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¿Recuerdan a nuestro pobre estudiante sueco de español? Pues a pesar del quebradero de cabeza que le supuso el baile temporal del presente que lo parecía pero no lo era, él no se ha rendido. Ahí sigue inaccesible al desaliento aprendiendo nuestro idioma, o más bien, tratando de no morir en el intento.

Una vez medio superado el primer escollo, se ha lanzado, cual kamikaze,  a por el resto de los tiempos verbales. Más bien ha emprendido la ardua tarea de comprender sus valores porque a estas alturas ya se ha dado cuenta de que haberse aprendido de memoria la conjugación verbal de cualquier tiempo le ha servido básicamente para eso, para ejercitar la memoria. Una cosa es saberte los ingredientes de un potaje y otra bien distinta cocinarlos y combinarlos para que al final resulte un potaje.

Descubrió nuestro estudiante así que si necesitaba un favor podía pedirlo directamente utilizando el presente: “¿me haces un favor?”,  o con el imperfecto que también le vale para la cortesía: “Quería pedirle un favor”. Y resulta que no es que lo quisiera en el pasado sino que el favor le hace falta ahora. “¿Entenderá este hombre que lo necesito ahora o pensará que le estoy expresando un deseo de hace una semana?”.  Preguntas tan vitales para su comunicación como hispanohablante flotaban en su nórdica cabeza.

Pobre ingenuo. El profesor lo mira, como siempre, con lástima. Le pone una mano en el hombro creyendo que así superará el trance ya que ha decidido no salir corriendo rumbo a Suecia y le suelta:

– Bien, vamos a ver hoy el IMPERFECTO FUTURO EN EL PASADO

¡Oh Dios! Tiene que estar bromeando. Si no fuera porque su sentido común le dice que es imposible, juraría que aquel hombre que lo mira con compasión se va inventando los valores temporales según se los va explicando. ¿Futuro en el pasado? ¿En serio? ¿A qué endemoniada mente gramatical se le podía ocurrir tal despropósito?

Él espera ansioso el ejemplo que sabe que vendrá a continuación porque siempre espera, ingenuo, que los ejemplos sean como esa luz que inunda una habitación cuando se abre por la mañana.

– Como ejemplo de este valor del imperfecto tenemos la oración: “El partido, ¿no era mañana?

Bueno al menos tiene claro que el partido ya pasó, ¿no? Pues no, su profesor le explica que esa oración se puede emplear cuando el partido ya ha pasado o cuando se cambia de fecha y se atrasa a cualquier otro día del previsto. Ah vale, entonces lo que sí está claro es que si “era mañana”, mañana ya no es, ya no se va a celebrar. Pero puede haberse jugado ya, o sea, que ya ha sido. “Mañana ya no va a ser seguro, eso sí te lo puedo confirmar”, le dice su profe brevemente porque ha llegado a la conclusión de que la luz al final del túnel aún es solo una posibilidad para el único de sus alumnos extranjeros que aún resiste y no ha salido corriendo a comprar un billete rumbo a Suecia.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
Mercedes E.M.

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