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Sí, por el título se puede deducir que vuelvo al tema con el que hace ya un tiempo inauguré esta gramatical columna. No hace tanto en realidad pero entre aquella primera y esta han llovido algunas tildes bailarinas y algún sueco trastornado por el español. Se trata de los homófonos, que suenan parecido pero no significan lo mismo

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Esta vez, sin embargo, voy a darle una vueltita de tuerca al asunto centrándome en aquellas parejas de homófonos que se pronuncian exactamente igual aquí, al lado de África, en el Atlántico. Sí, sí, ya sé… hay muchas parejas de homófonos que suenan exactamente igual las pronuncies donde las pronuncies. Por ejemplo, el maltrecho dúo formado por “¡hala!/ala” (la primera es expresión de asombro producida por una exageración y la segunda, entre otros usos, es apéndice utilizada para volar por aves y aviones).
Yo me refiero a esas otras parejas que sí se pronuncian diferentes aunque parecidas de Gibraltar para arriba y que en el habla canaria no se distinguen si no es por el contexto.
Cuando un canario dice: “me voy de casa/caza” es muy importante para interpretar correctamente sus palabras fijarse en la indumentaria y objetos que porta. Si va armado de escopeta y perdigones no significa que se haya independizado y abandone el hogar paterno (cosa, por otro lado, bastante poco frecuente en este país seas de donde seas).
Cuando un canario dice: “voy a cerrar/serrar la puerta” debemos interpretar que su intención es cortarle un trozo por la sierra que lleva en una de sus manos. Serrar una puerta con la misma cerrada se me antoja un tanto complicado.
Cuando un canario dice: “voy a hacer sumo/zumo” y va vestido hay que pensar que se propone extraer la bebida de una fruta. No es que un luchador de sumo no pueda dedicarse a dicha ocupación pero quedaría un poco extraño que lo hiciera con las nalgas al aire.
Si un canario dijera: “en un momento me pongo a cocer/coser lo que me dijiste”, no dudaremos de que se refiere a utilizar el hilo y la aguja lleve lo que lleve en la mano en ese momento. En Canarias no se cuece nada, todo se guisa (las patitas, el pescadito, la verdurita…).
Sabio idioma el nuestro en el que aún economizando en fonética en algunas regiones no falta de nada ni sobra de nada. Hay algunas parejas más de este tipo cuyas diferencias sin duda tienen la misma función que las famosas pastillas de caldo del anuncio: enriquecen, siempre enriquecen. Una palmadita en la espalda a esos niños isleños que aún escuchando a su profe dictarles “vah hasia el sentro de la plasa y te quitah los sapatoh” son capaces de escribir cada “se” y cada “seta” en su lugar (jeje).

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
Mercedes E.M.

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