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Esta columna pretende ser un “salvavidas” para ciertas dudas o cuestiones gramaticales (en cualquier vertiente de la misma) que a veces nos pueden asaltar. Evidentemente habrá algunas que nos puedan parecer obvias y otras no tanto, pero el objetivo es que sirvan de ayuda o simplemente puedan ser consultadas como un “minimanual” que tengamos a mano en esta maravillosa página de gente que ama las palabras.
Me gustaría empezar esta primera entrega con esas palabritas adorables que a veces se pueden convertir en dudas que se instalen en nuestra pluma y nos frenen la escritura: los homófonos. ¡qué feo suena! ¿verdad?… sin miedo a la palabreja, no son otra cosa que palabras y locuciones que suenan igual, pero se escriben diferente, se utilizan en diferentes construcciones y significan cosas diferentes. Vamos, que lo único que tienen en común es que suenan igual. La de trastornos que puede llegar a producir esa única semejanza. Sobra decir, que en la inauguración de esta sección dentro de la columna no incluiré absolutamente todos los homófonos que existen, ni me meteré en análisis morfológico ni nada por el estilo. Simplemente los explicaré brevemente y pondré un ejemplo de su uso. A por ellos que son ¿pocos? y cobardes:
– Haber / a ver: incluyen ambas dos verbos sí, pero el segundo tiene que ver con la vista y el primero no.

“Gemma tiene que haber escrito la siguiente entrega. Voy a ver si está.”

– ¡Ay! / hay / ahí: la primera, exclamación de sentimientos varios (incluídos pisotones y olvidos…), la segunda verbo “haber” y la tercera indica lugar (a la que normalmente ayudamos señalando con el dedo)

“¡Ay!, qué ilusión me hace este proyecto. Hay que decírselo a todo el mundo. Ahí está la clave de que la máquina funcione.”

– ¡Ah! / ha / a: vuelta con las exclamaciones en la primera, tan espontáneas ellas. La segunda nuestro omnipresente verbo “haber” y la tercera esa preposición que parece tan poquita cosa pero que sirve de unión para todo.

“¡Ah! ya me acordé de lo que me ha pedido Enrique que le cuente a Acacia”

¿Apasionante verdad? Pues en la próxima entrega más y mejor. Tenemos un idioma de lo más variado y hay que explorarlo porque la forma también importa. Ya saben lo que dice el dicho: “la curiosidad no mató al gato, lo hizo más sabio”.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
Mercedes E.M.

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