Enciendes la tele y escuchas día tras día en las noticias: “el presidente del gobierno se ha reunido con su homólogo francés bla bla bla bla” (reunirse lo hacen estupendamente sí…). Evidentemente, por ese saber maravilloso e intrínseco que nos da a veces el contexto, tienes la intuición de que su “homólogo” es el otro “presi” igual que él, pero de otro país. El diccionario dice que “homólogo” significa “que realiza una función o un trabajo similar o equivalente en una empresa, institución o país diferente”.
En una de esas apasionantes piruetas del idioma encontramos sustantivos que aún realizando la misma función dentro de una oración cambian totalmente su esencia en función de su género. Esa “magia” la hace el artículo femenino o masculino que le pongamos delante. Las polisémicas son palabras con varios significados pero que siempre mantienen alguna similitud entre ellos porque tiene un único origen. Sin embargo, las homónimas a pesar de ser idénticas en la forma son palabras diferentes con orígenes diferentes, de ahí que sus significados no tengan nada que ver.
Igual es que mi pasión por la Lengua y la Literatura me ha llevado a convertirme en una “friqui” del idioma (con todo lo positivo que tiene ser una friqui: miradas de extrañeza tipo “necesitas que te dé más el aire”, interrogantes en el aire al estilo “¿y eso es apasionante?”, etc, etc). El caso es que a mí me parece maravilloso el hecho de que el cambio de género implique que las palabras se den la vuelta en el significado como un calcetín. Confirma la evidente teoría de que masculino y femenino no son iguales ni en la forma ni en el fondo (no entremos en cuestiones de defensa de igualdad femenina o masculina que no van por ahí los tiros).
Todo sabemos que cuando escribimos es de suma importancia LA COMA si no queremos que las líneas pierdan ese sentido rítmico en la entonación que ayuda al significado. Pero, ¡ay amigo! cuando tras un accidente de tráfico, por ejemplo, se hace una pausa mayor y se produce EL COMA, el asunto es más grave. Ese coma masculino a veces significa, más que una pausa, un punto y final.
LA CÓLERA divina que dice la Biblia que se desató en su momento y convirtió todo en un pantano poco tiene que ver con EL CÓLERA, enfermedad tremenda y virulenta. Pero, quién sabe… quizá el Todopoderoso la veía venir y quiso también barrerla sin mucho éxito porque en cuestión de enfermedades rara vez funciona lo del “borrón y cuenta nueva”.
Se te estropea el teléfono y tu compañía te envía UN TERMINAL nuevo (no te engañes, nunca es gratis…) y para ello obviamente no es imprescindible que vivas en UNA TERMINAL donde es cierto que hay muchos teléfonos pero sobre todo hay aviones con retraso, montañas de maletas huérfanas e interminables esperas.
¿Sumamos y seguimos? Hay muchas más: el pez/la pez, el margen/la margen, el editorial/la editorial, el cura/la cura (el masculino aquí se supone que alivia un poco el espíritu maltrecho…), el frente/la frente (remota similitud hay, ya que el frente de la batalla va por delante, o sea, al comienzo), la pendiente/el pendiente (mi imaginación poética no puede dejar de encontrar hermosa esa analogía entre el movimiento de caída del zarcillo y la inclinación del terreno), el parte/la parte, el corte/la corte, etc.
Dedico un punto y aparte a una de mis parejas preferidas: EL COMETA/LA COMETA. Sería maravilloso que cuando le cortamos el hilo a la cometa y se eleva por los aires (cuál Remedios La Bella) pasara cada cierto tiempo por nuestro cielo a saludarnos. Menos me gusta la idea de sujetar con un hilo al Halley. Él ya tiene sus propias visitas pactadas y con suerte al menos una vez en la vida asoma su cabellera por nuestro cielo.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
Mercedes E.M.

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