Cuando se pronuncia se le llena a una la boca. Suena contundente, plena, saciante… “Pues a mí me suena a enfermedad o síndrome de algo” me dijo una vez una amiga y razón no le faltaba. “Pleonasmo”, así se llama la sonora palabra que con toda su grandiosidad no viene siendo otra cosa que un mecanismo mediante el cual acompañamos a una palabra con otra que ninguna falta le hace porque ya la contiene en su esencia.
La literatura hace uso y, en ocasiones, abuso de este recurso. ¿Cuántas veces no se “ha cernido” sobre las líneas de alguna novela “la oscura noche”? La noche en sí misma es oscura pero añadirle ese adjetivo, que se nos antoja obvio, le da una nueva identidad porque “la noche” sin más, simplemente sucede mientras que “la noche oscura” parece promesa de acontecimientos inesperados. De más está decir que esto es simplemente una apreciación personal de lectora sentidora (¿podría ser esto también un pleonasmo? ¿hay otra manera de leer que no sea sintiendo?).
El pleonasmo extiende su campo de acción más allá de la literatura al habla común, es decir, al lenguaje de diario. Lo que sucede entonces de extraordinario es que es inconsciente y natural, cosa que no sucede siempre en el lenguaje literario. Cuando jugábamos de pequeños en la calle y tu madre asomada a una ventana pregonaba “¡entra para dentro!” todos teníamos esa sensación de que se nos acababan los plazos y que aunque no hubiera otra forma de entrar que “para dentro”, añadir lo obvio le daba una contundencia que no tenía el simple “¡entra!”. La lista de expresiones en las que aparece este recurso es numerosa: volar por los aires, cita previa, planes de futuro, cállate la boca, accidente fortuito, etc.
Para mí, como ya he dicho en alguna ocasión, es evidente que en un idioma nada sobra ni nada falta. Podríamos pensar claramente en la redundancia como algo de lo que podríamos prescindir pero perderíamos matices y esa intensidad a veces tan necesaria para transmitir algo sin explicitar esa intención. Los “planes de futuro” nos abren un amplio universo temporal porque al fin y al cabo el futuro es un “lapso de tiempo” ilimitado. Hacer simplemente “planes” los podríamos hacer sin pasar del fin de semana. Mi plan inmediato de un futuro muy cercano será escribir en esta misma columna sobre otro recurso igual de interesante y sorprendente que el pleonasmo. Realmente ya he empezado a utilizarlo en el título del artículo de hoy (¿ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio?…).

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
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