Canarias aún podemos encontrar por las carreteras algún que otro escarabajo, cuatro latas, mini, Seat127, etc). Pues bien, ese préstamo del inglés se pierde en el origen de los tiempos de un viejo anuncio publicitario de la marca Ford que decía: “foot-ing-go” (algo así como “pisa, arranca, vamos”).

                Fantásticos los extranjerismoS, los préstamos, las influencias, los neologismos y todo aquello que tiene siempre la función, en mi opinión, de enriquecer el idioma.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
Mercedes E.M.

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